Algunos mitos sobre el Ahogamiento.

Mario Vittone, experto en rescate acuático, escribió en 2006 un artículo: “El que se ahoga no parece ahogarse” en su blog personal que se ha convertido en uno de los artículos sobre ahogamiento más leídos y reproducidos en innumerables medios, páginas y blogs. Hace poco se volvió a publicar en Soundings, lo mencionó el Washington Post y en apenas una semana superó 700.000 menciones en Facebook.

Hace unos días publicó una interesante reflexión que, por su interés, hemos traducido y adaptado. 

Mario Vittone

Es como si un grupo completamente nuevo de personas aprendiera algo que no sabían. Se había reventado un mito (y uno peligroso, además) y tenían que contárselo a sus amigos. En las respuestas a la publicación El que se ahoga no parece ahogarse, mezcladas con “pues no lo sabía” o “hay que leerlo“, había otras dos ideas erróneas acerca del ahogamiento que todos deberíamos saber, así que si no has leído el artículo anterior, te recomiendo que lo hagas primero y luego vuelvas aquí para aprender otras dos cosas importantes.

Mito 1: El “Ahogamiento Seco” (Dry Drowning): Respuesta: NO EXISTE

Casi todas las semanas y más cuando se aproxima el verano, recibo un mensaje, un correo electrónico o un comentario en una publicación donde que me piden que analice el “Ahogamiento Seco” (“Dry Drowning” en inglés). Este mensaje se propaga en las redes sociales, principalmente porque es -comprensiblemente- aterrador para los padres. La idea de que su hijo pueda ir a nadar, tragar o ahogarse con un poco de agua, y luego ir a su casa y morirse mientras duerme es aterrador. Pero no es cierto.

Una muerte por las posibles complicaciones de un incidente acuático no ocurre de esa manera. Y cuando sucede es extremadamente rara, presenta síntomas persistentes durante horas, antes de que el peligro sea real, y no es en realidad un ahogamiento. “Ahogamiento seco” y “ahogamiento secundariono son términos médicos y no son peligros reales sobre los que merezca la pena preocuparse. El líquido en los pulmones es algo malo, puede causar neumonitis, una inflamación no infecciosa del tejido pulmonar, provocada por los efectos irritantes de algo extraño en los pulmones, pero esto puede ocurrir al aspirar agua sucia mientras nadamos (cuando damos un “tragón” siempre hay una pequeña aspiración de líquido) o si te atragantas con la leche del desayuno porque te estás riendo, por ejemplo, (¿esto sería un “ahogamiento de leche“?. Absurdo, ¿no?).

Qué hay que buscar?. Si su hijo, o cualquier otra persona, sale del agua y tiene cualquier síntoma más allá de lo que se puede experimentar después de que algo “vaya por el camino equivocado” (tos momentánea y alguna molestia leve que desaparece a los pocos minutos), entonces debe estar alerta. Si hay una tos fuerte y persistente que no se detiene después de unos minutos, debe revisarlo un médico. Normalmente, estos pacientes se dejan en observación de cuatro a seis horas por precaución y son enviados a casa sin más problemas. Si tu hijo o cualquier otro tose durante unos minutos después de salir de la piscina y luego se comporta de manera normal y al rato te pide la merienda, significa que está bien. No tienes que llamar al 112, ni preocuparte por nada más.

Si quieres aprender más sobre este tema, te recomiendo que leas éste artículo científico.

Mito 2: Si alguien se ahoga: Háblale, Avisa, Alcanza, Tira, Rema, No intentes un Rescate a menos que estés entrenado. Respuesta: Quizás sí, o quizás no.

“Una persona que se está ahogando se subirá encima de ti para respirar y te ahogará si te acercas a ella“, afirma alguien cada vez que se plantea la cuestión del rescate de una persona que se está ahogando. Podría ser algo así, pero en realidad no lo es.

Una persona no entrenada que realiza un rescate puede fallecer en el intento, pero aunque no estoy descartando ese peligro, es absurdo tratar a todos los que no son Socorristas como alguien que morirá en el intento de rescatar a un niño de 4 años. Todas las personas con problemas en el agua o que luchan por no ahogarse, están buscando lo mismo: mantener sus vías aéreas (boca y nariz) sobre el agua sin esfuerzo; quieren estar de pie en el fondo o apoyados por algún tipo de flotación para poder respirar. Una vez que tienen ese apoyo, ya no representan ningún peligro si pueden mantenerse de esa manera. Lo que los Socorristas están capacitados y entrenados para hacer es entrar al agua y ayudar a las víctimas que se ahogan para que puedan respirar fácilmente y han de ser lo suficientemente fuertes físicamente como para hacer el rescate y llevarles a un lugar seguro.

Alcanzar con la mano o mediante un palo u otro objeto alargado a alguien que se está ahogando desde una posición segura es mejor que tirarle algo flotante para que se agarre. Y arrojarle algo flotante para que se agarre es mejor que emplear tiempo remando en una embarcación para alcanzarle y hacerlo. Pero aquí está la dura verdad: si alcanzar, arrojar o remar no es una opción y alguien no va a buscarlo, se ahogará. Si se llama al 112 y no se hace nada más, lo que estamos haciendo en realidad es pedir que recuperen un cadáver. Y dado que la mayoría de nosotros no podremos estar parados viendo esta situación sin hacer nada, la manera en que se puede “ir” de manera segura, aunque no estés entrenado, es llevando consigo un elemento flotante y proporcionar flotación a la víctima para que pueda respirar, y a ti mismo para manteneros a flote.

He visto a una persona en una piscina pública saltar a la parte más profunda con el cojín de una tumbona y salvar a una víctima. (el cojín tenía aproximadamente 40Lb de flotación, un chaleco salvavidas estándar tiene 17Lb), y mantuvo a ambos a flote hasta que llegó el Socorrista (que estaba con el móvil y no vio nada). En una playa de Florida, una madre salvó a su hijo nadando con una botella grande y poniéndola entre ambos a modo de flotador mientras se impulsaban con los pies hasta la orilla.

Si no hay nadie más cerca y no eres Socorrista, pero tienes un chaleco salvavidas, puedes agarrar al otro con suficiente flotación para que tanto tu como la víctima podáis respirar y así detener el proceso de ahogamiento. Siempre que seas un buen nadador y estés en buena forma, puedes ir a ayudar teniendo conciencia del riesgo que corres. Y no te olvides de que tu u otra persona debe alertar inmediatamente al 112 o a los servicios de Socorrismo, para que ambos podáis recibir ayuda para salir del agua.

Hay demasiados “qué pasaría si...” para decir cómo hay que manejar cada posible escenario de ahogamiento, pero no debemos sentirnos completamente indefensos simplemente porque no seamos un profesional del rescate. Por supuesto, existe un importante riesgo en el hecho de intentar un rescate (lo hay para el Socorrista, así que todavía más para el no entrenado), y lo primero debe ser siempre la propia vida, pero permanecer de pie en la playa, en el bote o en el borde de la piscina durante un ahogamiento y esperar que alguien llegue a tiempo no es una estrategia.

Versión española y adaptación por Luis Miguel Pascual del artículo original de Mario Vittone en Soundings

Cursos de Socorrismo Año 2018

 

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Cursos Abiertos.

Ya está abierto el plazo de Pre-inscripción para los Cursos de Socorrismo, con los que obtendrás la certificación que te permitirá trabajar como “Socorrista en Piscinas e Instalaciones Acuáticas”.

Para más información y descarga de impresos de matrícula consulta: Información y Documentos

CURSOS CON PRE-INSCRIPCION ABIERTA:

– SEGOVIA:  Mayo/Junio 2018 – abierta Pre-inscripción hasta 27/05

Fecha de inicio: 1 de Juniol 2018-  duración 6/7 fines de semana

Lugar:
– Clases teóricas en Aula: Centro Cívico de San José.
– Prácticas en la Piscina de La Granja de San Ildefonso.
Importe: 395,00 €

Horario provisional (se confirmará):
– Viernes tarde de 17h a 20h
– Sábados: Mañana 9h a 14h y tarde de 16h a 20h
– Domingo: Mañana de 10h a 14h. Tardes de 17h a 19h

Puedes consultar los horarios de transporte público Segovia-La Granja en éste enlace.

PRE-INSCRIPCIÓN Y RESERVA DE PLAZA (hasta el 27 de Mayo)

Los interesados pueden efectuar Pre-inscripción a través del FORMULARIO DE MATRÍCULA (al pie de esta entrada) hasta la fecha indicada o enviando rellena la Hoja de Matrícula al correo electrónico: secretaria@sossegovia.com .

Todas las Pre-inscripciones se confirmarán por correo electrónico.

Desde el día 28 de Mayo puedes realizar la MATRICULA DEFINITIVA, realizando el pago de la inscripción, confirmaremos la fecha de inicio y horario a partir de ese día.

– CANTALEJO:  Mayo 2018 – abierta Pre-inscripción 

Fecha de inicio: Mes de Mayo 2018, o en cuanto se complete grupo mínimo (15 Personas) duración 6-7 fines de semana

Lugar:
– Clases teóricas en Aula: Aula del Pabellón Pedro Delgado de Segovia.
– Prácticas en la Piscina de Cantalejo.
– Importe: 395,00 €, más adquisición de un abono de piscina. 

MATRICULA DEFINITIVA

A todos los interesados que hayan efectuado Pre-inscripción, se les comunicará oportunamente el horario y fechas definitivas del Curso. Una vez confirmada la realización del Curso y el horario definitivo, deberán hacer la Matrícula Definitiva en las fechas que se informarán, realizando el pago de la Cuota de Matrícula y presentando la documentación que abajo se relaciona.

Recogida de Pre-Inscripciones y Entrega de Documentación de Matrícula: A través del correo electrínico: secretaria@sossegovia.com o personalmente en el Área de Deportes de la Diputación Provincial de Segovia, C/ La Plata, 32 – Segovia. Tel. 921.42.87.78 ( de 8.30 a 14.30 horas).

Importe: 395,00 €, más abono piscina.

Forma de Pago: Ingreso en Bankia Cta: ES88 2038.7597.59.6000322560 a realizar antes del inicio del curso.

Información general de los cursos (requisitos, etc)

Requisitos de Edad:

– Preferencia a mayores de 18 años. Si no se cubre el número máximo de 25 plazas, se admitirán alumnos con 16 años cumplidos antes del inicio del curso, siempre que acrediten los requisitos académicos y aporten autorización paterna por escrito para la realización del curso.

Requisitos Académicos:

– Haber superado la Enseñanza Secundaria Obligatoria (E.S.O.), titulación académica equivalente o superior, antes de la fecha de finalización del curso, con justificación documental.

DOCUMENTACIÓN EN PAPEL a aportar para la Matrícula definitiva, a partir de las fechas indicadas para cada curso:

Hoja de matrícula correctamente cumplimentada y firmada.

– 2 Fotocopias del D.N.I. por ambas caras.

– 2 Fotocopias de la titulación académica.

– 1 fotografía tamaño carnet, con el nombre en el dorso.

– Copia del resguardo bancario con el ingreso.

– Documento de aceptación de las Normas del Curso que incluye la Declaración Jurada de estado de Salud (Para más información y descarga de impresos de matrícula consulta: Información y Documentos. o recoger a la entrega de la documentación, y entregar antes del comienzo de las clases prácticas).

– Autorización paterna para los menores de 18 años (con la entrega de la Documentación o al inicio del Curso, y entregar antes del comienzo del curso).

Lugar para realizar el pago de la matrícula:

Mediante ingreso o transferencia en el plazo indicado, en cualquier oficina de Bankia citando siempre el nombre del alumno. (Si el curso no se llevase a cabo se devolverá el importe de la matrícula)

IBAN: ES88.2038.7597.59.6000322560

Asistencia:

Se ha de asistir obligatoriamente al 90% de las horas totales del curso y a su vez al 90% de las horas lectivas de cada asignatura. Determinadas clases teóricas y/o prácticas son de asistencia obligatoria, por lo que rogamos que antes de inscribirse en el curso comprueben la disponibilidad para cumplir los requisitos de asistencia.

Además, tramitamos gratuitamente la homologación en la Comunidad de Madrid, dónde la administración autonómica tiene establecido un sistema de registro obligatorio para el ejercicio profesional del Socorrismo.

INFORMACION IMPORTANTE:

La certificación de la formación en Socorrismo Profesional impartida por la Escuela Segoviana de Socorrismo es “formación no reglada y con carácter no oficial”, al igual que el resto de las acciones de formación en Socorrismo no adscritas a formación de carácter no académica que imparten empresas, entidades privadas o las federaciones deportivas de socorrismo.

Todas las certificaciones de “formación no reglada” tienen la misma validez en el ámbito laboral, no habiendo ninguna certificación que tenga “una mayor validez ni oficialidad”, aparte del prestigio o consideración que cada entidad pueda tener en el mercado laboral.

Esta certificación cumple los requisitos para ejercer profesionalmente como Socorrista Acuático en Piscinas e Instalaciones Acuáticas en Castilla y León y con esta formación, los Socorristas pueden acceder a los trámites de homologación e inscripción en el registro profesional de Socorristas de la Comunidad de Madrid. Es válida para trabajar en las comunidades autónomas en las que se admite la formación no reglada para el ejercicio profesional del Socorrismo y es computable en aquellas comunidades con procesos de acreditación propios (Galicia, Cataluña, etc.), así como para los procesos de obtención del Certificado de Profesionalidad en Socorrismo Acuático .

 

FORMULARIO DE PRE-MATRICULA PARA CURSOS DE SOCORRISMO 

¿Por que enseñamos Socorrismo a las mujeres de África?

Nile Swimmers (Los nadadores del Nilo) es una organización británica que trabaja con programas de formación en países de ingresos bajos y medios, desarrollando las habilidades básicas necesarias para construir una estrategia sostenible de prevención de ahogamiento a largo plazo, enseñando a las personas a mantener a sus comunidades seguras en torno al agua. 

El agua en África es una bendición y al tiempo un recurso escaso. Sus habitantes tienen contacto con el agua a diario, sea en un pozo en el desierto sahariano o lavando la ropa o bañándose en las cuencas de grandes ríos, como el Nilo, que suponen la cosecha o la desgracia; la prosperidad o la miseria. Y también la muerte. A pesar de la fama de buenos nadadores que siempre han tenido los africanos, el ahogamiento es una epidemia real, de la que mueren más personas que de malaria, por ejemplo. Y muchos son niños.  

El trabajo que hace Nile Swimmers es enorme, formando a personas y comunidades para lograr que su relación con el agua sea más segura. Y a veces las estrategias chocan con prejuicios y barreras culturales, sociales y religiosas difíciles de sortear. 

Becky Sindall, la primera mujer instructora de Nile Swimmers ha escrito una entrada en su blog dónde explica de manera meridianamente clara una de las tácticas que utilizan para cambiar esta situación y conseguir resultados mucho más profundos y duraderos: enseñando a las mujeres.

No hemos podido resistirnos a traducir esta entrada:

Poco antes de regresar de mi último viaje a Sudán me preguntaron: “¿Por qué se le enseña a las mujeres a estos cursos? Hay muchas mujeres en Sudán y son un gran problema. Todas quieren ir a cursos de formación y luego cuando han terminado, se casan y tienen hijos. Nunca harán nada con las cosas que les enseñamos “.
Esta pregunta me irritó. Es cierto que todas las mujeres que he conocido están interesados en mejorar sus vidas y que la educación se ve invariablemente como el camino a una vida mejor. Es cierto que la gran mayoría de estas mujeres se casan y tienen hijos. Pero no he visto ninguna evidencia de que no hacen nada con lo que han aprendido.
Hillary Clinton dijo en en una conferencia en 2011: “Todos los estudios demuestran que cuando una mujer recibe tan sólo un año de escolarización, sus hijos tiene menos probabilidad de sufrir enfermedades o hambre, y más oportunidades de ir a la escuela. Ya conocen el proverbio: Si enseñas a pescar a un hombre, comerá toda la vida. Pero si enseñas a una mujer a pescar, alimentará a todo el pueblo”.

Y por lo que he visto, esta frase está mucho más cercana a la realidad.
De los ocho participantes del Programa de Supervivencia Acuática seleccionados para convertirse en Maestros Instructores, seis son mujeres. Y uno de los criterios de selección fue la excelencia en transmitir los mensajes de seguridad acuática básica a sus comunidades.
Al menos la mitad de las mujeres que asistieron a los cursos de Mujeres Socorristas habían asistido a la universidad para convertirse en maestras y trabajaban como monitoras de natación. Ya estaban transmitiendo las habilidades vitales a otros. Todas querían llegar a ser Socorristas para conseguir que más mujeres tengan piscinas más seguras, aprendiendo lo que ellas consideran como una habilidad vital y que muchas mujeres sudanesas no poseen.
Los informes internacionales de desarrollo demuestran que la manera de mejorar la vida de los niños es mediante la mejora de la educación y la vida de sus madres. Las mujeres reinvierten esa mejora en una gran medida en sus familias y en sus comunidades. Por otra parte, en una sociedad marcada por la segregación basada en el género, los mensajes sobre la seguridad del agua y la prevención del ahogamiento nunca llegarán a todo el mundo si la mitad de la población está excluida de las lecciones que enseñamos, sólo por ser mujeres.
Sudán está cambiando y hemos visto una y otra vez que esos cambios están siendo impulsados por mujeres fuertes y decididas que han recibido las herramientas para marcar la diferencia entre los que les rodean.

Esto es por lo que enseñamos a las mujeres.

I Congreso Internacional de Seguridad y Turismo Sostenible – VIII Jornadas de Socorrismo – Galicia

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(Enlace al programa definitivo del Congreso)

(Enlace al boletín de inscripción)

El “I Congreso Internacional de Seguridad y Turismo Sostenible. VIII Jornadas de Socorrismo basado en la evidencia científica” ya tiene el programa definitivo, con la tabla de horarios. Organizado por GIAAS, REMOSS y ADEAC, presenta novedades muy interesantes y atractivas con 19 ponencias con autores procedentes de 7 países y 9 talleres, 3 en piscina, 3 en mar y 3 en aula y demostración de material y equipos de emergencia. Además hay un total de 24 trabajos de participación libre, 12 comunicaciones y 12 pósters, que tendrán su exposición en lugares con fácil acceso.

En esta ocasión hay casi cincuenta entidades públicas y privadas las que respaldan con su apoyo y colaboración la celebración de este Congreso, en el que su Comité Científico está formado por 37 doctores de 19 universidades diferentes de varios países.

Recordar que esta actividad comenzó en Galicia  y que la Escuela Segoviana de Socorrismo ha estado presente presentando ponencias, comunicaciones y talleres en todas sus ediciones desde su inicio, allá por 1999. En esta ocasión la Escuela presenta el programa de la Campaña de Prevención del Ahogamiento Infantil “En el Agua Cuenta Conmigo” y el primero de la serie de cuentos infantiles “Alex va a la piscina”  que forman parte del material educativo de esta campaña dirigida a las familias.

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Por vez primera, los inscritos en el Congreso van a recibir de de forma gratuita la licencia de la aplicación para teléfonos móviles: “RCP Coach”. También podrán beneficiarse de unas interesantes ofertas de empresas colaboradoras que aportan  materiales con grandes descuentos y unas cuotas de inscripción muy asequibles, más baratas que en ediciones anteriores, que buscan facilitar la participación de todos los interesados.

Señalar que los Socorristas formados por la Escuela Segoviana de Socorrismo y AETSAS cuentan con la inscripción reducida para profesionales del Socorrismo.

Esperamos encontrarnos en A Coruña.

Perder la vida intentando un rescate por amor. Would-be rescuers losing their lives

Imagen de http://www.mlive.com/news/grand-rapids/index.ssf/2009/08/swimmers_warned_to_stay_out_of.html

Fuente: http://www.stuff.co.nz/national/9574440/Would-be-rescuers-losing-their-lives
Traducción de Luis Miguel Pascual.

CALEB STARRENBURG, SEAN WILLIS/Fairfax NZ

Era el final de la tarde del 4 de Enero de 2009 cuando Sonny Fai, defensa de los New Zealand Warriors, se ahogó en la playa de Bethells mientras intentaba salvar a su hermano de 13 años. Su hermano consiguió llegar a la orilla, pero el cuerpo de Fai nunca se encontró. Tres años después, Peter Apappa, de 54 años, se ahogó mientras rescataba a su hijo y su sobrino, que se encontraban en peligro mientras recogían moluscos en la playa Te Puna de Tauranga. Los dos niños, ayudados por Apappa, llegaron ilesos a la playa.

El pasado 4 de Noviembre, durante la celebración de una boda en la playa de Iwitea y ante toda la familia, Sage Smith de 22 años y su sobrino Kustom Blandford de 7, murieron ahogados en un intento desesperado de salvar la vida de Ocean, la hermana de Kustom, quien sí sobrevivió.

En Nueva Zelanda, se están perdiendo vidas con una trágica frecuencia, al intentar rescatar a un ahogado, con frecuencia un familiar o un allegado. Entre 1980 y 2012, un total de 81 personas se ahogaron al intentar un rescate. El fenómeno está tan extendido que se conoce como Sindrome AVIR, (por las iniciales del inglés: “Aquatic Victim Instead of Rescuer”; Víctima Acuática en Lugar del Rescatador).

Sólo en 2012, seis neozelandeses perdieron la vida en un intento de rescate, incluyendo a Zebedee Pua, de 15 años, que perdió la vida al ayudar a una niña en la playa de O’Neills de la costa oeste de Auckland y Peter Lewis, de 59 años, que trataba de salvar a su perro en el lago de Auckland.

La situación es similar en Australia, dónde entre 1992 y 2010, se ahogaron 103 personas en circunstancias similares. En tres de cada cuatro casos, la persona que intentaban rescatar se salvó.

Que se puede hacer para prevenir que estos rescatadores casuales pierdan sus vidas es un gran dilema para los expertos. El reto es doble: además que desde niños se los guía para actuar de manera altruista en situaciones de vida o muerte, tenemos una tendencia a sobrestimar nuestras habilidades en el agua, mientras minusvaloramos el riesgo que representa un rescate. Igualmente desconcertante de entender es por qué la víctima a menudo sobrevive, y el rescatador fallece.

John Pearn, pediatra en el Royal Children’s Hospital de Brisbane, y Richard Franklin miembro investigador de la Royal Lifesaving Society en Australia, fueron los primeros en estudiar el síndrome AVIR y el autor de “El impulso de rescatar”. Explican que nuestros impulsos altruistas se aprenden primariamente cuando niños y se refuerzan en la vida adulta.

“Todas las sociedades alaban el altruismo y el coraje. En la Commonwealth, las naciones otorga su mayor distinción, la “Cruz Victoria” y la “Cruz George” a aquellos que intentan salvar la vida de otros encarando un riesgo de muerte”.

Este “Impulso de rescatar“, afirma, es particularmente fuerte cuando afecta a la familia. “En estos casos, la sangre es más fuerte que el agua”, explica la psicólogo Sara Chatwin, “cuando las emociones y los lazos familiares se unen con la necesidad de actuar, el impulso se hace mayor y más urgente.

Pearn y Franklin creen que debemos aceptar que es virtualmente imposible contener este reflejo de rescate. En su lugar, afirman, debemos enfocar nuestra energía en proporcionar a las personas las habilidades necesarias que se necesitan para hacer un rescate con seguridad.

“Es importante darse cuenta de que ningún Socorrista entrenado hará un rescate sin su material de rescate flotante”, dice Teresa Stanley, de WaterSafe Auckland. Una persona que se ahoga intentará agarrarse instintivamente para poder salir y respirar y si lo hace con el rescatador puede sumergirlo y ponerle en peligro.

Stanley cree firmemente que en las clases de natación, todos los niños y padres deben aprender habilidades básicas de seguridad en el medio acuático, incluyendo la capacidad de rescatar a otros sin poner sus vidas en peligro.

Es necesario promover rescates sin contacto con la víctima, ayudándose de elementos flotantes, afirma, lo que incluye intentar alcanzar a una persona desde un lugar seguro utilizando una rama o lanzando una cuerda o salvavidas o una ayuda flotante improvisada y, sólo como último recurso, intentar un rescate con una tabla de surf o una canoa. Esta técnica se conoce como: Alcanzar-Arrojar-Remar.

El Dr. Kevin Moran, Profesor de la Universidad de Auckland, lleva más de una década estudiando las conductas y actitudes de los neozelandeses en relación con el agua. Como co-autor de: “Disposición para Rescatar: La percepción de los testigos presenciales de su capacidad para responder en una emergencia por ahogamiento“, explica que las habilidades de natación y rescate se han venido incluyendo tradicionalmente como componentes del currículo formativo de la educación física en la escuela. Por el contrario, afirma, se ha hecho muy poco esfuerzo en evaluar si estos contenidos nos proporcionan la formación adecuada para intentar un rescate acuático.

Una encuesta de ámbito nacional entre los jóvenes de Nueva Zelanda, publicada en 2008, encontró que uno de cada tres consideraban que no tenían habilidades para intentar un rescate y más de la mitad expresaron dudas sobre su capacidad para hacer un rescate en el mar.

El pasado año, Moran encuestó a los participantes en el Festival Pasifika sobre cómo reaccionarían si vieran una persona en peligro en el agua. Los resultados, detallados en el artículo citado, son preocupantes. Sólo el 30% de los encuestados contestaron que intentarían alcanzar un objeto flotante a la víctima y casi la mitad afirmaron que entrarían en el agua para intentar un rescate, incluyendo más de la tercera parte de aquellos que respondieron que no eran capaces de nadar 100 metros.

“Esto sugiere que cuanto menos capaz sea una persona de realizar un rescate, estará en mayor riesgo de ahogarse por no saber reconocer sus limitaciones”.

Es alarmante, dice Moran, que la opción menos elegida por los encuestados, usar un recurso flotante, se considera que es la mejor actuación en la mayoría de los rescates en aguas abiertas.

Mientras el equipamiento público de rescate no está tan presente en Nueva Zelanda como en otros países, WaterSafe Auckland trabaja para instalar salvavidas en las áreas de mayor riesgo, explica Stanley. “En los últimos cinco años hemos llevado a cabo el proyecto “Angel Rings“, instalando salvavidas para incrementar la seguridad entre los pescadores que utilizan las zonas rocosas. Ya se han usado con éxito para salvar a pescadores que han caído de las rocas y también hemos instalado algunos en las zonas costeras de Auckland”.

Pero si proteger a los rescatadores del ahogamiento requiere entender realmente el comportamiento humano, además de mejor educación, incluyendo la difusión de las técnicas de rescate sin contacto con la víctima, ello no responde a la pregunta de por qué la primera víctima, es decir, la persona que necesita ayuda y precipita el rescate, a menudo sobrevive mientras que su rescatador no.

La teoría más comúnmente aceptada es que los rescatadores se agotan mientras intentan alcanzar y soportar a la víctima que se debate en el agua y que posiblemente sumerge al rescatador en un intento instintivo de mantenerse a flote.

Nuevas investigaciones sobre las corrientes de resaca, responsables de la mayoría de los incidentes en nuestras costas pueden también ofrecer algunas claves. Si fotografiamos una corriente de resaca, lo más probable es que veamos una larga lengua de agua, moviéndose hacia dentro del mar. Sin embargo, esta visión convencional se ha sacudido en los últimos años gracias a las investigaciones Jamie MacMahan, profesor de oceanografía de la Escuela de Postgrado Naval de California.

MacMahan colocó GPS flotantes en las corrientes y trazó sus trayectorias, descubriendo que se asemejan más a remolinos que circulan a través de las olas. Su investigación concluyó que si una persona atrapada en una corriente de resaca es capaz de mantenerse a flote en el agua, “hay un 90% de posibilidades de que sea devuelta a la orilla en aproximadamente tres minutos”. Su experimentos con GPS para trazar las corrientes se han repetido en Nueva Zelanda con resultados similares. Esto podría explicar por qué los rescatadores que se agotan mientras sujetan a una víctima agitada se ahogan, mientras que la víctima es devuelta a aguas someras con vida.

Por supuesto, no todos los rescates realizados por los testigos fortuitos acaban en tragedia. El 3 de Febrero de 2014, Brendon Pooley, de Pukeoke estaba en la playa de Kariotahi con su mujer y sus cuatro hijos, fue abordado por una adolescente aterrorizada porque dos de sus amigos estaban atrapados en una corriente de resaca. Su primera respuesta fue enviar a por ayuda, su mujer condujo hasta un lugar en dónde tener cobertura con el teléfono y contactó con el servicio de emergencias. Mientras tanto, Pooley entró en el agua con la tabla de bodyboard de uno de sus hijos y tras 20 minutos de búsqueda logró alcanzarlos. Uno consiguió llegar a la orilla por sí mismo mientras Pooley ayudó con su tabla al segundo, ya exhausto.

A la larga, asegurar que más rescatadores eventuales como Pooley sobreviven, significará que estamos enriqueciendo a los neozelandeses con el conocimiento y la capacidad de tomar decisiones correctas en situaciones críticas en el agua, afirma Stanley.

Caleb Starrenburg es un escritor freelance y pertenece de la patrulla de Socorrismo en la playa de Bethells de Ackland. @cstarrenburg

© Fairfax NZ News

http://www.stuff.co.nz/national/9574440/Would-be-rescuers-losing-their-lives

Luis Miguel Pascual y el Dr. John Pearn en el Memorial por los irlandeses fallecidos en la I Guerra Mundial. durante el Congreso de “The Lifesaving Foundation”, en 2012

Would-be rescuers losing their live

CALEB STARRENBURG, SEAN WILLIS/Fairfax NZ

In the late afternoon of January 4, 2009, New Zealand Warriors back-rower Sonny Fai drowned at Bethells Beach while saving his 13-year-old brother. Fai’s body was never found; his brother made it to shore safely. Three years later, 54-year-old Peter Apaapa drowned while rescuing his son and nephew, who got into trouble collecting pipi at Te Puna beach in Tauranga. The children, assisted by Apappa, made their way back to shallow water unharmed. On November 4 last year, as family members gathered in Hawke’s Bay to celebrate a wedding, Sage Smith, 22, and his nephew, 7-year-old Kustom Blandford, drowned during a desperate attempt to save Kustom’s sister, Ocean, from the surf at Iwitea beach. Ocean survived.

Rescuers are losing their lives while saving a drowning person – often a relative – with tragic frequency in New Zealand. Between 1980 and 2012, 81 people drowned while attempting a rescue. The phenomenon is so widespread it is referred to as aquatic victim-instead-of-rescuer, or AVIR, syndrome.

In 2012 alone, six New Zealanders drowned while performing a rescue – they include 15-year-old Zebedee Pua, who lost his life as he helped a young girl to shore at O’Neills Beach on Auckland’s west coast, and 59-year-old Peter Lewis who drowned while trying to save his dog from an Auckland lake.

The situation is similar in Australia, where between 1992 and 2010, 103 people drowned while attempting to save a life. In three-quarters of these cases, the person they had been attempting to rescue survived.

What can be done to prevent rescuers sacrificing their lives has proven a dilemma for water safety experts. The challenges are twofold – not only are we wired from a young age to act altruistically in these sorts of life-and-death situations, but we have a tendency to overestimate our ability in the water, while underestimating the danger it poses. Equally perplexingly to understand is why the person being rescued so often survives when their rescuer does not.

John Pearn, senior paediatrician at Royal Children’s Hospital in Brisbane, and Richard Franklin, senior research fellow at the Royal Lifesaving Society in Australia, pioneered study into AVIR syndrome and are authors of “The Impulse to Rescue”. They explain our altruistic impulses are learned primarily in childhood and further reinforced in adult life. “Every society lauds altruism and courage. In the British Commonwealth, nations bestow their highest accolades, the Victoria Cross and the George Cross, upon those who attempt to save the lives of others in the face of mortal risk.”

This “rescue impulse” is particularly strong, they say, when it comes to family. “It is a case of ‘blood being thicker than water’,” explains psychologist Sara Chatwin, who says when emotional and family connections are coupled with the need to act, the driving force becomes greater and more urgent. Pearn and Franklin believe we must accept it is virtually impossible to counter the reflex to rescue. Instead, they say, we should focus our energy on giving people the skills they need to perform a rescue safely.

“It’s important to recognise no trained lifeguard would ever perform a rescue without a flotation device,” says Teresa Stanley of WaterSafe Auckland. This is because a drowning person will instinctively clutch at and even push underwater their would-be saviour. Alongside swimming lessons, all children and parents should be learning basic water safety skills, including the ability to rescue others without putting themselves in danger, Stanley believes.

We need to be promoting non-contact rescues using buoyancy aids, she says. This can include trying to reach a person from a safe place on land using a tree branch, throwing a rope, life preserver or improvised buoyancy aid, and as a last resort attempting a rescue on a surfboard or paddle craft. This is often referred to as the Reach, Throw, Row approach.

Dr Kevin Moran, a principal lecturer at the University of Auckland, has spent more than a decade researching New Zealanders’ behaviour and attitudes around water. The co-author of “Readiness to Rescue: Bystander Perceptions of Their Capacity to Respond in a Drowning Emergency“, he explains rescue skills have traditionally been taught within the swimming and lifesaving component of schools’ physical education syllabus. However, he says little effort has been put into assessing whether this syllabus has properly equipped the public to engage in safe rescues. A nationwide water safety survey of New Zealand youth, published in 2008, found one third considered they had no rescue ability, and more than half expressed doubts about their ability to perform a surf rescue.

Moran recently surveyed people gathered at the annual Pasifika Festival, asking how they would react if they saw someone struggling in the water. The findings – detailed in Readiness to Rescue – are concerning. Only 30 per cent of those surveyed said they would try to get a flotation device to a victim, and almost half indicated they would jump in and attempt a rescue. This included more than one third who reported they could not swim 100 metres.

“This suggests the least-capable would-be rescuers may be at greater risk of drowning by failing to recognise their limitations”. Alarmingly, says Moran, the least frequently indicated response, using a flotation device, would be the best course of action in most open water situations.

While public rescue equipment is not as prevalent in New Zealand as in some other countries, WaterSafe Auckland has been working to install rescue buoyancy aids in high-risk areas, Stanley says. “For the last five years we have installed Angel Rings on Auckland’s West Coast to promote safety for rock fishers,” Stanley says. “These have already been used successfully to save fishers washed off the rocks. There are now some around the Auckland waterfront as well.”

But if preventing rescuers from drowning requires a realistic understanding of human behaviour, alongside better education, including the promotion of non-contact rescues skills, it doesn’t answer the question of why the primary victim – the person who needed saving – so often survives when their rescuer does not. The most commonly held theory is that people are exhausting themselves while attempting to reach and support struggling swimmers, who then push their rescuer underwater in an involuntary effort to stay afloat.

New research into rip currents, responsible for the majority of drowning incidents on our beaches, may also provide clues. Picture a rip current, and chances are you’ll envisage a long plume of water, rolling out to sea.

However, this conventional view of a rip has been shaken up in recent years by the work of oceanography professor Jamie MacMahan, from the Naval Postgraduate School in California.

By placing floating GPS units in rips and tracking their progress on a laptop, MacMahan discovered the currents more closely resemble whirlpools that circulate through the surf. His research concluded if you tread water “there’s a 90 per cent chance of being returned to shore within about three minutes”. His experiments with GPS trackers have since been repeated in New Zealand, with similar results. This may explain why rescuers who tire themselves supporting a struggling swimmer drown before the initial victim is circulated safely back to shallow water.

Of course, not all bystander rescues result in tragedy. On February 3 last year, Pukekohe father-of-four Brendon Pooley saved two men from the surf at Kariotahi beach. Pooley was preparing to leave the beach with his wife and children at around 7.30pm when he was approached by a panicked teenager. Two of the teen’s friends had been swept out to sea in a rip.

Pooley’s first response was to send for help. His wife drove to the top of a hill to find reception on her phone and contacted emergency services. Pooley meanwhile entered the water with one of his children’s bodyboards. After 20 minutes searching in the dark he was able to reach the missing men. One was able to make his own way back to shore, while Pooley assisted the second exhausted man using his bodyboard as flotation.

Ultimately, ensuring more rescuers such as Pooley survive means arming New Zealanders with the knowledge and critical thinking skills required to make correct decisions around water, Stanley says.

Caleb Starrenburg is a freelance writer and member of Bethells Beach Surf Life Saving Patrol in Auckland

© Fairfax NZ News

Cuatro palabras para evitar tragedias en el agua. Four words to avoid water tragedy

Fuente: The New Zealand Herald, 06/12/2013

Un gran número de personas se ahogan en nuestra aguas cada año y, trágicamente, alguno lo hacen cuando intentan rescatar a otros.

Se hubieran perdido muchas menos vidas si hubieran comprendido las cuatro “R” de un rescatador circunstancial: Reconocer, Responder, Rescatar y Revivir.

Entre 1980 y el año pasado, 81 personas murieron ahogadas en Nueva Zelanda tratando de rescatar a otros. De ellos, la mayoría fueron hombres (80%) y tanto los Maoríes (33%) como los Pasifika* (12%) están sobre representados. Todos los ahogamiento ocurrieron en aguas abiertas. Playas (54%) y ríos (22%) fueron los sitios más frecuentes de ahogamiento.

En Australia, Richard Franklin y John Pearn han analizado las pérdidas de vidas de personas que trataban de rescatar a sus hijos en su estudio “Ahogados por amor. La víctima acuática en lugar del síndrome del rescatador”. (“Drowning for Love. The Aquatic Victim Instead of Rescuer Syndrome.”).

El pasado mes un hombre y su sobrino se ahogaron en la costa de la Bahía Hawkes, mientras trataban de salvar a una joven que llegó por si misma a la orilla. Lo que se suponía iba a ser un fin de semana de celebración familiar se convirtió en una doble tragedia.

Y esto continuará ocurriendo mientras no aprendamos métodos más seguros para rescatar personas en situación de ahogamiento.

Mientras muchos intentos de rescate sigan siendo instintivos, el riesgo de ser uno más en la lista de los fallecidos por ahogamiento es enorme para todos aquellos que no tienen entrenamiento en Socorrismo y rescate acuático.

Un grupo de expertos en prevención de ahogamientos de Watersafe Auckland con dilatada experiencia en Socorrismo han preparado una guía sencilla para minimizar este riesgo.

Usando las cuatro “R”

Reconocer: Un rescatador circunstancial ha de evaluar el estado de la víctima, la urgencia y los peligros de un intento de rescate y, los más importante, buscar un elemento de flotación.

Responder: La prioridad es detener el proceso de ahogamiento proporcionando flotación a la víctima mientras se evalúan los peligros y la urgencia del rescate. Esto es especialmente importante si la víctima no puede ser extraída del agua inmediatamente. Es en este momento cuando el rescatador tiene que buscar o pedir ayuda.

Rescatar: Un rescate con apoyo en tierra o en el agua minimiza el riesgo para el rescatador, pero si es necesario un rescate con apoyo en el agua, el mejor método es no contactar con la víctima utilizando un elemento flotante.

Revivir: Esta fase cubre la posible necesidad de RCP y cualquier otra asistencia médica que sea necesaria.

Los neozelandeses se esfuerzan por comprender las áreas de Reconocer y Responder.

Una encuesta nacional sobre seguridad acuática entre los jóvenes de Nueva Zelanda encontró que el 35% consideran que no tienen ninguna habilidad para rescatar en el agua y que el 59% expresaron dudas sobre su capacidad para llevar a cabo un rescate en aguas profundas.

Un estudio recientemente publicado con 415 personas del último Pasifika* Festival de Auckland del pasado Marzo, sugiere muchas carencias sobre el conocimiento de la seguridad acuática. El estudio sugiere que muy pocas personas serían capaces de abordar las demandas de mantener y transportar una víctima agitada hasta un lugar seguro sin ponerse a sí mismos en peligro.

Los hombres tienen un mayor riesgo de ahogamiento debido a que su confianza en sus habilidades para hacer un rescate o sobreponerse a un problema en el agua sin ayuda es mayor que las habilidades que realmente tienen. Es significativo que muchos más hombres que mujeres (un 55% frente a un 40%) respondieran que intentarían un rescate en el agua. Globalmente, casi la mitad (47%) respondieron que entrarían en el agua para rescatar a una víctima.

La mujeres están más predispuestas que los hombres a buscar ayuda de los Socorristas (65% mujeres frente a 54% hombres) o llamar a los servicios de emergencia (47% mujeres; 44% hombres).

Sin embargo, la opción menos elegida (30%) proporcionar a la víctima un elemento de flotación, sería probablemente la respuesta más efectiva en la mayoría de las situaciones de rescate en aguas abierta.

Por otro lado, más de la tercera parte (37%) de aquellos que no son capaces de nadar100 metros sin detenerse,( y que son casi dos tercios de los que estarían dispuestos) indicaron que realizarían un rescate. Esto sugiere que estas personas con menores habilidades acuáticas estarán en un enorme riesgo de ahogarse al intentar un rescate, por no ser capaces de reconocer sus limitaciones.

Estos hallazgos proporcionan evidencias que ponen en cuestión la capacidad que tienen las personas que presencian una emergencia en el agua de responder como rescatadores. A pesar del deseo de responder realizando un rescate, muchas personas pueden carecer de la competencia física y del conocimiento necesarios que requiere una emergencia de ahogamiento.

Si bien es muy difícil de imaginar no seguir nuestros instintos más profundos y tratar de rescatar a alguien en peligro, especialmente un miembro de nuestra familia, los rescatadores espontáneos deben recordad las cuatro “R”: Reconocer, Responder, Rescatar y Revivir, si quieren intentar un rescate con seguridad.

El Dr. Kevin Moran es profesor titular en educación física y de la salud en la Universidad de Auckland. Ha sido Socorrista durante casi 50 años y todavía ejerce en la Playa Muriwai, cerca de Auckland.

* “Pasifika” y “pueblos Pasifika” son términos utilizados por el Ministerio de Educación para “describir a las personas que viven en Nueva Zelanda que han emigrado de las islas del Pacífico o que se identifican con las Islas del Pacífico, debido a la ascendencia o el patrimonio.

 

Four words to avoid water tragedy

A large number of people drown in our waters every year, and tragically, some drown while trying to rescue others.

Fewer people would be lost if they understood the Four Rs of bystander rescue – Recognise, Respond, Rescue and Revive.

Between 1980 and last year, 81 people drowned in New Zealand while trying to rescue others. Of these, most (80 per cent) were male, and Maori (33 per cent) and Pasifika (12 per cent) people were over-represented. All rescue fatalities occurred in open waters, with beaches (54 per cent) and rivers (22 per cent) being the most frequent sites of drowning.

In Australia, Richard Franklin and John Pearn have analysed the loss of life while trying to rescue children in their study, “Drowning for Love. The Aquatic Victim Instead of Rescuer Syndrome.”

Last month a man and his nephew drowned off the Hawkes Bay coast while trying to save a young girl who made her own way to shore. What was supposed to be a weekend of family celebrations became a double tragedy.

This will keep happening until we learn safer methods of rescuing people in distress.

While many rescue attempts appear instinctive, the risk of adding to the drowning fatality list is great for those not trained in lifesaving techniques.

A group of drowning prevention experts with extensive lifeguard experience from Watersafe Auckland have devised simple guidelines to minimise that risk.

Using the Four Rs:

Recognise – a would-be rescuer would assess victim distress, the urgency and the dangers in a rescue attempt and, importantly, look for a flotation device.

Respond – the first priority is to stop the drowning process by providing flotation to the victim while still assessing the dangers of a rescue and the urgency. This is especially true if the victim cannot be immediately removed from the water. It is at this stage that the bystander should send for help.

Rescue – a land- or craft-based rescue minimises risk for the rescuer but, if a water-based rescue is necessary, a non-contact rescue using flotation is the safest method.

Revive – this phase covers the possible need for CPR and other medical assistance as required.

New Zealanders struggle to understand the areas of Recognise and Respond.

A nationwide water safety survey of New Zealand youth found 35 per cent considered they had no rescue ability, and 59 per cent expressed doubts about their ability to perform a deep-water rescue.

A recently published Auckland study of 415 people at last March’s Pasifika Festival suggests many lack an understanding in water safety.

The results suggest few respondents would meet the demands of supporting and transporting a struggling victim to safety in the water without putting themselves at risk of drowning.

Men may be at greater risk of drowning because of their confidence (rather than competence) in being able to perform a rescue or get themselves out of trouble without assistance. Significantly more men than women (males 55 per cent, females 40 per cent) indicated they would jump in to save the victim. Overall, almost half (47 per cent) of respondents said they would dive in and rescue the victim.

Women were more likely than males to seek help from lifeguards (females 65 per cent, males 54 per cent) or call emergency services (females 47 per cent, males 44 per cent).

The least frequently chosen response, getting flotation to the victim, (30 per cent) would most likely be, in many open water rescue situations, the most effective immediate response.

More than one third (37 per cent) of those who could not swim 100m – almost two thirds of the would-be rescuers – said they would dive to rescue someone.

This suggests that the least capable would-be rescuers may be at greater risk of drowning by failing to recognise their limitations. The findings provide evidence of questionable readiness to respond in a rescue role as a bystander confronted with a drowning emergency. Despite a desire to respond in a rescuer role, many people may lack the physical competency and knowledge to safely attempt a rescue.

While it is hard to imagine not following your gut instincts and trying to rescue someone in need, especially a family member, would-be rescuers need to remember the four Rs of Recognise, Respond, Rescue and Revive if they are going to attempt a rescue safely.

• Dr Kevin Moran is a principal lecturer in health and physical education in the school of curriculum and pedagogy at the Auckland University faculty of education. He has been a surf lifeguard for almost 50 years and still patrols Muriwai Beach near Auckland.