Una “vacuna” contra el ahogamiento. A “vaccine” against drowning. Jane Labous

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Los Socorristas y las clases de natación pueden mantener a flote a los niños africanos.

Cuando escuché hablar sobre los ocho niños africanos ahogados en una playa de los suburbios de Dakar el pasado Agosto, no me sorprendió. Era sólo la última en una larga lista de ahogamientos que ocurren por toda esa costa salvaje y sin control; otra historia pequeña y triste en la sección de noticias cortas de L’Observateur. Los niños, de entre ocho y nueve años, estaban jugando en la rompiente de las olas, cuando la fuerte resaca les arrastró. Ninguno sabía nadar. Cuando el servicio de emergencias llegó, era demasiado tarde. De haber existido un servicio de Socorrismo, probablemente hubieran sobrevivido.

En Octubre de 2011, trabajando como periodista en Dakar, la capital de Senegal en el oeste de África, documenté una historia sobre un grupo de Socorristas en Yoff, una de las escasas playas que tiene este servicio en esta ciudad acunada por el mar. Los Socorristas (en francés: maîtres nageurs sauveteurs, “maestros nadadores salvadores”), muchos de ellos voluntarios o reclutados de los bomberos, me contaron el abrumador problema que supone el ahogamiento en toda la costa en esa parte de la costa occidental de África y las múltiples desgracias que ocurren cada año por el fuerte oleaje y las corrientes traicioneras y los esfuerzos de su pequeño servicio está haciendo para abordar el problema en sus playas.

De regreso en el Reino Unido, una conversación informal con la RNLI (Real Institución Nacional de Embarcaciones de Rescate) continuó como una iniciativa extraordinaria. Los dos supervisores de los Socorristas de Yoff fueron invitados a acudir a un curso de la RNLI preparado específicamente para ellos, llamado “Futuros Líderes en Socorrismo” (www.rnli.org/international) en la central de la organización en Poole en Agosto de 2012, junto con más delegados de equipos de Socorrismo de varios países en desarrollo. Allí aprendieron como gestionar y desarrollar su propia organización. Después, en Diciembre, dos profesores de la RNLI viajaron a Dakar para entrenar a todos los Socorristas de Yoff y a algunos de la playa cercana de Ngor.

El programa fue un rotundo éxito. Los Socorristas, todos ellos dedicados, apasionados y con talento, asimilaron rápidamente las técnicas de la RNLI y afinaron sus habilidades para identificar las causas de ahogamiento, el rol del Socorrista y el equipo necesario para organizar su trabajo. Desde ambos lados se hicieron peticiones para continuar con este programa y así, la segunda edición tendrá lugar en el próximo mes de Julio.

Tuve la gran suerte de estar en Senegal durante las dos semanas de formación en Diciembre y, mientras trabajaba, escuchar mucho sobre el problema del ahogamiento. Particularmente desgarradora fue una entrevista con el abatido Batir Sow, de 47 años, cuyo hijo de 4 años murió ahogado el pasado verano en una zona de playa no vigilada en Sakar. El pequeño Mohammed disfrutaba en el agua, pero como muchos niños y adultos en Dakar, no sabía nadar. Corrió a la playa y nunca regresó. “Al día siguiente -contó Batir- el jefe de policía me dijo que habían encontrado un cuerpo en Layenne Yoff, y supe que era mi hijo”.

La escuela en Senegal no es obligatoria y mucho menos las clases de natación. Los pocos Socorristas que hay son voluntariosos (puede vérselos a menudo dando clases improvisadas de natación a los niños), pero les falta tiempo, recursos, entrenamiento, apoyo de las administraciones, flotadores y acceso a piscinas dónde poder enseñar. Hay algunos monitores privados, pero no es necesario decir que los padres no pueden soportar gastar 10 libras al mes en enviar a sus hijos a clases privadas de natación.

Batir habla emocionadamente sobre el ahogamiento de su hijo, acentuando la necesidad de que los niños de Dakar aprendan a nadar. “Dakar es un lugar de pescadores –dice- y, francamente, el mar es todo lo que tenemos. Amamos el mar. Por ello tenemos que encontrar soluciones para las escuelas y como enseñar a nadar a nuestros niños. Cuando llega el verano y vas a la playa, puedes ver un escenario de locos. Hay más de 4000 personas en la playa y apenas 200 de ellos saben nadar. Es muy peligroso”.

“La gente está muriendo en las playas y en su mayoría son niños de 7 a 16 años, porque no saben nadar”, añade Ibrahima Fall, un Socorrista voluntario de Yoff. “La mayoría de los ahogamientos se producen en verano ya que hay vacaciones. Los niños no saben nadar y no están familiarizados con las corrientes o las olas, pero quieren desesperadamente estar en el agua. No ven el peligro”.

Este sentimiento se está haciendo eco a lo largo de toda la costa oeste africana, sobre todo en las capitales cada vez más pobladas de Freetown, Conakry, Monrovia, Abdijan, Accra y Douala. Una población floreciente que no sabe nadar, asociada a playas no vigiladas, golpeadas por el feroz Atlántico, la receta para un ahogamiento seguro. En África los lagos, ríos o estanques se usan a diario para agua de consumo, lavar y bañarse. Todas ellas son actividades de alto riesgo si las personas no saben nadar o sobrevivir en el agua y pueden ser particularmente peligrosas durante los periodos de meteorología extrema o inundaciones. A pesar de la extendida percepción de que África es un continente seco, los pueblos están a menudo en la proximidad de ríos, playas o lagos, que aportan la ventaja de la accesibilidad al suministro de agua. Desde el todavía azul mar de Zanzibar hasta las ciudades atlánticas del sur, pasando por los lagos y ríos del grandioso interior, el ahogamiento está arruinando el continente africano.

El trabajo hecho hasta ahora por la RNLI y otras organizaciones como la ISLA (International Surf Lifesaving Organization) que ha desarrollado “Drowning Tracker” (www.drowningtracker.com) (Seguimiento de ahogamientos, una herramienta excepcional destinada a ayudar a registrar los ahogamientos en todo el mundo), es un paso positivo para hacer frente a un problema que apenas si es reconocido en la agenda de desarrollo internacional. Y ello a pesar del hecho de que el ahogamiento es la primera causa de muerte y se cobra más de un millón de vidas por año. La mayoría son niños. En África muchos no se registran y hay una asombrosa falta de investigación sobre la escala de la epidemia que el ahogamiento supone en el continente. Lo que sí sabemos es que más del 97% de las muertes por ahogamiento ocurren en los países de renta baja y media, pero a pesar de su escala, es un problema pobremente reconocido, un desastre oculto.

Ahora que empiezan a establecerse servicios de Socorrismo en Dakar y por toda África, el siguiente paso de las campañas de prevención en el agua es desarrollar un sistema para enseñar a los niños a nadar. Recientes evidencias desde Asia han demostrado que proporcionar lecciones de seguridad acuática a los niños a partir de 5 años es una intervención eficaz y reduce de forma significativa el riesgo de ahogamiento en más del 85%. Como las actividades acuáticas en África son muy similares a las de Asia, podemos asumir que este efecto protector podría ser el mismo en el contexto africano. Y por supuesto, el concepto es asombrosamente simple: enseña a un niño y a nadar y lo sabrá de por vida y transmitirá esa habilidad a otros. Enseñar a nadar puede ser, en efecto, una “vacuna” contra el ahogamiento.

Por estas razones, la RNLI está trabajando en la actualidad con otros socios para desarrollar un manual de supervivencia acuática libre que pueda estar disponible para escuelas, monitores de natación y otras organizaciones locales en África como un recurso para ayudar a enseñar a nadar a los niños en los diferentes entornos. Tanto si se enseña a diez niños o a un millón, creo que este nuevo proyecto “Aquatic Survival” solo puede ayudar a hacer frente a un problema de desarrollo africano que hasta ahora ha sido largamente ignorado. Su mensaje: proporcionar a la población local las herramientas para implementar las medidas preventivas a través de las habilidades de natación, junto a las medidas curativas con servicios de Socorrismo efectivos, es una aproximación sostenible y potente. Y las voces que la apoyan sobre el terreno son innegables. Porque las palabras de Batir vuelven sobre mi: “ Este es un papel que, si yo fuera el presidente de Senegal, firmaría ahora mismo”, me dijo este padre destrozado. “Ayúdanos a nadar, y así podremos ayudar a otros, porque no quiero que nadie tenga que sentir nunca lo que yo sentí cuando mi hijo se ahogó”.

Publicado en The Huffington Post UK, agradecemos a Jane Labous su apoyo para que pudiéramos realizar la traducción e incluirla en esta sección con sus fotografías.
Jane Labous es una prestigiosa foto-periodista, ganadora de varios premios. Ha trabajado como corresponsal en África. Es delegada de prensa de la Oficina para los Derechos de los Niños de las Naciones Unidas.

A Vaccine Against Drowning.
Lifeguards and Swimming Lessons Can Keep Africa’s Children Afloat

When I heard about the eight little boys drowned off a beach suburb of Dakar last August, I wasn’t shocked. It was just the latest in a long line of drowning fatalities along this wild and unmanned coast, another small, sad news-in-brief story in L’Observateur. The boys, all aged eight and nine, had been playing on the shoreline when they were dragged out to sea by a strong rip current. None of them could swim. By the time the emergency services arrived, it was too late. Had there been a lifeguard service, the children would probably have survived.

In October 2011, while working as a journalist in Dakar, the capital of Senegal in West Africa, I researched a story about a group of lifeguards at Yoff, one of the only beaches in this ocean-cradled capital city to have such a service. The maîtres nageurs sauveteurs, many of them volunteers or drafted from the fire service, told me of the overwhelming drowning problem along the coast of this part of West Africa; of the multiple fatalities that occur every year in the pounding surf and treacherous currents and of the efforts their small service is doing to address the issue in their beach community.

Back in the United Kingdom, a conversation with the Royal National Lifeboat Institution (RNLI) progressed what might have remained as a random meeting into something extraordinary. The two supervisors of the Yoff lifeguard team were invited to attend a bespoke RNLI training course – called Future Leaders in Lifesaving (www.rnli.org/international ) – at the charity’s headquarters in Poole in August 2012, along with delegates of lifeguard teams from several other developing countries. They learnt how to manage and develop their own lifesaving organisation. Two RNLI trainers then travelled to Dakar in December to train all the lifeguards from Yoff and some from nearby beach, Ngor.

The scheme was a resounding success. The lifeguards, all of them dedicated, passionate and talented, quickly picked up the RNLI’s techniques and honed their existing skills in identifying causes of drowning, the role of a lifeguard and the equipment needed to run a lifesaving service. Pledges were made on both sides to continue the development of the service and the second Future Leaders in Lifesaving programme will take place at RNLI HQ in July.

I was lucky enough to be in Senegal during the two weeks training in December, and while researching the drowning issue, heard much about the problem. An interview with the very dignified Batir Sow, 47, whose four year-old son Mohammed drowned last summer off a stretch of unsurveilled beach in Dakar, was particularly harrowing. Little Mohammed loved the water, but like most children and adults in Dakar, could not swim. One afternoon, Mohammed trotted off to the beach and never returned. “The next day,” recounts Batir, “the police commander told me they’d found a body at Layenne Yoff, and I knew it was my son.”

School in Senegal is not mandatory; let alone swimming lessons. The few lifeguards that there are may be willing (they can often be found giving impromptu swimming lessons to kids), but they lack time, funds, training, state support, floats and access to swimming pools in which to teach. There are few private swimming teachers and needless to say, poor parents cannot afford to spend an extra £10 a month on sending their children to private swimming lessons.

Batir talks movingly about his son’s drowning, stressing the need in Dakar for children to learn to swim. “Dakar is a place of fishermen,” he says, “and the sea is, frankly, all we have. We love the sea. So we have to find solutions for schools and how to teach children to swim. When summer comes and you go to the beach, you see a crazy scene – there are over 4000 people at the beach, and among them only 200 people who can swim – it’s so dangerous.”

“People are dying on the beaches and it’s mainly children aged seven to 16 years old, because they can’t swim,” adds Ibrahima Fall, a volunteer lifeguard from Yoff. “The majority of drownings occur in summer as it’s the holidays. Children can’t swim and aren’t familiar with the currents or the waves, but they desperately want to be in the water. They see no danger.”

The sentiment is one echoed all the way down the West African coast, particularly in the increasingly populated capitals of Freetown, Conakry, Monrovia; Abidjan, Accra and Douala. A burgeoning population who cannot swim, coupled with un-lifeguarded beaches pounded by the great, fierce Atlantic is a certain recipe for drowning. Nor is the problem limited to the coasts. In Africa, lakes, ponds and rivers are used daily for drinking water or for washing dishes and bathing. These become high-risk activities if a person is unable to swim or survive in water, and can be particularly perilous during periods of extreme weather and flooding. Despite a common perception of Africa as a ‘dry continent’, villages are often built within close proximity of rivers, beaches or lakes to take advantage of an accessible water supply. From the still blue ocean off Zanzibar to the Atlantic cities of the west, via the lakes and rivers of the great interior, drowning is blighting the African continent.

The work done so far by the RNLI and other organisations such as the International Surf Lifesaving Association (ISLA), which has just launched a ‘drowning tracker’ tool (www.drowningtracker.com) designed to help people record worldwide drownings, is a positive step to address a problem that is barely recognised on the international development agenda. This despite the fact that globally, drowning is a leading cause of death and claims over one million lives per year. The majority are children. In Africa, most drownings go unrecorded and there is a startling lack of research into the scale of the drowning epidemic on the continent. What we do know is that over 97% of drowning deaths occur in low and middle income countries, but despite the scale of the problem, the problem is barely recognised – a hidden disaster.

Now that lifeguarding services are being established in Dakar and elsewhere in Africa, the next stage of the water safety campaign is to develop a system for teaching children to swim. Recent evidence from Asia has shown that giving aquatic survival lessons to children over five years is an effective intervention against fatal drowning, significantly reducing the risk by over 85%. As water-related activities in Africa are very similar to those in Asia, we can assume that the protective effect of survival against drowning would be the same in the African context. And of course, the concept is beautifully simple; teach a child to swim and he or she will swim for life, passing on the skill to others. Swimming becomes, in effect, a ‘vaccine’ against drowning.

For these reasons, the RNLI is now working with partners to develop an open-source aquatic survival ‘toolkit’ to make available to schools, swimming teachers and other local organisations in Africa, to provide a resource for teaching children to swim in a variety of different environments. Whether it teaches ten children or a million children to swim, I believe the new Aquatic Survival project can only help to address an African development issue that is, at the moment, largely ignored. Its message, to give local people the tools to implement the preventative measure of swimming skills alongside the curative measure of effective lifeguarding services, is a strong, sustainable approach. And the voice of support is undeniable on the ground.

For it is Batir’s words that always come echoing back to me. “This is something that, if I were the President of Senegal, I’d sign the paper today,” the heartbroken father told me. “Help us to swim, so that we can help others, because I don’t want anyone else to ever have to feel what I felt that day when my son drowned.”

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Jane Labous is an award-winning broadcaster and photo-journalist who has worked as a correspondent and on radio documentaries all over West Africa. She is also press officer for the children’s rights NGO Plan International.

First published in The Huffington Post UK, we thank Jane Labous their support so we could do the translation to include in this section with her photographs.

¿Estamos preocupados por la preparación de los Socorristas? – Are we worried about Lifeguards’ training?. Luis Miguel Pascual

Luis Miguel Pascual

Este artículo se publicó originalmente en “ESTELA“, el blog de opinión de AETSAS.

En las últimas décadas hemos sido testigos de enormes avances en numerosos ámbitos, desde los sociales a los tecnológicos y el Socorrismo no ha sido una excepción. Desde 1980, año en que me formé como Profesor de Salvamento Acuático, mi opinión es que el avance más importante se refiere a la propia formación, tanto respecto a lo que se enseña como a la manera en que la información se transmite.

Hemos asistido a una evolución que ha ido añadiendo complejidad y variedad de contenidos y técnicas. Afortunadamente, se ha ido cambiando lenta, pero sostenidamente, desde lo anecdótico, hacia los conocimientos basados en evidencias contrastadas, de tal manera que formarse como Socorrista se ha hecho progresivamente más difícil en la medida de esta complejidad y, más o menos paralelamente, por las exigencias de la demanda laboral. Estos dos factores han provocado un gran cambio en la manera en que hoy preparamos a los Socorristas para desempeñar su trabajo.

No hace falta explicar cómo está organizada la formación de los Socorristas en España, las diferencias entre los currículos formativos y, por supuesto, en la propia filosofía de las organizaciones respecto a cómo forman a sus alumnos. El primer paso, y el más evidente, es lograr que se establezcan unos estándares mínimos para la formación de los Socorristas Acuáticos que estén fundamentados en los requerimientos reales de la actividad que desarrollan y los cometidos y competencias que deben dominarse, tanto en la rutina diaria, como ante una intervención.

Uno de los avances más importantes, la introducción del material de rescate, nos puede servir como ejemplo para ilustrar esta dicotomía y también la evolución de nuestro sector. Frente a un rescate cuerpo a cuerpo, el salto cualitativo que supone la utilización del material, refleja muy gráficamente lo que la evolución de los conocimientos y técnicas a partir de evidencias objetivas aporta a la formación y el desempeño de los Socorristas. Cuando se domina su manejo y se emplea en un rescate, las mejoras abarcan desde las propias prestaciones del Socorrista, hasta el pronóstico de la víctima. A pesar de que es un material ampliamente conocido, recogido en las definiciones profesionales y que se utiliza rutinariamente en la formación de los Socorristas, dónde se enseña su manejo y recomienda su uso, su presencia en determinados ámbitos como las piscinas, sigue siendo testimonial, por no decir prácticamente nula y cuando a través de los reciclajes, testamos la competencia de los Socorristas en su manejo, los resultados son descorazonadores mucho más a menudo de lo deseable.

Por supuesto, en España existen marcos de referencia, como las definiciones profesionales del INCUAL o las legislaciones de las Comunidades de Madrid o Galicia, pero ¿son suficientes?. Como catálogo de competencias profesionales, es posible que recojan los aspectos más relevantes de los cometidos profesionales, pero ¿reflejan la realidad profesional?. ¿Podemos hacer algo para adecuarlos tanto a la realidad, como a los requisitos técnicos?.

Mejorar las acciones formativas que se implementan en las organizaciones basándolas en conocimientos y técnicas contrastadas es una estrategia imprescindible. Pero todavía hemos de descubrir dónde y cómo se producen otros agujeros en el tejido del Socorrismo Profesional por los que perdemos, a veces a chorros, el caudal que tan penosamente hemos ido acumulando.

En mi opinión, conseguir que las normas legales contemplen la formación inicial, pero también su permanencia en el tiempo con la adecuada calidad, o concienciar a empleadores y Socorristas de su responsabilidad en el mantenimiento de un servicio efectivo basado en la competencia profesional de todas las partes implicadas, es sólo la mitad del problema.

La otra mitad, en la que las organizaciones tenemos una responsabilidad y deber ineludibles, pasa por que hemos de lograr transmitir la información adecuada al público que acude a playas, piscinas e instalaciones acuáticas, para que adquiera un sentido crítico respeto de los servicios de Socorrismo y el desempeño de los propios Socorristas y sea capaz de ejercer una presión positiva hacia la excelencia de todo el sistema de formación, prevención e intervención. A medio plazo, la presión de la opinión pública ha demostrado ser el factor decisivo para conseguir que este tipo de cambios se pongan en marcha.

Y es en este punto en concreto dónde opino que las organizaciones que estamos sincera y seriamente preocupadas por la formación de los Socorristas debemos de centrar una parte sustancial de nuestros esfuerzos. Hoy en día, la presión para la mejora y mantenimiento de las competencias profesionales de los Socorristas existe únicamente desde las organizaciones (y no desde todas ni de igual manera), y a ésta deben sumarse, ineludiblemente, las exigencias normativas y la presión social y cultural. Sólo con esta estrategia combinada lograremos que la formación de los Socorristas no sea una preocupación.

Luis Miguel Pascual Gómez es Profesor de Salvamento Acuático desde 1980, co-fundador y Director Técnico-Docente de la Escuela Segoviana de Socorrismo . Ha intervenido como Formador en los Cursos de Profesor de Salvamento Acuático de AETSAS, entidad con la que la ESS colabora desde sus inicios. Es un experto en la docencia del Salvamento Acuático y en la prevención de ahogamientos, ponente en congresos nacionales e internacionales y ha participado como autor en las dos ediciones del “Handbook on Drowning”, el libro de referencia mundial en la materia.

 

Tender puentes entre los expertos y la comunidad – Bridging between experts and the community. Ana Catarina Queiroga

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Tenemos una urgente necesidad de información basada en la evidencia sobre las intervenciones para reducir los ahogamientos y su eficacia real.

Los factores de riesgo que contribuyen al ahogamiento varían enormemente dependiendo de los grupos de edad, la situación geográfica, el grado de desarrollo económico, y los entornos culturales, sociales y de comportamiento, lo que hace impracticable el uso de una única estrategia de prevención de ahogamientos en todo el mundo.

A lo largo de las últimas décadas, un número cada vez mayor de expertos en salud pública han fundamentado las estrategias de prevención en las evidencias objetivas de su efectividad. En los países desarrollados (HICs), se han venido recomendando e implementando con éxito intervenciones como un apropiado vallado de las piscinas, la supervisión de los niños en el entorno acuático, los servicios de socorrismo, el entrenamiento en habilidades y seguridad acuática, o el uso de chalecos salvavidas y otros equipos de flotación personal. Todas ellas se han asociado con una reducción de muertes por ahogamiento en grupos de población específicos, si bien, en la mayoría de los casos, conocemos poco sobre si realmente existe una correlación entre las estrategias de prevención y el número de muertas por ahogamiento.

A pesar de su nivel de efectividad en los HICs, estas intervenciones puede que no sean apropiadas para su uno en los países del tercer mundo o en vías de desarrollo (LMICs), así como para las áreas rurales de los HICs, dónde los ahogamientos se producen en distintas localizaciones y a menudo debido a muy diferentes circunstancias. Como consecuencia, es crítico asegurar un seguimiento más completo y preciso de todos los ahogamientos (fatales y no fatales), para lograr una mejor estimación de las poblaciones expuestas y alimentar nuevas investigaciones epidemiológicas que conduzcan al desarrollo de estrategias innovadoras y eficaces.

Es más, el desarrollo y la difusión de información basada en la evidencia acerca de qué intervenciones son más eficaces en los diferentes escenarios es determinante. Para lograr este objetivo, es crucial que los investigadores en desarrollo metodológico encuentren los métodos apropiados para detectar la presencia y las fuentes de datos heterogéneos que proporcionen coherencia en los factores de riesgo asociados al ahogamiento, La eficacia de las estrategias dependen de que seamos capaces de entender en detalle las causas, evaluar las opciones, y examinar la relación coste-beneficio de los programas de intervención.

Comprender tanto las fortalezas como las limitaciones de lo que estamos haciendo hoy, nos ayudará en el diseño de estrategias futuras más efectivas, dirigidas a los grupos de población específicos que ahora son más vulnerables.

Mirando hacia el futuro, construir un marco de referencia de las causas es un paso necesario en la mejora que hoy se está llevando a cabo en la investigación en prevención de ahogamientos, desde la información anecdótica hacia la basada en la evidencia y en la investigación acreditada. Un paso muy importante que posibilitará la obtención de recursos y allanará el camino para que aparezcan estudios que aúnen alta calidad y gran impacto.

Bridging between experts and the community

Urgent need for evidence-based information on drowning reduction interventions and their effectiveness

Risk factors for drowning vary greatly by age group, geographical location, economical development, and social, cultural and behavioural backgrounds, making unfeasible to use one single drowning prevention intervention worldwide.

Over the last few decades, an increased number of public health experts have based the formulation of prevention policies on objective evidence of effectiveness. Regarding drowning prevention interventions in High Income Countries (HICs), proper pool fencing, supervision of children near water, lifeguarding services, water safety training at young age and the use of Personal Flotation Devices, have been advocated and successfully implemented with associated reduction of drowning deaths in specific population groups, even though, for most cases, little is known about the existence of a correlation between the prevention strategies and the number of drowning deaths.

Regardless of their level of effectiveness in HICs, these interventions may not be appropriate for Low- and Middle-Income Countries (LMICs) as well as for rural areas of HICs, where drowning occurs in different locations and often due to a different set of circumstances. As a result, it is critical to ensure a more complete and accurate tracking of all drowning (fatal and non-fatal), to obtain better estimates of the exposed populations, and to fuel additional epidemiologic research of drowning incidents towards the development of innovative and effective prevention strategies.

Furthermore, the development and dissemination of evidence-based information about which interventions are most effective in different development settings is determinant. To achieve this goal it is crucial that researchers in methodology development find appropriate methods for detecting the presence and sources of heterogeneity in drowning risk factors. Effective drowning prevention depends on detailed understanding of causes, evaluation of options, and cost-benefit examination of intervention programmes. Understanding the strengths and limitations of the existing interventions will help the design of future, more effective intervention strategies directed at specific population groups that are currently more vulnerable to drowning.

Ultimately, the building of a framework for causal inference is a necessary step in the present shift of drowning prevention research from anecdotal to evidence-based, recognized research – a very important step that will facilitate funding for future drowning prevention studies, and thus pave the way for the emergence of high quality/ high impact drowning related research.

 

Dra. Ana Catarina Queiroga, PhD. Portuguese National Lifesaving Association Research Committee. Chief Operating Officer at Social Economy Professional School. Member of the International Lifesaving Federation Drowning Prevention Commission. Currently collaborating with several organizations on drowning prevention research, namely Royal Life Saving Society – Australia, CIFI2D and Vigo University.

¿Qué podemos hacer? – What can we do?. Shayne Baker.

Shayne Baker

A lo largo del mundo hay ejemplos de la aplicación de la más sofisticada tecnología para observar, alertar y proteger la vida de las personas dentro y cerca del agua. La desventaja de la tecnología es que no siempre puede ser utilizada en todas las circunstancias y su coste es prohibitivo en muchos países.

En Australia somos afortunados de tener miles de voluntarios -como yo mismo- que entregan su tiempo y energía a entrenar y supervisar la vasta línea costera de nuestro país, que es una isla. Aún así hay ahogados.

Nuestros periódicos, radios y televisiones difunden mensajes a la comunidad sobre los peligros de nuestras aguas; las autoridades públicas colocan letreros para advertir al público sobre corrientes peligrosas y resacas. Alentamos activamente a los niños y adultos de la necesidad de aprender a nadar. Sin embargo, todavía hay ahogados, y muy a menudo en lugares que tienen señales de advertencia.

Si estamos implementando todas estas estrategias y las personas continúan ahogándose, ¿Qué podemos hacer?. ¿Cuál es la solución educativa o qué intervención puede conseguir que la gente se detenga antes de entrar al agua y se asegure de que ha tomado todas las precauciones necesarias para asegurar su seguridad y la de su familia?.

Shayne Baker OAM

Asesor Nacional de Educación y Formación, Royal Life Saving Society of Australia. Fue distinguido en 2012 con la Orden de Australia (OAM) que reconoce a ciudadanos de Australia y a otras personas sus logros o por servicios meritorios

What can we do?.

Throughout the world there are examples of the most sophisticated technology being applied to monitor, alert and to support the lives of people in an around the water. The cost of the technology is not able to be replicated in all circumstances and is prohibitive in some countries.

In Australia we are fortunate to have thousands of volunteers, such as myself who give of their time and energy to train and to lifeguard on the vast coastline of our island nation. Still we have people drowning.

Our newspapers, radios and televisions broadcast community messages about the dangers of our waterways, government authorities positioning of signs to warn people about dangerous currents and rips. We actively encourage children and adults of the need to ‘learn to swim’. Yet people still drown, and quite often at locations that have warning signs.

If we are implementing these strategies and people are still drowning what do we do?

What is the educational solution or intervention that will make people STOP before they enter the water and make sure that they have taken the necessary precautions to ensure their safety and that of their family?

Shayne Baker OAM

National Education & Training Advisor, Royal Life Saving Society of Australia, awarded in 2012 with the Order of Australia (OAM) that recognise Australian citizens and other persons for achievement or for meritorious service

 

Cómo escapar de un coche en el agua.

En las últimas semanas, la actualiadad en España pasa por la lluvia. Y por las crecidas de los ríos, que inundan poblaciones, vados y carreteras, algo a lo que no estamos acostumbrados por estas latitudes. Enfrentarse a estas circunstancias supone lidiar con el agua, un elemento peligroso e imprevisible. Además, el riesgo de sufrir un accidente de circulación que implique una caída al agua no es despreciable en nuestro país, con miles de kilómetros de costas, ríos y embalses.

Cada año, se producen entre 1200 y 1500 incidentes y de 400 a 600 muertes sólo en los Estados Unidos relacionados con vehículos que se salen de la carretera y caen al agua. Por ello, se hace necesario estar preparado para este tipo de emergencias. Se ha demostrado que practicar los pasos necesarios para un auto-rescate cuando caemos al agua en un automóvil y tener una sencillas las herramientas de rescate o escape disponibles y listas para usar durante este tipo de situaciones pueden marcar la diferencia. Además, el personal de los servicios de emergencia necesita tener la preparación adecuada para responder ante ello y contar con el equipamiento necesario para una respuesta efectiva y segura ante un vehículo en el agua. Con tan solo 30 ó 40 centímetros de agua, nuestro coche puede verse arrastrado por la corriente si intentamos vadear un río o cruzar una zona inundada. La primera regla de seguridad es nunca intentar hacerlo.

Si la situación es que el coche cae al agua inesperadamente, tendremos entre 20 segundos y unos minutos antes de que al agua lo inunde por completo, dependiendo de varios factores, como por ejemplo, si los cristales se rompen. Como la fuerza del choque con el agua se incrementa con la velocidad, llevar puesto el cinturón de seguridad incrementa las probabilidades de supervivencia. Enseguida el vehículo se inclinará hacia la parte del motor. Esta posición, la presión del agua y los posibles daños causados por el choque pueden hacer difícil abrir las puertas para escapar. La vía más sencilla y a veces la única, será a través de las ventanillas.

La decisión de salir del vehículo debe ser inmediata. Hay que abrir las ventanillas (o romperlas con una sencilla herramienta que también incorpora un cortador para los cinturones de seguridad) y escapar del vehículo antes de que comience a hundirse sin la menor vacilación. Quedarse en un vehículo que se sumerge bajo la superficie de un agua turbia, cuya profundidad desconocemos es con toda probabilidad una muerte segura. Gerald M. Dworkin, un reconocido profesional de rescate acuático aconseja un único mensaje universal para educar a la población sobre cómo escapar de un vehículo sumergido, que consiste en los siguientes pasos:

1- Quitarse el cinturón de seguridad.

2 – Abrir o romper las ventanillas.

3 – Sacar a los niños primero

4 – Salir del coche y nadar hacia la orilla.

Si hay varios ocupantes, una vez que la vía de escape está abierta, el primer ocupante que sale del vehículo debe ayudar al resto y éstos formar una cadena para ayudarse entre sí a salir del vehículo frente a la corriente de agua que inunda el vehículo. La herramienta de escape debe estar colocada en un lugar visible y accesible para el conductor y el acompañante y, si es posible, debería haber otra adicional en la parte trasera, igualmente accesible. Si vive en zonas dónde el riesgo de caer al agua está presente, considere que este pequeño gasto puede salvarle la vida.

No hay duda de que la caída de un vehículo al agua es una experiencia traumática, especialmente durante los meses en que el agua fría añade un riesgo adicional. Aplicando los procedimientos de emergencia y escape, los ocupantes pueden rápidamente ponerse a salvo ellos mismos antes de que el vehículo se hunda.

Lee el artículo original. Read original entry: Lifesaving Regsources

Nadando contra la corriente. Cuando el dominio de la natación no es suficiente – Swimming against the tide. When swimming competence is not enough. Kevin Moran

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El papel de las competencias o habilidades en natación puede parecer axiomático, sin embargo, todavía no comprendemos bien su capacidad protectora. Determinar si la competencia en natación tiene un efecto de mejora frente a todos los riesgos de ahogamiento es difícil de afirmar por dos importantes razones.

El primer lugar, en el contexto de la prevención de ahogamientos no hay una definición universalmente aceptada entre los expertos en seguridad acuática sobre en qué consiste la competencia en natación. A menudo se describe en términos de la distancia que se es capaz de nadar, pero incluso entonces, se utilizan varias distancias para juzgar esa competencia, Muchas iniciativas de seguridad acuática establecen arbitrariamente distancias desde 25 a 200 metros para identificar el nivel de natación. En el peor de los escenarios, algunos consideran que superar ese nivel es un pasaporte a la seguridad y entonces se deja de proporcionar educación en natación y seguridad acuática: ¡Error¡, ¡Error¡ ¡Error¡. La educación es un proceso, no un producto y para que sea exitoso ha de durar toda la vida y ser capaz de adaptarse a las siempre cambiantes necesidades.

En segundo lugar, incluso si tuviésemos una definición mutuamente aceptada de competencia en natación y, entonces, fuésemos capaces de hacerla operativa definiendo medidas que se acomodasen a todas las variadas demandas individuales y ambientales asociadas con el ahogamiento, todavía tendríamos que tener en cuenta el hecho de que existe una gran distancia entre lo que las personas piensan que pueden hacer y lo que realmente son capaces de hacer. En el caso del ahogamiento, la idea, atribuida a Henry Ford, de que “tanto si piensas que puedes hacerlo, como si piensas que no puedes, estás en lo cierto”, es muy probable que no sea una actitud acertada.

Es más, este tipo de actitud puede que ayude a explicar la persistente presencia mayoritaria de los varones en las estadísticas de ahogamientos en la mayoría de los países, en particular en aquellos en donde el ocio acuático es popular.

A este respecto, mi argumentación es que los verdaderos asesinos son los que he denominado “las torres gemelas del ahogamiento”: subestimar el riesgo y sobreestimar las habilidades. Afrontar estos dos problemas en los programas de prevención de ahogamientos, puede ser nuestra mejor esperanza de reducir su incidencia, especialmente entre los varones.

Swimming against the tide. When swimming competency is not enough.

While the role of swimming competencies in drowning prevention may appear axiomatic, its protective capacity is not well understood. Determining whether the swimming competency has an ameliorating effect on all drowning risk has been difficult to ascertain for two major reasons.

First, in the context of drowning prevention, there is no universally agreed definition among water safety experts as to what constitutes swimming competency. Swimming competency is often described in terms of distance swum, but even then, various distances have been used to assess competency. Many water safety initiatives establish arbitrary distances from 25 m to 200 m to identify swimming status. In the worst case scenario, having achieved such status is viewed by some as a universal passport to safety and then stop delivering swimming and water safety education – wrong, wrong, wrong!!!!. Education is a process not a product, for it to be successful it must be lifelong and adaptable to meet ever changing needs.

Second, even if we had a mutually agreed definition of swimming competency and were then able operationalize that definition by developing measures that accommodated all the varied individual and environmental demands associated with drowning, we still have to consider the reality gap between what people think they can do and what they actually can do. In the case of drowning, the notion attributed to Henry Ford that “Whether you think you can, or you think you can’t – you’re right” may not be a healthy mind-set.

Furthermore, such a mind-set may help explain the persistence of male over-representation in the drowning statistics of many countries, especially those where aquatic recreation is popular. In this respect, I argue that the real killers are what I have called of the “twin towers of drowning”: underestimation of risk and overestimation of ability, tackling these two issues in drowning prevention programmes may be our best hope of reducing the incidence of drowning especially among males.

Kevin Moran es Profesor En la Universidad de Auckland (Nueva Zelanda) y es destacado autor de numerosas publicaciones y por su compromiso vital en la prevención de ahogamientos y como investigador y educador. En los últimos años se ha destacado por su visión crítica y avanzada sobre la percepción y prevención de riesgos y ahogamiento en el medio acuático; la conducta de los jóvenes frente al riesgo acuático y en la formación de los Socorristas.

Kevin Moran is a Principal Lecturer in Health and Physical Education in the School of Curriculum and Pedagogy at the Faculty of Education, University of Auckland. Kevin has had a lifelong commitment to drowning prevention as a researcher and an educator. Current areas of research for Kevin include toddler drowning prevention, perceptions of aquatic risk, swimming ability and water safety, water safety knowledge, attitudes and behaviours of youth and other specific populations including rock fishers and beachgoers.