El papel de las federaciones deportivas en el Socorrismo Profesional.

Desde hace poco más de 20 años, las federaciones deportivas de salvamento y socorrismo, se han ido desligando progresivamente del Socorrismo Profesional y han sido la aparición de entidades privadas, (bien iniciativas puramente empresariales, o bien integradas por socorristas profesionales agrupados en torno a la mejora de la formación, la capacitación y las condiciones laborales), quienes han impulsado el crecimiento y una progresiva aunque todavía claramente insuficiente profesionalización del Sector.

En todo este tiempo, las federaciones sólo han hecho que intentar poner trabas a este proceso, con una argumentación basada principalmente en la presunta “oficialidad” o “mayor validez” de sus certificaciones frente a las de otros, que además han mantenido, se diría que a propósito, en un limbo intermedio entre la formación de técnicos deportivos y lo puramente profesional.

Como hace ya mucho tiempo aclaró el Consejo Superior de Deportes, a la hora de impartir formación fuera del ámbito deportivo, como es el caso de los cursos de  socorristas profesionales, las federaciones deportivas actúan como cualquier otra entidad privada y la certificación de su formación tiene exactamente la misma validez y reconocimiento que la de cualquier otra entidad formadora. El único área dónde las federaciones tienen delegadas competencias es el deporte, en este caso el Salvamento Deportivo, y recordamos que el Socorrismo Profesional no es en absoluto un deporte, sino una formación de carácter laboral para el desempeño de una ocupación profesional. De hecho, los deportistas de Salvamento Deportivo ni siquiera tienen por qué ser Socorristas. Ya en otra entrada anterior comentamos que tampoco los socorristas profesionales formados por las federaciones han de adquirir, ni puede exigírseles, la licencia federativa para el ejercicio profesional, puesto que éstas no cubren actividades profesionales, sólo deportivas.

Cada entidad es responsable del diseño de su programa docente y, por supuesto, de la calidad y honradez  de la formación que imparte y, junto a una gran mayoría que intenta formar honradamente a sus alumnos, existen en el sector empresas cuya formación deja mucho que desear. Además del prestigio y trayectoria de cada entidad, el precio, el porcentaje de aprobados o aspectos como las promesas de contratación al realizar un curso de Socorrismo, deben tenerse en cuenta a la hora de evaluar una acción formativa concreta. Las definiciones profesionales del INCUAL y la puesta en marcha de los Certificados de Profesionalidad en Socorrismo, sin duda servirán para aclarar en parte la vía futura de la formación en Socorrismo. No perdemos la esperanza de llegar a un estándar de formación único y consensuado por todos. Y hace muchos años que insistimos en que si no hay unión y consenso y unión dentro de nuestro Sector, el estándar nos vendrá impuesto desde fuera y lo más probable es que no guste a nadie.

La Escuela Segoviana de Socorrismo (ESS), AETSAS y muchas otras organizaciones hemos denunciado reiteradamente, que en la Comunidad de Madrid, por ejemplo, donde hay una regulación del Socorrismo Profesional, y la admisión de cursos y socorristas pasa por un registro administrativo autonómico, se conceda validez a cursos que ya en su misma publicidad inicial no cumplen los requisitos legales exigidos (horario, cualificación del profesorado, programa, etc.) o se imparten 100% on-line. (¿Cómo hacen los alumnos las pruebas físicas obligatorias o la RCP en un curso on-line?). Falta regulación, si. Pero también faltan inspecciones y seriedad por parte de las administraciones, para que una vez que esa regulación existe, se verifique su cumplimiento.Otro ejemplo: ¿con cuánta frecuencia hay inspecciones de Sanidad en una piscina?; frente a: ¿con cuanta frecuencia hay inspecciones que comprueben el operativo de seguridad y que el número y condiciones laborales de los Socorristas sean las adecuadas?.

Y es precisamente en este entorno dónde sorprenden todavía más algunas de las últimas noticias que se han producido desde el ámbito federativo.
En primer lugar, la Federación Española (FESS) informó hace algunos días la entrega de la primera “Bandera de Seguridad” a una instalación de León, dentro de un programa auspiciado por la ILSE. A pesar de las búsquedas que hemos realizado, no localizamos una descripción detallada de ese programa, ni de sus requisitos o las inspecciones que se hayan llevado a cabo para esa concesión. Ante ello, elevamos una consulta por correo electrónico a la ILSE y la contestación literal de su Presidente Detlev Mohr fue la siguiente: “Up to now there is no safety sign system in place comparable to ISO 20712. You know that ILSE promotes the Red Banner “Lifeguarded Beach” for those beaches, which have successful participated at a risk assessment according to the ILSE system in addition to the Blue Flag system of FEE. ILSE is also working on such a similar system for a risk assessment system of pools”.  (Traducción: “En este momento no hay un sistema de señalización de seguridad similar a la norma ISO 20712. La ILSE promueve la bandera roja “Playa con Socorristas” para aquellas que han participado satisfactoriamente en una evaluación de riesgos de acuerdo al sistema de la ILSE, de modo adicional a la Bandera Azul de la FEE. La ILSE está asimismo trabajando en algún sistema similar de auditoría de riesgos para las piscinas”). ¿Cómo, pues, ha iniciado la FESS este programa y cuáles son sus detalles, si al parecer la ILSE todavía lo está estudiando?.

En segundo lugar, la FESS ha difundido un “Informe Nacional de Ahogamientos” ofreciendo cifras de fallecimientos y consejos. Nada que objetar a cualquier iniciativa que incida en la prevención del ahogamiento, pero la manera en que se presenta como el “primero que se realiza en España en tiempo real“, la escasez de los datos, la falta de información sobre la metodología y objetivos del estudio no son ni adecuadas ni respetuosas con un problema de tan grave calado que implica casi 400 fallecimientos anuales en España. Y por supuesto, la FESS no es, ni mucho menos, la referencia a seguir en este tema ni en el mundo del Socorrismo Profesional, como parece querer traslucir la información difundida y la manera en que presenta el informe.

Antes bien, iniciativas como la que desde 2011 tienen en marcha conjuntamente ESS y AETSAS, con una recogida sistemática y un análisis exhaustivo de los incidentes de ahogamiento en España y que se ha materializado en la publicación de informes periódicos desde 2013, la creación de una página web www.ahogamiento.com , con los datos abiertos y a pública disposición, y presentada en foros y congresos del Sector, tienen mucha más relevancia y valor científico intrínseco. Y, además, se realizan de modo altruista y sin soporte económico externo.

Como último apunte, sorprende todavía más que el Sr. Juan José Maspons, presidente de la federación andaluza, haya salido a la palestra con unas declaraciones recogidas por la agencia Europa Press afirmando que “el 70% de los Socorristas provienen de empresas que practican el intrusismo“, criticando la “irresponsabilidad” de las empresas que ofertan una formación “engañosa y de baja calidad”, y volviendo a insistir en la presunta mayor validez de las certificaciones federativas. Aún compartiendo alguno de sus comentarios sobre la precaria situación laboral de los socorristas, nos gustaría conocer cuántas acciones han hecho las federaciones para defender y mejorar esas circunstancias. La cruda realidad es que actualmente la FASS y el Sr. Maspons están inmersos en un proceso judicial, iniciado desde la empresa privada malagueña Seguriocio, con una larga y contrastada trayectoria profesional en el Socorrismo, (y no parece que sea mera coincidencia el que la noticia se origine en Europa Press de Málaga), precisamente por la presunta utilización de logotipos de organismos oficiales de la Junta de Andalucía y el CSD de forma no autorizada, e incluir presuntamente publicidad engañosa en sus acciones formativas con mensajes que pudieran llevar a los participantes a creer de forma engañosa que están recibiendo una formación con mayor reconocimiento o validez; precisamente lo mismo que él denuncia. Sorprenden estas declaraciones de la FASS, y quizá todavía más, el que se publiquen sin que haya el más mínimo contraste por parte del periodista de la información con otras fuentes y se refleje la realidad del Socorrismo Profesional en Andalucía y en el resto del estado. Y también hay que recordar que la FASS ha promovido o participado en empresas privadas de gestión de Socorristas, en las que se producen las mismas condiciones laborales que tanto denosta por precarias.

Desde 1996, la Escuela Segoviana de Socorrismo ha sufrido diversos embates e intentos de obstaculizar nuestra labor, primero de la FECLESS (iniciada y presidida por la Sra. Sanz) y también de la FESS (ahora también presidida por ella), a pesar de que tanto el Procurador del Común en 1997 y los tribunales en 1999 dieron la razón a la ESS respecto a la legitimidad de sus acciones.
Desde su inicio la ESS ha tendido la mano a cualquier persona o entidad que quisiese colaborar y compartir información y recursos para la mejora del Socorrismo Profesional. Siempre hemos estado abiertos y promovido activamente la colaboración entre entidades y participado en cuantas iniciativas ha habido para mejorar la formación y el reconocimiento del Socorrista Profesional. Hemos promovido Congresos y numerosas acciones y Campañas de Prevención del Ahogamiento, generado estudios y material técnico, presentado ponencias de primer nivel en muy diversos foros nacionales e internacionales y los integrantes de su Equipo Técnico han ido ganado poco a poco y con mucho esfuerzo personal y colectivo un merecido respeto y reputación en el mundo del Socorrismo Profesional.

Las diferentes Federaciones, empezando por la FESS y su presidenta deben replantearse muy seriamente su papel en el mundo del Socorrismo. Dedicarse plenamente a lo que es su mandato estatutario, la promoción del Salvamento Deportivo, y cuando quieran intervenir en el ámbito del Socorrismo Profesional, hacerlo con respeto hacia los demás y teniendo muy presente el lugar que ocupan en el Sector, que de ninguna manera es la posición de prepotencia y exclusividad que tanto airean. Ya es hora de que desciendan de su nube y se metan en el agua.

Luis Miguel Pascual
Presidente y Director Técnico-Docente de la Escuela Segoviana de Socorrismo

Hablando de Ahogamiento en “Esto me suena” de RNE

2016-06-11 RNE

Nuestro Director Técnico Luis Miguel Pascual fue entrevistado ayer por el Ciudadano García en el programa “Esto me suena” de las tardes de Radio Nacional.

En el tono distendido e incisivo que caracteriza el programa, el Ciudadano García preguntó sobre la figura del Socorrista e incidió en la importancia que tiene en la labor de prevención y la seguridad en el medio acuático, especialmente en las familias con niños y se comentó el reciento informe sobre los Ahogamiento en España en el año 2014 que la Escuela Segoviana de Socorrismo ha presentado hace unos días a través del portal www.ahogamiento.com

Puedes escuchar el podcast en el siguiente enlace.

I Congreso Internacional de Seguridad y Turismo Sostenible – VIII Jornadas de Socorrismo – Galicia

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(Enlace al programa definitivo del Congreso)

(Enlace al boletín de inscripción)

El “I Congreso Internacional de Seguridad y Turismo Sostenible. VIII Jornadas de Socorrismo basado en la evidencia científica” ya tiene el programa definitivo, con la tabla de horarios. Organizado por GIAAS, REMOSS y ADEAC, presenta novedades muy interesantes y atractivas con 19 ponencias con autores procedentes de 7 países y 9 talleres, 3 en piscina, 3 en mar y 3 en aula y demostración de material y equipos de emergencia. Además hay un total de 24 trabajos de participación libre, 12 comunicaciones y 12 pósters, que tendrán su exposición en lugares con fácil acceso.

En esta ocasión hay casi cincuenta entidades públicas y privadas las que respaldan con su apoyo y colaboración la celebración de este Congreso, en el que su Comité Científico está formado por 37 doctores de 19 universidades diferentes de varios países.

Recordar que esta actividad comenzó en Galicia  y que la Escuela Segoviana de Socorrismo ha estado presente presentando ponencias, comunicaciones y talleres en todas sus ediciones desde su inicio, allá por 1999. En esta ocasión la Escuela presenta el programa de la Campaña de Prevención del Ahogamiento Infantil “En el Agua Cuenta Conmigo” y el primero de la serie de cuentos infantiles “Alex va a la piscina”  que forman parte del material educativo de esta campaña dirigida a las familias.

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Por vez primera, los inscritos en el Congreso van a recibir de de forma gratuita la licencia de la aplicación para teléfonos móviles: “RCP Coach”. También podrán beneficiarse de unas interesantes ofertas de empresas colaboradoras que aportan  materiales con grandes descuentos y unas cuotas de inscripción muy asequibles, más baratas que en ediciones anteriores, que buscan facilitar la participación de todos los interesados.

Señalar que los Socorristas formados por la Escuela Segoviana de Socorrismo y AETSAS cuentan con la inscripción reducida para profesionales del Socorrismo.

Esperamos encontrarnos en A Coruña.

El fin de las Licencias Federativas para los Socorristas Profesionales.

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“Soy Socorrista por la Federación, se acerca el verano y estoy pensando en que ya tengo que pagar la renovación de la Licencia. Durante años he renovado mi licencia federativa anual, entre otras razones, porque en mi Diploma figura la frase: no es válido si no se acompaña de la Licencia federativa anual.”

La inmensa mayoría de los socorristas federativos siguen hoy todavía adquiriéndola todos los años, en gran parte motivados porque los inspectores sanitarios y los empleadores la solicitan como una justificación de “estar al día“.

Pero, ¿es obligatorio tener Licencia?.

Pues bien, la respuesta es: rotundamente NO.

Y es más, casi con toda probabilidad, la expedición de licencias federativas deportivas para Socorristas Profesionales no es legal.

Y esto no es un asunto nuevo. En 1997, apenas un año después de su creación, la Escuela Segoviana de Socorrismo presentó una queja ante el Procurador del Común de Castilla y León por actuaciones obstruccionistas de la Federación Autonómica FECLESS. Los fundamentos jurídicos de la respuesta del Procurador (informe Anual 1998, pag. 1466 y ss.) no dejaron lugar a dudas en cuanto a la validez de las titulaciones de Socorrismo no federativas y ya ponían en cuestión la licencia federativa por “el acceso al empleo de forma discriminatoria y carente de justificación, dado el carácter no oficial de las enseñanzas de Socorrismo y por ende de los documentos acreditativos de su superación“.
Desde entonces AETSAS,  ESS y muchas otras organizaciones, hemos explicado con pelos y señales que la formación en Socorrismo que imparten las Federaciones tiene exactamente la misma validez que las del resto, ni más ni menos.
Sin embargo, muchas Federaciones han seguido (y todavía siguen) aireando la “oficialidad y validez” de su formación frente al resto, imprimiendo en sus diplomas la famosa frase que citábamos anteriormente y expidiendo una Licencia deportiva para una actividad profesional que no tiene absolutamente nada de deporte.

Pues bien, todo esto que ya sabíamos pero que parecía que no había manera de aclarar, acaba de dar un drástico giro gracias a la perseverancia de Seguriocio, de Málaga, una empresa privada de socorrismo con dirigida por Jorge Fernández, Socorrista, formador y empresario con una dilatada trayectoria profesional y seriedad contrastada. Seguriocio denunció a la Federación Andaluza de Salvamento y Socorrismo (FASS) por presunta publicidad engañosa, por la utilización irregular de logotipos de la Junta de Andalucía en sus cursos y por la expedición de licencias deportivas para una actividad profesional.

Las respuestas tanto de la administración andaluza, como del Defensor del Pueblo andaluz y del Consejo Superior de Deportes han sido demoledoramente clarificadoras.
Aquí puedes encontrar un resumen de los informes dónde puedes leer en detalle las diferentes actuaciones y los fundamentos jurídicos derivados de estas denuncias que, por fin, han aclarado y puesto en el sitio que les corresponde a las Federaciones en cuanto a la formación de Socorristas Profesionales y las polémicas licencias.

En resumen, las diferentes actuaciones vienen a concluir lo siguiente:
– La FASS ha utilizado de modo fraudulento o engañoso logotipos de la Junta de Andalucía en la publicidad de sus acciones de formación, que no estaban amparadas por la Administración y por ello está inmersa en un proceso sancionador.

– Las Federaciones NO PUEDEN EXPEDIR LICENCIAS para la actividad de Socorrista Profesional, (puesto que las licencias únicamente son para la actividad deportiva, no profesional)

– Las Federaciones NO PUEDEN CONVALIDAR U HOMOLOGAR certificados de otras entidades formativas (y aún menos para otorgar un certificado presuntamente de “mayor valor”). 

– La formación en Socorrismo impartida por las Federaciones, tiene exactamente la misma validez que la de cualquier otra entidad, siendo de carácter privado, no reglada y sin validez oficial.

– Por tanto, un diploma de Socorrista federativo no tiene ninguna ventaja, prerrogativa o mayor nivel o valor que cualquier otro.

-Además, la formación en Socorrismo impartida por las Federaciones no está amparada por las normativas que regulan la formación de técnicos deportivos, ni cumple sus requisitos.

– Los Socorristas Profesionales no son Técnicos Deportivos (y los Técnicos Deportivos no son Socorristas Profesionales, salvo que cumplan los requisitos de formación exigidos por las normativas que los regulan).

¿Cómo influirá todo esto en los Socorristas Federativos?.

Sinceramente, creemos que, aparte de que las Federaciones perderán miles de cuotas por expedición de Licencias (e irónicamente, quizá necesiten un “rescate”), tendrá muy pocas consecuencias para los Socorristas Profesionales.
Las Federaciones apenas si se han preocupado del Socorrismo Profesional más que como una fuente de ingresos y sólo algunas honrosas excepciones han estado involucradas en el desarrollo que el Socorrismo Profesional y sus técnicas han tenido en los últimos veinte años.
La mayor parte de los avances en Socorrismo se han generado a través de organizaciones no federativas que son quienes desde hace mucho abanderan los avances y sustentan la evidencia científica que hace progresar el Socorrismo Profesional.
Más bien parece que la mayoría de las Federaciones se han dedicado a obstaculizar y despreciar a todos los demás en lugar de potenciar el Socorrismo Deportivo como una vía para que los jóvenes accedan al Socorrismo Profesional con una base sólida de habilidades en el desempeño acuático, y eso a pesar de que diversos estudios concluyen que el Socorrismo Deportivo no tiene una transferencia directa con las habilidades que se necesitan en el plano profesional.

Así que si eres Socorrista federativo, piensa que el dinero que te costaría la licencia de este año puedes muy bien invertirlo en una actualización o formación complementaria en Socorrismo Profesional que sea seria, de calidad y te aporte valor añadido como Profesional del Socorrismo.

El espasmo de glotis en el ahogamiento, ¿realidad o mito? – Espasmo de glote no afogamento – realidade ou mito?

Publicado originalmente en : www. sobrasa.org

Autor: David Szpilman

Traducido, con permiso del autor, por Luis Miguel Pascual.

Es muy común en ahogamiento que oigamos hablar de “espasmo de glotis” pero, ¿cuántas veces ocurre en realidad?.

Para entender este concepto adecuadamente es importante que conozcamos un poco de fisiopatología, es decir, cuáles son los procesos fisiológicos cuando ocurre una patología de ahogamiento. En un proceso de ahogamiento, cuando no hay una alternativa para mantener las vías aéreas fuera del agua, la apnea voluntaria es la primera respuesta mientras se conserva la consciencia. El agua en la boca se ingiere o expulsa de forma activa. Cuando ocurre la primera aspiración involuntaria de agua, provoca tos a menudo (>98%) y muy raramente (<2%) laringoespasmo (espasmo de glotis). La alteración fisiopatológica más importante en el ahogamiento es la hipoxemia (bajo nivel de oxígeno en la sangre). En caso de ocurrir un espasmo de glotis, la hipoxemia generada provocará su relajamiento en algunos segundos o minutos. Por tanto, se aspirará más agua rápidamente hacia los pulmones, haciendo difícil o ineficaz obtener oxígeno, produciéndose disminución o pérdida de la consciencia, con una rápida progresión a la apnea involuntaria y, finalmente, a la parada cardíaca por asistolia.

El mito del espasmo de glotis fue creado en los años 40, cuando casi el 20% de los casos de personas encontradas muertas en el agua no mostraban agua en los pulmones. Lo que de hecho sucede y hoy conocemos bien es que la práctica totalidad de estas personas fallecen dentro de agua por otras causas (IAM –Infarto Agudo de Miocardio-; ACVA –Accidente Cardio-Vascular-; arritmias cardíacas u otras patologías) y no ahogadas.

Otra evidencia que nos lleva a a decir que esta hipótesis no es verdadera es el hecho indiscutible de que una gran mayoría de los ahogados refieren una gran dificultad para respirar después de una aspiración de agua, como “si algo les hubiera bloqueado la respiración”. El hecho de que no se hubiera encontrado evidencia de agua en los pulmones en aquella época, llevó a aceptar la hipótesis del espasmo de glotis.

En todos los casos de ahogamiento existe aspiración de agua. No existe, por tanto, ahogamiento sin la entrada de agua en las vías aéreas.

Esta aspiración de agua puede varias de pequeña a grande, según el grado de ahogamiento que encontremos. Si no hay aspiración de agua, estaremos solamente ante un caso de “rescate acuático”. La sensación de “espasmo de glotis”, como si algo tuviese bloqueadas las vías aéreas relatado por personas que se ahogan, es causada por la presión del agua que funciona como una obstrucción, que se deshace por el esfuerzo inspiratorio hacia el pulmón o al ser expelida por el reflejo de tos.

Para obtener más información, consulte la Bibliografía que se cita al pie.

Espasmo de glote no afogamento – realidade ou mito?

É muito comum no afogamento, ouvirmos falar em espasmo de glote, mas quanto desta ocorrência é real?.

Para entendermos este conceito adequadamente é importante conhecermos um pouco de fisiopatologia, ou seja, quais os processos fisiológicos ao ocorrer à patologia afogamento. No processo de afogamento, quando não há alternativa para manter as vias aéreas fora da água, a apnéia voluntária é a primeira resposta enquanto a consciência ainda está preservada. A água na boca é ativamente cuspida ou engolida. A primeira aspiração involuntária de água, quando ocorre, provoca tosse freqüentemente (> 98%) ou laringoespasmo (espasmo de glote) raramente (<2%), levando a hipóxia. A alteração fisiopatológica mais importante no afogamento é a hipoxemia (baixa de oxigênio no sangue). No caso de ocorrer o espasmo de glote, a hipoxemia gerada provocará seu relaxamento em alguns segundos ou minutos. Então, mais água será rapidamente aspirada para os pulmões, tornando difícil ou ineficaz a obtenção de oxigênio, instituindo-se torpor ou perda de consciência, com evolução rápida para a apnéia involuntária e, finalmente, a parada cardíaca por assistolia.

O mito do espasmo de glote foi criado a partir dos anos 40 quando quase 20% dos casos de pessoas encontradas mortas na água não tinham água em seus pulmões. O que acontece de fato e hoje sabemos bem, é que estas pessoas em quase sua totalidade morrem de outras causas (IAM, AVC, arritmias cardíacas, e outros) dentro da água e não afogadas. Outra evidencia que nos levou a esta hipótese não verdadeira é o fato incontestável de uma grande maioria de afogados relatarem uma grande dificuldade em respirar após a aspiração de água, como “se algo tivesse travado a respiração”. O fato de não termos encontrado evidencia de água nos pulmões naquela época nos fez ir para esta hipótese de espasmo de glote.

Em todos os casos de afogamento existe aspiração de água. Não existe, portanto afogamento sem a entrada de água em vias aéreas. Esta aspiração de água pode variar de pequena a grande, variando então o grau de afogamento encontrado. Se não houve aspiração de água é somente um caso de resgate aquático. A sensação de “espasmo de glote” como se algo tivesse fechado nas vias aéreas relatado por pessoas que se afogaram, são causadas pela coluna de água que funciona como uma obstrução, e que se desfaz pelo esforço inspiratório indo ao pulmão ou sendo expelido pela tosse.

Para mais informações sobre o assunto procure em biblioteca em Dr David Szpilman <david@szpilman.com>

Referencias bibliográficas

Szpilman D, Elmann J & Cruz-Filho FES; Dry-drowning – Fact or Myth?; World Congress on Drowning, Netherlands 2002, Book of Abstracts, ISBN:90-6788-280-01, Poster presentation, pg 176.
Szpilman D. “Recommended technique for transportation of drowning victim from water and positioning on a dry site varies according to level of consciousness” American Heart Association (AHA) e International Liaisson Comittee for resuscitation (ILCOR), Budapest, Setembro de 2004.
Szpilman D and Handley A; Positioning the Drowning Victim; section 6(6.6) Resucitation, in Hand Book on Drowning:Prevention, Rescue and Treatment, edited by Joost Bierens, Springer-Verlag, 2005, pg 336-341
Idris AH, Berg R, Bierens J, Bossaert L, Branche C, Gabrielli A, Graves SA, Handley J, Hoelle R, Morley P, Pappa L, Pepe P, Quan L, Szpilman D, Wigginton J, Modell JH: Recommended guidelines for uniform reporting of data from drowning: the “Utstein Style”. Circulation 2003; 108:2565-2574
Modell JH, Bellefleur M, Davis JH: Drowning without aspiration: is this an appropriate diagnosis? J Forensic Sci 1999:;44:1119-1123
Szpilman D, Orlowski JP, Bierens J. Drowning. In: Vincent JL, Abraham E, Moore AF, Kochanek P, Fink M(ed). Textbook of Critical Care, 6th edition – Chapter 71; Pg 498-503; Elsevier Science 2011.
Szpilman D, Handley AJ, Bierens JJLM, Quan L, Vasconcellos R. Drowning. In: John M. Field, ed. The Textbook of Emergency Cardiovascular Care and CPR. Lippincott Williams & Wilkins, 2009:477-89.
Van Beeck EF, Branche CM, Szpilman D, Modell JH, Bierens JJLM. A new definition of drowning: towards documentation and prevention of a global public health problem. Bull World Health Organization 2005;83(11):853-6.

 

Perder la vida intentando un rescate por amor. Would-be rescuers losing their lives

Imagen de http://www.mlive.com/news/grand-rapids/index.ssf/2009/08/swimmers_warned_to_stay_out_of.html

Fuente: http://www.stuff.co.nz/national/9574440/Would-be-rescuers-losing-their-lives
Traducción de Luis Miguel Pascual.

CALEB STARRENBURG, SEAN WILLIS/Fairfax NZ

Era el final de la tarde del 4 de Enero de 2009 cuando Sonny Fai, defensa de los New Zealand Warriors, se ahogó en la playa de Bethells mientras intentaba salvar a su hermano de 13 años. Su hermano consiguió llegar a la orilla, pero el cuerpo de Fai nunca se encontró. Tres años después, Peter Apappa, de 54 años, se ahogó mientras rescataba a su hijo y su sobrino, que se encontraban en peligro mientras recogían moluscos en la playa Te Puna de Tauranga. Los dos niños, ayudados por Apappa, llegaron ilesos a la playa.

El pasado 4 de Noviembre, durante la celebración de una boda en la playa de Iwitea y ante toda la familia, Sage Smith de 22 años y su sobrino Kustom Blandford de 7, murieron ahogados en un intento desesperado de salvar la vida de Ocean, la hermana de Kustom, quien sí sobrevivió.

En Nueva Zelanda, se están perdiendo vidas con una trágica frecuencia, al intentar rescatar a un ahogado, con frecuencia un familiar o un allegado. Entre 1980 y 2012, un total de 81 personas se ahogaron al intentar un rescate. El fenómeno está tan extendido que se conoce como Sindrome AVIR, (por las iniciales del inglés: “Aquatic Victim Instead of Rescuer”; Víctima Acuática en Lugar del Rescatador).

Sólo en 2012, seis neozelandeses perdieron la vida en un intento de rescate, incluyendo a Zebedee Pua, de 15 años, que perdió la vida al ayudar a una niña en la playa de O’Neills de la costa oeste de Auckland y Peter Lewis, de 59 años, que trataba de salvar a su perro en el lago de Auckland.

La situación es similar en Australia, dónde entre 1992 y 2010, se ahogaron 103 personas en circunstancias similares. En tres de cada cuatro casos, la persona que intentaban rescatar se salvó.

Que se puede hacer para prevenir que estos rescatadores casuales pierdan sus vidas es un gran dilema para los expertos. El reto es doble: además que desde niños se los guía para actuar de manera altruista en situaciones de vida o muerte, tenemos una tendencia a sobrestimar nuestras habilidades en el agua, mientras minusvaloramos el riesgo que representa un rescate. Igualmente desconcertante de entender es por qué la víctima a menudo sobrevive, y el rescatador fallece.

John Pearn, pediatra en el Royal Children’s Hospital de Brisbane, y Richard Franklin miembro investigador de la Royal Lifesaving Society en Australia, fueron los primeros en estudiar el síndrome AVIR y el autor de “El impulso de rescatar”. Explican que nuestros impulsos altruistas se aprenden primariamente cuando niños y se refuerzan en la vida adulta.

“Todas las sociedades alaban el altruismo y el coraje. En la Commonwealth, las naciones otorga su mayor distinción, la “Cruz Victoria” y la “Cruz George” a aquellos que intentan salvar la vida de otros encarando un riesgo de muerte”.

Este “Impulso de rescatar“, afirma, es particularmente fuerte cuando afecta a la familia. “En estos casos, la sangre es más fuerte que el agua”, explica la psicólogo Sara Chatwin, “cuando las emociones y los lazos familiares se unen con la necesidad de actuar, el impulso se hace mayor y más urgente.

Pearn y Franklin creen que debemos aceptar que es virtualmente imposible contener este reflejo de rescate. En su lugar, afirman, debemos enfocar nuestra energía en proporcionar a las personas las habilidades necesarias que se necesitan para hacer un rescate con seguridad.

“Es importante darse cuenta de que ningún Socorrista entrenado hará un rescate sin su material de rescate flotante”, dice Teresa Stanley, de WaterSafe Auckland. Una persona que se ahoga intentará agarrarse instintivamente para poder salir y respirar y si lo hace con el rescatador puede sumergirlo y ponerle en peligro.

Stanley cree firmemente que en las clases de natación, todos los niños y padres deben aprender habilidades básicas de seguridad en el medio acuático, incluyendo la capacidad de rescatar a otros sin poner sus vidas en peligro.

Es necesario promover rescates sin contacto con la víctima, ayudándose de elementos flotantes, afirma, lo que incluye intentar alcanzar a una persona desde un lugar seguro utilizando una rama o lanzando una cuerda o salvavidas o una ayuda flotante improvisada y, sólo como último recurso, intentar un rescate con una tabla de surf o una canoa. Esta técnica se conoce como: Alcanzar-Arrojar-Remar.

El Dr. Kevin Moran, Profesor de la Universidad de Auckland, lleva más de una década estudiando las conductas y actitudes de los neozelandeses en relación con el agua. Como co-autor de: “Disposición para Rescatar: La percepción de los testigos presenciales de su capacidad para responder en una emergencia por ahogamiento“, explica que las habilidades de natación y rescate se han venido incluyendo tradicionalmente como componentes del currículo formativo de la educación física en la escuela. Por el contrario, afirma, se ha hecho muy poco esfuerzo en evaluar si estos contenidos nos proporcionan la formación adecuada para intentar un rescate acuático.

Una encuesta de ámbito nacional entre los jóvenes de Nueva Zelanda, publicada en 2008, encontró que uno de cada tres consideraban que no tenían habilidades para intentar un rescate y más de la mitad expresaron dudas sobre su capacidad para hacer un rescate en el mar.

El pasado año, Moran encuestó a los participantes en el Festival Pasifika sobre cómo reaccionarían si vieran una persona en peligro en el agua. Los resultados, detallados en el artículo citado, son preocupantes. Sólo el 30% de los encuestados contestaron que intentarían alcanzar un objeto flotante a la víctima y casi la mitad afirmaron que entrarían en el agua para intentar un rescate, incluyendo más de la tercera parte de aquellos que respondieron que no eran capaces de nadar 100 metros.

“Esto sugiere que cuanto menos capaz sea una persona de realizar un rescate, estará en mayor riesgo de ahogarse por no saber reconocer sus limitaciones”.

Es alarmante, dice Moran, que la opción menos elegida por los encuestados, usar un recurso flotante, se considera que es la mejor actuación en la mayoría de los rescates en aguas abiertas.

Mientras el equipamiento público de rescate no está tan presente en Nueva Zelanda como en otros países, WaterSafe Auckland trabaja para instalar salvavidas en las áreas de mayor riesgo, explica Stanley. “En los últimos cinco años hemos llevado a cabo el proyecto “Angel Rings“, instalando salvavidas para incrementar la seguridad entre los pescadores que utilizan las zonas rocosas. Ya se han usado con éxito para salvar a pescadores que han caído de las rocas y también hemos instalado algunos en las zonas costeras de Auckland”.

Pero si proteger a los rescatadores del ahogamiento requiere entender realmente el comportamiento humano, además de mejor educación, incluyendo la difusión de las técnicas de rescate sin contacto con la víctima, ello no responde a la pregunta de por qué la primera víctima, es decir, la persona que necesita ayuda y precipita el rescate, a menudo sobrevive mientras que su rescatador no.

La teoría más comúnmente aceptada es que los rescatadores se agotan mientras intentan alcanzar y soportar a la víctima que se debate en el agua y que posiblemente sumerge al rescatador en un intento instintivo de mantenerse a flote.

Nuevas investigaciones sobre las corrientes de resaca, responsables de la mayoría de los incidentes en nuestras costas pueden también ofrecer algunas claves. Si fotografiamos una corriente de resaca, lo más probable es que veamos una larga lengua de agua, moviéndose hacia dentro del mar. Sin embargo, esta visión convencional se ha sacudido en los últimos años gracias a las investigaciones Jamie MacMahan, profesor de oceanografía de la Escuela de Postgrado Naval de California.

MacMahan colocó GPS flotantes en las corrientes y trazó sus trayectorias, descubriendo que se asemejan más a remolinos que circulan a través de las olas. Su investigación concluyó que si una persona atrapada en una corriente de resaca es capaz de mantenerse a flote en el agua, “hay un 90% de posibilidades de que sea devuelta a la orilla en aproximadamente tres minutos”. Su experimentos con GPS para trazar las corrientes se han repetido en Nueva Zelanda con resultados similares. Esto podría explicar por qué los rescatadores que se agotan mientras sujetan a una víctima agitada se ahogan, mientras que la víctima es devuelta a aguas someras con vida.

Por supuesto, no todos los rescates realizados por los testigos fortuitos acaban en tragedia. El 3 de Febrero de 2014, Brendon Pooley, de Pukeoke estaba en la playa de Kariotahi con su mujer y sus cuatro hijos, fue abordado por una adolescente aterrorizada porque dos de sus amigos estaban atrapados en una corriente de resaca. Su primera respuesta fue enviar a por ayuda, su mujer condujo hasta un lugar en dónde tener cobertura con el teléfono y contactó con el servicio de emergencias. Mientras tanto, Pooley entró en el agua con la tabla de bodyboard de uno de sus hijos y tras 20 minutos de búsqueda logró alcanzarlos. Uno consiguió llegar a la orilla por sí mismo mientras Pooley ayudó con su tabla al segundo, ya exhausto.

A la larga, asegurar que más rescatadores eventuales como Pooley sobreviven, significará que estamos enriqueciendo a los neozelandeses con el conocimiento y la capacidad de tomar decisiones correctas en situaciones críticas en el agua, afirma Stanley.

Caleb Starrenburg es un escritor freelance y pertenece de la patrulla de Socorrismo en la playa de Bethells de Ackland. @cstarrenburg

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http://www.stuff.co.nz/national/9574440/Would-be-rescuers-losing-their-lives

Luis Miguel Pascual y el Dr. John Pearn en el Memorial por los irlandeses fallecidos en la I Guerra Mundial. durante el Congreso de “The Lifesaving Foundation”, en 2012

Would-be rescuers losing their live

CALEB STARRENBURG, SEAN WILLIS/Fairfax NZ

In the late afternoon of January 4, 2009, New Zealand Warriors back-rower Sonny Fai drowned at Bethells Beach while saving his 13-year-old brother. Fai’s body was never found; his brother made it to shore safely. Three years later, 54-year-old Peter Apaapa drowned while rescuing his son and nephew, who got into trouble collecting pipi at Te Puna beach in Tauranga. The children, assisted by Apappa, made their way back to shallow water unharmed. On November 4 last year, as family members gathered in Hawke’s Bay to celebrate a wedding, Sage Smith, 22, and his nephew, 7-year-old Kustom Blandford, drowned during a desperate attempt to save Kustom’s sister, Ocean, from the surf at Iwitea beach. Ocean survived.

Rescuers are losing their lives while saving a drowning person – often a relative – with tragic frequency in New Zealand. Between 1980 and 2012, 81 people drowned while attempting a rescue. The phenomenon is so widespread it is referred to as aquatic victim-instead-of-rescuer, or AVIR, syndrome.

In 2012 alone, six New Zealanders drowned while performing a rescue – they include 15-year-old Zebedee Pua, who lost his life as he helped a young girl to shore at O’Neills Beach on Auckland’s west coast, and 59-year-old Peter Lewis who drowned while trying to save his dog from an Auckland lake.

The situation is similar in Australia, where between 1992 and 2010, 103 people drowned while attempting to save a life. In three-quarters of these cases, the person they had been attempting to rescue survived.

What can be done to prevent rescuers sacrificing their lives has proven a dilemma for water safety experts. The challenges are twofold – not only are we wired from a young age to act altruistically in these sorts of life-and-death situations, but we have a tendency to overestimate our ability in the water, while underestimating the danger it poses. Equally perplexingly to understand is why the person being rescued so often survives when their rescuer does not.

John Pearn, senior paediatrician at Royal Children’s Hospital in Brisbane, and Richard Franklin, senior research fellow at the Royal Lifesaving Society in Australia, pioneered study into AVIR syndrome and are authors of “The Impulse to Rescue”. They explain our altruistic impulses are learned primarily in childhood and further reinforced in adult life. “Every society lauds altruism and courage. In the British Commonwealth, nations bestow their highest accolades, the Victoria Cross and the George Cross, upon those who attempt to save the lives of others in the face of mortal risk.”

This “rescue impulse” is particularly strong, they say, when it comes to family. “It is a case of ‘blood being thicker than water’,” explains psychologist Sara Chatwin, who says when emotional and family connections are coupled with the need to act, the driving force becomes greater and more urgent. Pearn and Franklin believe we must accept it is virtually impossible to counter the reflex to rescue. Instead, they say, we should focus our energy on giving people the skills they need to perform a rescue safely.

“It’s important to recognise no trained lifeguard would ever perform a rescue without a flotation device,” says Teresa Stanley of WaterSafe Auckland. This is because a drowning person will instinctively clutch at and even push underwater their would-be saviour. Alongside swimming lessons, all children and parents should be learning basic water safety skills, including the ability to rescue others without putting themselves in danger, Stanley believes.

We need to be promoting non-contact rescues using buoyancy aids, she says. This can include trying to reach a person from a safe place on land using a tree branch, throwing a rope, life preserver or improvised buoyancy aid, and as a last resort attempting a rescue on a surfboard or paddle craft. This is often referred to as the Reach, Throw, Row approach.

Dr Kevin Moran, a principal lecturer at the University of Auckland, has spent more than a decade researching New Zealanders’ behaviour and attitudes around water. The co-author of “Readiness to Rescue: Bystander Perceptions of Their Capacity to Respond in a Drowning Emergency“, he explains rescue skills have traditionally been taught within the swimming and lifesaving component of schools’ physical education syllabus. However, he says little effort has been put into assessing whether this syllabus has properly equipped the public to engage in safe rescues. A nationwide water safety survey of New Zealand youth, published in 2008, found one third considered they had no rescue ability, and more than half expressed doubts about their ability to perform a surf rescue.

Moran recently surveyed people gathered at the annual Pasifika Festival, asking how they would react if they saw someone struggling in the water. The findings – detailed in Readiness to Rescue – are concerning. Only 30 per cent of those surveyed said they would try to get a flotation device to a victim, and almost half indicated they would jump in and attempt a rescue. This included more than one third who reported they could not swim 100 metres.

“This suggests the least-capable would-be rescuers may be at greater risk of drowning by failing to recognise their limitations”. Alarmingly, says Moran, the least frequently indicated response, using a flotation device, would be the best course of action in most open water situations.

While public rescue equipment is not as prevalent in New Zealand as in some other countries, WaterSafe Auckland has been working to install rescue buoyancy aids in high-risk areas, Stanley says. “For the last five years we have installed Angel Rings on Auckland’s West Coast to promote safety for rock fishers,” Stanley says. “These have already been used successfully to save fishers washed off the rocks. There are now some around the Auckland waterfront as well.”

But if preventing rescuers from drowning requires a realistic understanding of human behaviour, alongside better education, including the promotion of non-contact rescues skills, it doesn’t answer the question of why the primary victim – the person who needed saving – so often survives when their rescuer does not. The most commonly held theory is that people are exhausting themselves while attempting to reach and support struggling swimmers, who then push their rescuer underwater in an involuntary effort to stay afloat.

New research into rip currents, responsible for the majority of drowning incidents on our beaches, may also provide clues. Picture a rip current, and chances are you’ll envisage a long plume of water, rolling out to sea.

However, this conventional view of a rip has been shaken up in recent years by the work of oceanography professor Jamie MacMahan, from the Naval Postgraduate School in California.

By placing floating GPS units in rips and tracking their progress on a laptop, MacMahan discovered the currents more closely resemble whirlpools that circulate through the surf. His research concluded if you tread water “there’s a 90 per cent chance of being returned to shore within about three minutes”. His experiments with GPS trackers have since been repeated in New Zealand, with similar results. This may explain why rescuers who tire themselves supporting a struggling swimmer drown before the initial victim is circulated safely back to shallow water.

Of course, not all bystander rescues result in tragedy. On February 3 last year, Pukekohe father-of-four Brendon Pooley saved two men from the surf at Kariotahi beach. Pooley was preparing to leave the beach with his wife and children at around 7.30pm when he was approached by a panicked teenager. Two of the teen’s friends had been swept out to sea in a rip.

Pooley’s first response was to send for help. His wife drove to the top of a hill to find reception on her phone and contacted emergency services. Pooley meanwhile entered the water with one of his children’s bodyboards. After 20 minutes searching in the dark he was able to reach the missing men. One was able to make his own way back to shore, while Pooley assisted the second exhausted man using his bodyboard as flotation.

Ultimately, ensuring more rescuers such as Pooley survive means arming New Zealanders with the knowledge and critical thinking skills required to make correct decisions around water, Stanley says.

Caleb Starrenburg is a freelance writer and member of Bethells Beach Surf Life Saving Patrol in Auckland

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