A Federación revuelta…. Socorristas arrastrados

En los últimos meses hemos venido asistiendo a toda una serie de acontecimientos relacionados con la gestión y funcionamiento de las Federaciones Deportivas de Socorrismo, y particularmente de la Federación Andaluza de Salvamento y Socorrismo (FASS), que afectan tanto a los aspectos organizativos y de gestión, como a los deportivos y a la formación de Socorristas Profesionales. Asimismo, FASS se ha visto envuelta en varias reclamaciones judiciales promovidas por empresas privadas que alegaban diversas irregularidades y defectos graves en las informaciones y publicidad de los Cursos de formación de Socorrismo Profesional así como también respecto a los procesos de “homologaciones”, “convalidaciones” o similares. En ellas presuntamente se atribuían a los certificados expedidos por FASS y algunas de sus empresas colaboradoras una mayor validez frente a otras acciones formativas, así como también por la expedición de licencias de ámbito estrictamente deportivo para la actividad profesional de los socorristas.

Recientemente hemos tenido conocimiento de varias resoluciones administrativas y judiciales al respecto, parte de esa documentación puede consultarse en este enlace. También la Asamblea General de la Federación Española de Salvamento y Socorrismo (FESS) intentó el pasado año desintegrar a la FASS , lo que fue contestado por la FASS en un comunicado aludiendo (ver comunicado) a su paralización ante un proceso contencioso abierto. Finalmente, la FESS ha aprobado el pasado 27 de Marzo la desintegración de la FASS (ver noticia),

Vamos a hacer un intento de resumen de los puntos relevantes de todo este embrollo, que con todas las reservas, sería más o menos el siguiente, dada la complejidad del asunto y sus posibles repercusiones jurídicas:

– El presidente de FASS ha sido inhabilitado por un año.

– La Junta de Andalucía ha nombrado una Junta Gestora y FASS tiene que repetir todos los procesos electorales desde el año 2000.

– Esta Junta Gestora tiene también que hacer una auditoría económica. Según algunas informaciones, aunque no hemos podido confirmarlas, FASS presuntamente tendría una deuda superior a 500.000€.

– La FESS desintegra a la FASS, es decir la separa de su estructura, y asume la gestión deportiva en Andalucía, aunque al parecer, que por un proceso contencioso-administrativo esta acción está paralizada de momento.

– Tanto la Junta de Andalucía como el Defensor del Pueblo Andaluz han emitido resoluciones contra la FASS y otras empresas asociadas, por utilizar logotipos oficiales de forma fraudulenta en las acciones de formación, así como por información no veraz en la publicidad de los cursos, como indicar que tenían reconocimiento oficial o mayor validez.

 

No es el objetivo de esta entrada tratar los aspectos ni de organización interna, ni de la relación entre las Federaciones; ni tampoco los aspectos relativos a las actividades deportiva y de competición del Salvamento Deportivo, que son de competencia exclusivamente federativa, sino que queremos intentar analizar lo que puede suponer en particular todo este batiburrillo para el Socorrista Profesional que se formó con FASS o alguna de las empresas que tenían acuerdos de formación y para todos aquellos que tienen un certificado de formación como Socorrista Profesional avalado por FASS.

En definitiva, surgen preguntas como las siguientes:

– ¿Qué ocurre con los Certificados de formación como Socorrista Profesional avalados por la FASS?.

– ¿Tienen estos certificados validez y serán reconocidos para el ejercicio profesional?.

– ¿Tienen los afectados que hacer alguna acción para asegurar su ejercicio profesional con dichos certificados?.

 

Empecemos por decir que en Andalucía no existe una normativa que regule el ejercicio del Socorrismo Profesional, -como sí existe en Galicia, por ejemplo-, y tampoco un registro de profesionales sanitarios en el que hayan de registrarse, -como sí lo hay en Madrid- y que, en la práctica, se admite prácticamente cualquier certificado de formación no reglada.

Merece la pena detenernos en el contenido del comunicado de FASS publicado el 19/02/2016. En él se dice textualmente lo siguiente:

“Respecto a las formaciones relacionadas con el salvamento y socorrismo, SALVANDO SU CARÁCTER DE HABILITACIÓN VALIDA A EFECTOS LABORALES -E INDEPENDIENTEMENTE DE SU MAYOR O MENOR CALIDAD Y CONTENIDO EN FUNCIÓN DE LAS HORAS, MATERIAS Y EXPERIENCIA DEL PROFESORADO QUE LA IMPARTE, para que tengan carácter federativo OFICIAL EN EL ÁMBITO DE ANDALUCÍA tienen que estar canalizadas por la Federación Andaluza de Salvamento y Socorrismo, careciendo de validez FEDERATIVA OFICIAL EN EL ÁMBITO DE ANDALUCÍA aquellas formaciones de empresas privadas que haciendo uso de LA EXCLUSIVA Y ÚNICA APROBACIÓN BAJO EL ÚNICO logo EXCLUSIVO de la Federación Española no hayan homologado su formación DE ACUERDO A LOS CRITERIOS FORMATIVOS Y DEPORTIVOS DE la Federación Andaluza de Salvamento y Socorrismo en territorio Andaluz.”

Lamentablemente, este párrafo tiene una redacción que puede dar lugar todavía a una mayor confusión, pero cuando se lee con detenimiento, vemos que hay dos partes bien diferenciadas:

Por un lado, la segunda parte del comunicado (marcada en verde) indica que la formación no tiene validez en el ámbito federativo -aclaremos: exclusivamente en el ámbito deportivo y organizativo interno de la FASS o de su relación con el resto de las estructuras federativas-, salvo que dicha acción formativa estuviera homologada por la FASS o cumpla con sus criterios formativos, -insistimos, del ámbito deportivo-, por tanto, esto no debería afectar en manera alguna al ejercicio profesional del Socorrismo.

Por otro lado, las primeras líneas, que están marcadas en rojo, indican que los certificados tienen una habilitación válida para el ejercicio profesional. Es decir: si obtuviste la certificación de Socorrista Profesional y tu “diploma” lo ha expedido la FASS, podrás seguir trabajando como hasta ahora. Del mismo modo, si el certificado lo expidió directamente alguna de las empresas, en lugar de la FASS, tendrá exactamente la misma validez dentro del ámbito laboral, como formación no reglada.

Una vez más, recordar lo que el Consejo Superior de Deportes dijo ante una consulta al respecto: “Las personas que superen el curso de socorrista acuático de la Federación Andaluza de Salvamento y Socorrismo (FASS) obtendrán un Diploma y NO una titulación oficial y por tanto la validez y legalidad de dichas acciones se amparan en el ámbito del Derecho privado”. Tampoco está de más consultar esta página del CSD acerca de las homologaciones, convalidaciones, equivalencias y correspondencias.

Y volvemos a insistir: todas las certificaciones o diplomas de formación no reglada tienen la misma validez en el ámbito laboral, sea cual sea la entidad que los expida.

Ahora bien, hay un punto a destacar en la alusión que la FASS hace en su comunicado respecto a esta formación, cuando se refiere a “su mayor o menor calidad y contenido en función de las horas, materias y experiencia del profesorado que la imparte”.

Porque ese es precisamente el aspecto que debería de marcar la gran diferencia a la hora del ejercicio profesional. Porque desde ese mismo ámbito federativo se debería haber apostado por la calidad y ser en la referencia formativa del sector; mimbres de sobra tenían para ello.

Sin embargo, hace más de 20 años, fueron otras entidades las que dieron el salto y ahora ocupan esa posición de referencia; algunas en la gestión del Socorrismo como un negocio empresarial honesto que puede generar beneficios sin perder de vista los principios y protocolos por los que se rige nuestra actividad, -y aquí podríamos citar unas cuantas personas y empresas-; y otras en cuanto a la generación de contenidos técnicos y docentes, -y aquí también podríamos citar otras tantas, incluso federativas-. Lamentamos decir que, aparentemente, menos de las que serían deseables están en el ámbito federativo que, a pesar de lo que por su historia podría ser, dista mucho de ser la referencia técnica del sector mientras que entidades pequeñas y de ínfimos recursos como la Escuela Segoviana de Socorrismo, sí han contribuido a elevar de modo significativo el nivel profesional de sus contenidos formativos, técnicos o de prevención.

No en vano, en la Escuela Segoviana de Socorrismo llevamos ya muchos años (desde 1996) diciendo que lo primero que hay que mirar del diploma de Socorrismo es la parte de detrás y el programa de formación, dónde vienen reflejados los contenidos, horas reales de formación, el perfil del profesorado  y el ámbito profesional para el que sirve la formación impartida.

En segundo lugar, como en cualquier puesto de trabajo, hay que evaluar los conocimientos y capacidades reales del Socorrista. Porque su capacitación y desempeño dependen no sólo de la calidad de la formación recibida, que es un factor importante, sino también del propio Socorrista, de cómo haya sido su interés por formarse adecuadamente, aprender de sus profesores y mantener sus conocimientos frescos y al día. Ya en 1998 la ESS publicó un estudio sobre el Perfil del Socorrista Profesional de Segovia que destacaba que el factor del interés personal era el que mostraba tener más peso en la calidad profesional del Socorrista.

Sin embargo, la cada vez mayor oferta de cursos “low-cost”, a distancia, o totalmente “on-line”, que lo que fomentan es poco más que el intercambio de dinero por un certificado, tiran por tierra cualquier interés que pueda tener un futuro Socorrista de trabajar duramente para formarse en condiciones. ¿Para qué hacerlo si es más cómodo y barato pagar y listo?.

Que la FASS haya estado, según parece, 15 años haciendo de su capa un sayo; que desde el ámbito federativo se siga mezclando insistentemente el deporte con la profesión; se sigan ofreciendo las “licencias” para ejercer la actividad profesional (aunque se ofrezcan lo que en realidad son cuotas de asociado, como “licencias profesionales” aliñadas con un seguro de responsabilidad civil, algo que ni es obligatorio ni parece necesario); que se siga promulgando la falsa mayor validez de unas u otras certificaciones; que se continúen ofreciendo “convalidaciones” y “homologaciones” de certificados de otras entidades, que en realidad son cursos de 25 ó 30 horas, que sin perjuicio de la formación que impartan, en la práctica suponen cambiar el certificado actual por otro certificado de validez similar al que ya se tenía (por cierto, con una tasa nada barata por cierto, entre 180 y 230€). En fin, nada de eso ayuda a clarificar el panorama.

Que tantas empresas privadas sigan ofreciendo formación que no cumple, por ejemplo, los requisitos exigidos por la normativa de la Comunidad de Madrid y que la respuesta de la administración que luego los valida se diga que no pueden hacer nada; que no haya ni siquiera una mínima labor inspectora que verifique los casos que se denuncian porque ya de entrada la propia publicidad del curso incumple de modo flagrante dicha normativa; que el Socorrismo siga sin una regulación que cubra todo el ámbito estatal y que las comunidades autonómicas vayan cada una por su lado, planteando un intrincado panorama de desigualdades y quebraderos de cabeza para Socorristas y empresas; que los convenios recorten los sueldos y se cuestione la necesidad del Socorrista o le asignen otras funciones… y podríamos seguir enumerando puntos… Todo eso no augura nada bueno ni para el Socorrismo como profesión, ni como sector laboral, ni como actividad técnica y docente y se refleja claramente en los cursos de formación. El alumnado de los Cursos de Socorrismo ha caído una media del 50% en los últimos cinco años, y eso como mínimo.

Es el momento de que este embrollo se aclare de una vez, y que cada vez más desde el sector se haga presión al respecto. Es el momento de exigir que el Socorrismo Profesional tenga un reflejo normativo que sea uniforme en toda España, contemplando las diferentes necesidades de los distintos entornos acuáticos y que el sistema de formación y contenidos y su evaluación esté regulado y se gestione de manera uniforme, (sin obviar la vía de la formación reglada a través de los módulos de formación profesional o los certificados de profesionalidad, que dan de sí para una entrada aparte).

Muchas veces hemos debatido, aunque sin coincidir en su idoneidad, acerca de un sistema similar al de las autoescuelas, en dónde el contenido de la formación está regulado, cuenta con varios niveles y dónde la evaluación y la certificación las lleva a cabo un sistema externo e independiente del formador. Con la perspectiva actual quizá no sea tan descabellado que se implemente un sistema parecido en Socorrismo Profesional.

 

La responsabilidad del Socorrista.

 

No queremos cerrar esta entrada sin apelar a los propios Socorristas. Son muchas las consultas que todos los años recibimos preguntando por éstos y otros aspectos y la mayoría son reiterativas. Sentimos decirlo, pero a veces nos preguntamos si es que los Socorristas somos tontos en el aspecto laboral. ¿Es que no sabemos buscar y leer el convenio que regula nuestra actividad y establece las tablas salariales, la jornada y otros aspectos cruciales que debemos conocer?. ¿Es que por el hecho de ser mayoritariamente una actividad temporal o estacional tenemos que soportar condiciones laborales que en cualquier otro sector similar (p.e. la hostelería) pondrían a los sindicatos en pie de guerra?. ¿Por qué caemos en la trampa de la “validez”; las “convalidaciones”; las licencias; o tragarnos sin más los: “este diploma aquí no vale”…?, etc., etc.

Socorrista Profesional: ¡No te dejes engañar por las medias verdades y las redacciones ambiguas!.

¡Infórmate!; ¡Pregunta!; ¡Consulta!; ¡Ve a Consumo!; ¡Exige!; ¡Denuncia, si es necesario!. ¡Pero no piques!.

Y sobre todo: no compres un papel, porque mañana puedes caer en la impericia, al no saber lo que por tu posición profesional deberías dominar, y estamos hablando de vidas. ¡Compra la mejor formación que puedas; la estás pagando y debes exigir que sea excelente!.

El fin de las Licencias Federativas para los Socorristas Profesionales.

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“Soy Socorrista por la Federación, se acerca el verano y estoy pensando en que ya tengo que pagar la renovación de la Licencia. Durante años he renovado mi licencia federativa anual, entre otras razones, porque en mi Diploma figura la frase: no es válido si no se acompaña de la Licencia federativa anual.”

La inmensa mayoría de los socorristas federativos siguen hoy todavía adquiriéndola todos los años, en gran parte motivados porque los inspectores sanitarios y los empleadores la solicitan como una justificación de “estar al día“.

Pero, ¿es obligatorio tener Licencia?.

Pues bien, la respuesta es: rotundamente NO.

Y es más, casi con toda probabilidad, la expedición de licencias federativas deportivas para Socorristas Profesionales no es legal.

Y esto no es un asunto nuevo. En 1997, apenas un año después de su creación, la Escuela Segoviana de Socorrismo presentó una queja ante el Procurador del Común de Castilla y León por actuaciones obstruccionistas de la Federación Autonómica FECLESS. Los fundamentos jurídicos de la respuesta del Procurador (informe Anual 1998, pag. 1466 y ss.) no dejaron lugar a dudas en cuanto a la validez de las titulaciones de Socorrismo no federativas y ya ponían en cuestión la licencia federativa por “el acceso al empleo de forma discriminatoria y carente de justificación, dado el carácter no oficial de las enseñanzas de Socorrismo y por ende de los documentos acreditativos de su superación“.
Desde entonces AETSAS,  ESS y muchas otras organizaciones, hemos explicado con pelos y señales que la formación en Socorrismo que imparten las Federaciones tiene exactamente la misma validez que las del resto, ni más ni menos.
Sin embargo, muchas Federaciones han seguido (y todavía siguen) aireando la “oficialidad y validez” de su formación frente al resto, imprimiendo en sus diplomas la famosa frase que citábamos anteriormente y expidiendo una Licencia deportiva para una actividad profesional que no tiene absolutamente nada de deporte.

Pues bien, todo esto que ya sabíamos pero que parecía que no había manera de aclarar, acaba de dar un drástico giro gracias a la perseverancia de Seguriocio, de Málaga, una empresa privada de socorrismo con dirigida por Jorge Fernández, Socorrista, formador y empresario con una dilatada trayectoria profesional y seriedad contrastada. Seguriocio denunció a la Federación Andaluza de Salvamento y Socorrismo (FASS) por presunta publicidad engañosa, por la utilización irregular de logotipos de la Junta de Andalucía en sus cursos y por la expedición de licencias deportivas para una actividad profesional.

Las respuestas tanto de la administración andaluza, como del Defensor del Pueblo andaluz y del Consejo Superior de Deportes han sido demoledoramente clarificadoras.
Aquí puedes encontrar un resumen de los informes dónde puedes leer en detalle las diferentes actuaciones y los fundamentos jurídicos derivados de estas denuncias que, por fin, han aclarado y puesto en el sitio que les corresponde a las Federaciones en cuanto a la formación de Socorristas Profesionales y las polémicas licencias.

En resumen, las diferentes actuaciones vienen a concluir lo siguiente:
– La FASS ha utilizado de modo fraudulento o engañoso logotipos de la Junta de Andalucía en la publicidad de sus acciones de formación, que no estaban amparadas por la Administración y por ello está inmersa en un proceso sancionador.

– Las Federaciones NO PUEDEN EXPEDIR LICENCIAS para la actividad de Socorrista Profesional, (puesto que las licencias únicamente son para la actividad deportiva, no profesional)

– Las Federaciones NO PUEDEN CONVALIDAR U HOMOLOGAR certificados de otras entidades formativas (y aún menos para otorgar un certificado presuntamente de “mayor valor”). 

– La formación en Socorrismo impartida por las Federaciones, tiene exactamente la misma validez que la de cualquier otra entidad, siendo de carácter privado, no reglada y sin validez oficial.

– Por tanto, un diploma de Socorrista federativo no tiene ninguna ventaja, prerrogativa o mayor nivel o valor que cualquier otro.

-Además, la formación en Socorrismo impartida por las Federaciones no está amparada por las normativas que regulan la formación de técnicos deportivos, ni cumple sus requisitos.

– Los Socorristas Profesionales no son Técnicos Deportivos (y los Técnicos Deportivos no son Socorristas Profesionales, salvo que cumplan los requisitos de formación exigidos por las normativas que los regulan).

¿Cómo influirá todo esto en los Socorristas Federativos?.

Sinceramente, creemos que, aparte de que las Federaciones perderán miles de cuotas por expedición de Licencias (e irónicamente, quizá necesiten un “rescate”), tendrá muy pocas consecuencias para los Socorristas Profesionales.
Las Federaciones apenas si se han preocupado del Socorrismo Profesional más que como una fuente de ingresos y sólo algunas honrosas excepciones han estado involucradas en el desarrollo que el Socorrismo Profesional y sus técnicas han tenido en los últimos veinte años.
La mayor parte de los avances en Socorrismo se han generado a través de organizaciones no federativas que son quienes desde hace mucho abanderan los avances y sustentan la evidencia científica que hace progresar el Socorrismo Profesional.
Más bien parece que la mayoría de las Federaciones se han dedicado a obstaculizar y despreciar a todos los demás en lugar de potenciar el Socorrismo Deportivo como una vía para que los jóvenes accedan al Socorrismo Profesional con una base sólida de habilidades en el desempeño acuático, y eso a pesar de que diversos estudios concluyen que el Socorrismo Deportivo no tiene una transferencia directa con las habilidades que se necesitan en el plano profesional.

Así que si eres Socorrista federativo, piensa que el dinero que te costaría la licencia de este año puedes muy bien invertirlo en una actualización o formación complementaria en Socorrismo Profesional que sea seria, de calidad y te aporte valor añadido como Profesional del Socorrismo.

Alerta sobre las “convalidaciones” de títulos de Socorrista Acuático

El portal www.socopro.info ha publicado un esclarecedor artículo que ponen en su sito es estado de la formación en Socorrismo en España y la validez de las diferentes certificaciones, y que además de validar la línea que la Escuela Segoviana de Socorrismo lleva defendiendo desde su creación el 1996, denuncia las prácticas cuando menos, moralmente cuestionables, de la Federación Andaluza de Salvamento y Socorrismo respecto a la publicidad de sus cursos y la oferta de “convalidaciones” de formación impartida por otras entidades por la Federativa. 

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El artículo es de obligada lectura  para todo Socorrista y por ello lo reproducimos íntegro en esta entrada. 

Según el Consejo Superior de Deportes las convalidaciones de los mal llamados “títulos” que son realizados por las Federaciones Deportivas de Salvamento y Socorrismo a nivel nacional o autonómico, al tratarse de una formación de carácter privado, tienen derecho a establecer criterios de convalidación de las asignaturas o de formaciones realizadas en otras entidades privadas, NO a convalidar los “títulos”, ya que los procesos de convalidación de “títulos” realizados por la Federaciones Deportivas de Salvamento y Socorrismo están referidos a los cursos de socorrista y se circunscribe a las actividades privadas propias de la Federación recogidas en sus Estatutos, para la que están habilitadas por la Ley 10/1990, de 15 de octubre, del deporte y en el Real Decreto 1835/1991, de 20 de diciembre, de Federaciones Deportivas Españolas y Registro de Asociaciones Deportivas; no es por tanto, una función pública de carácter administrativo delegada,donde el Consejo Superior de Deportes NO puede ejercer control alguno y por tanto la validez y legalidad de dichas acciones se amparan en el ámbito del derecho privado.

Tenemos que indicar respecto a las convalidaciones, que existe un gran desconocimiento en los usuarios y en el sector profesional. El Ministerio o las Consejerías de Educación solo pueden convalidar enseñanzas formales y/o regladas. El hecho de que una Federación Deportiva u otra entidad “convalide”, lo único que significa es que lo está reconociendo, lo que no le otorga más validez, pero si vulneran el derecho a la información de usuarios de centros privados de enseñanza, al utilizar denominaciones establecidas para centros docentes. Ley 34/1988, de 11 de noviembre, General de Publicidad:

·      Artículo 2. A los efectos de esta Ley, se entenderá por:

– Publicidad: Toda forma de comunicación realizada por una persona física o jurídica, pública o privada, en el ejercicio de una actividad comercial, artesanal o profesional, con el fin de promover de forma directa o indirecta la contratación de muebles o inmuebles, servicios, derechos y obligaciones.

– Destinatarios: Las personas a las que se dirija el mensaje publicitario o a las que éste alcance.

·      Artículo 4. Es engañosa la publicidad que de cualquier manera, incluida su presentación, induce o puede inducir a errores a sus destinatarios, pudiendo afectar a su comportamiento económico, o perjudicar o ser capaz de perjudicar a un competidor.

Es asimismo engañosa la publicidad que silencie datos fundamentales de los bienes, actividades o servicios cuando dicha omisión induzca a un error de los destinatarios.

Según en la contestación del Defensor del Pueblo Andaluz, Jesús Maeztu Gregorio de Tejada Registro de Salida: 201400035399 del 12 diciembre 2014. Ref.: IG/JLV Nº: Q13/3400, dice que: “…. Comienza indicando que existe un “vacío legal… donde se dice que tiene un título no pasa de ser un certificado de una empresa de servicio que se dedica a dar formación… certificado que sólo les habilita trabajar con la empresa que se los expidió… comprobando que hay que darles clases que no han recibido… y si lo superan obtienen su titulación“. A este respecto, si bien es cierto que lo que estas empresasexpiden es un certificado de formación, no lo es menos que éste tiene la misma validez y efecto que la certificación expedida por la FASS, que no tiene la consideración de título reconocido ni homologado por la administración…”

En los cursos de las Federaciones Deportivas, serán las entidades contratantes y las comunidades autónomas, las que decidan quién puede ejercer como socorrista profesional, siendo las Comunidades Autónomas donde su legislación sobre la materia desocorrista acuático permite ejercer la labor profesional de un socorrista con una formación de carácter privado, dando lugar a la obtención de un diploma federativo y no unatitulación oficial.

Según el artículo 55.4 de la Ley del Deporte NO HABILITA a las Federaciones Deportivas a convalidar las enseñanzas deportivas de salvamento y socorrismo con las formaciones federativas ya que dicha competencia le corresponde a la administración central en virtud del artículo 149.1.30 de la Constitución.

Por lo que se debe aplicar en este sentido, al tratarse de una formación privada que loscentros privados quedan regulados por la Disposición Adicional Sexta de la Ley Orgánica 1/1990, de 3 de Octubre, de Ordenación General del Sistema Educativo,que modifica el artículo 24.1 de la Ley Orgánica 8/1985, de 3 de Julio, reguladora del derecho a la Educación, determina la sujeción de las normas del derecho común de los centros privados que impartan enseñanzas que no conduzcan a la obtención de un título con validez académica, prohibiendo a dichos centros, la utilización de denominaciones establecidas para centros docentes, ni cualesquiera otras que pudieran inducir a error o confusión con aquellas, como son en este caso CONVALIDAR, HOMOLOGAR, TÉCNICO, OFICIAL, HABILITAR, RECICLAR,…. Ya que teniendo la misma validez parece absurdo el pago de 180€ por convalidar u homologar una serie de asignaturas.

A su vez, también se refleja en el Decreto 175/1993, de 16 de noviembre, por el que se regula el derecho a la información de los usuarios de Centros Privados de Enseñanza que expidan títulos no académicos que recoge que  los centros privados que impartan enseñanzas que no conduzcan a la obtención de un título con validez académica, prohibiendo a dichos centros, la utilización de denominaciones establecidas para centros docentes, ni cualesquiera otras que pudieran inducir a error o confusión con aquellas.

El derecho a la información de los usuarios de Centros Privados de Enseñanza que expidan títulos no académicos que recoge que  los centros privados que impartan enseñanzas que no conduzcan a la obtención de un título con validez académica, prohibiendo a dichos centros, la utilización de denominaciones establecidas para centros docentes, ni cualesquiera otras que pudieran inducir a error o confusión con aquellas.  Teniendo la obligatoriedad de:

·      Avisar en lugar destacado de la publicidad del carácter no oficial.

·      No denominar a la formación de forma que dé lugar a confusión.

Las Federaciones Deportivas en su “Totum Revolutum” nunca especifican si se circunscribe exclusivamente a las actuaciones dentro de su ámbito privado al ámbito deportivo o incluye también el ámbito profesional o se refiere a ambos ámbitos privados; el deportivo y el profesional.

Según en las recomendaciones emitidas por del Defensor del Pueblo Andaluz, dice que:“… En este punto es donde de forma más clara vienen a confundirse varios de los conceptos (titulaciones/certificaciones, ámbito deportivo/profesional y Técnico deportivo/Técnico profesional)….” Y también “… lo que prima es la faceta profesional del salvamento…. Y no es ese el espíritu de la norma a la hora de definir a una Federación Deportiva…..”

Que en la solicitud de medidas cautelares  previas nº 931.01/1 en el Juzgado de lo Mercantil nº 2 de Málaga, y sobre las cuales ha recaído Auto nº 684/14 dice lo siguiente: “… Acuerda con carácter temporal y hasta que se dicte sentencia firme, que los demandados deberán proceder a la retirada de la publicidad en cualquier medio en que sea utilizada de los logotipos y anagramas de la Junta de Andalucía y Unión Europea, incluso en las sedes, locales y carteles donde desarrollen su actividad, así como en los presupuestos que realicen para la captación de clientes para la prestación de servicios de socorrista. Asimismo, deberá procederse temporalmente por los referidos demandados a la retirada de cualquier referencia, en cualquier medio empleado, al carácter de “Título Oficial, Homologación, Respaldo por alguna administración pública” de los cursos de formación de socorristas, incluso del propio título que expide la FASS; así como de cualquier referencia a dicha cualidad en los presupuestos, publicidad o manifestaciones que se empleen para la captación de clientes…” para continuar diciendo que: “… Asimismo, se ha justificado el peligro que pueda suponer la espera durante la tramitación del procedimiento, dado que, de no acordarse el cese temporal de la publicidad con logotipos y anagramas oficiales, así como las referencias a Título Oficial, homologación o respaldo por administraciones públicas, puede causar un daño importante a la actora, que resultaría perjudicada frente a sus competidores, provocándole una importante pérdida de clientes por la información facilitada por los demandados. En este punto, es evidente que la presencia en la publicidad de los términos oficial, homologado, respaldado o de anagramas o logotipos oficiales, hacen más atractivos unos cursos respecto de otros que carezcan de los mismos, pudiendo provocar que la clientela se decante por los primeros, en detrimento de la actora. Asimismo, de estimarse la demanda, los clientes que hubieran contratado durante la tramitación del proceso lo habrían hecho sobre una posible publicidad engañosa. Por tanto, hasta que resuelva si el uso de estos términos o logotipos, es o no conforme a derecho, debe cesarse temporalmente en la utilización de los mismos; pues de no hacerlo, el daño que pudiera causarse a los clientes no podrá ser reparado por la sentencia que se dicte. En consecuencia, para garantizar la efectividad de la sentencia que pueda dictarse, es necesaria la adopción de las medidas solicitadas…” 

Las “CONVALIDACIONES”  no aparecen en los Estatutos de las Federaciones Deportivas, tratándose de una formación de carácter privado tienen derecho a establecer criterios de convalidación de las asignaturas o de formaciones realizadas en otras entidades privadas como así nos informan desde el CSD; pero tienen la obligatoriedad de especificar el carácter no oficial de las mismas y publicitando lo que se está realizando, no generando dudas en los consumidores sobre su validez al denominar a la formación de forma que dé lugar a confusión entre los usuarios y en el sector laboral.

Según el Secretario General para el Deporte, Dº Ignacio Rodríguez Marín, se adjunta respuesta a la consulta del pasado 10 de julio del 2014, en la que dice que: “… La formación objeto de las denuncias referenciadas en el encabezamiento de este escrito se refiere a la formación de los socorristas acuáticos, actividad profesional que se encuentra fuera del ámbito de competencias de la Administración deportiva, correspondiendo a la Consejería de Igualdad, Salud y Políticas Sociales, en virtud del artículo 25.1. Decreto 23/1999, de 23 de febrero, por el que se aprueba el Reglamento sanitario de las piscinas de uso colectivo.

En este marco se desarrollan los cursos de formación publicitados en la página web de laFASS cuya documentación se adjunta con las denuncias, en el sentido de que se trata de cursos en los que se imparten enseñanzas en materia de salvamento acuático y primeros auxilios, que sirven , en su caso , para ejercer la actividad profesional de socorrista, y que al estar fuera del ámbito del deporte, en ningún caso se encuentran respaldados, ni homologados, ni subvencionados por el Área de Deporte de la Consejería de Educación, Cultura y Deporte.

Conviene aclarar que en la actualidad no existen títulos en socorrismo acuático profesional, ya que aún no se ha aprobado el título oficial que estaría dentro del ámbito de la enseñanza reglada en el sistema educativo. Por tanto, los organismos o entidades que se dedican a impartir este tipo de formación y que en su caso deberán estar cualificados para ello por parte de quién gestiona la competencia en materia de socorrismo profesional, sólo expedirá certificaciones o diplomas como acreditación de la formación realizada. En consecuencia y conforme a lo dispuesto en el artículo 25.1. Decreto 23/1999, de 23 de febrero, “cualquier organismo competente o entidad privada cualificada” por la Consejería de Igualdad, Salud y Políticas Sociales podrá impartir y expedir la formación en materia de socorrismo acuático y acreditar mediante un certificado o diploma la superación de la misma, no teniendo por tanto la Federación Andaluza de Salvamento y Socorrismo ni la exclusividad, ni el monopolio de dicha formación, ni tampoco tiene la potestad para convalidar la formación que realicen otras entidades válidamente reconocidas por la Consejería de Igualdad, Salud y Políticas Sociales…..”

Según en las recomendaciones emitidas por del Defensor del Pueblo Andaluz, dice que:“… En otro punto se nos indica por la FASS en su informe que la diferencia entre el Salvamento Deportivo y el Profesional, es que “en el primero es donde se practican las técnicas de rescate en un medio no hostil y se comprueban su efectividad, si es el caso se traslada a la rama profesional”. Se puede llegar a entender con ello que para la FASS lo que prima es la faceta profesional del salvamento, sirviendo la práctica deportiva como ensayo o verificación de su efectividad para su aplicación al salvamento profesional. Y no es ese el espíritu de la norma a la hora de definir a una Federación Deportiva («… en cumplimiento de sus fines, que, básicamente, son la promoción, práctica y desarrollo de las modalidades deportivas propias de cada una de ellas» art. 19 Ley 6/1998, e «… integradas por clubes deportivos andaluces y, en su caso, por secciones deportivas, deportistas, entrenadores, técnicos, jueces y árbitros, para la práctica, promoción y desarrollo de sus modalidades deportivas» art. 24.1 Decreto 7/2000). Se continúa indicando que “la Consejería de Cultura y Deporte está trabajando junto con otras consejerías para unificar el criterio de formación de este colectivo”, cuestión que desde la Dirección General de Actividades y Promoción del Deporte se desmiente al indicar que “no se está desarrollando ningún trabajo de forma transversal con otras consejerías para unificar criterios de formación al carecerse de competencias en la actividad del socorrismo profesional…”

Por tanto, deberán adecuar la publicidad que dan a los cursos que viene convocando y publicitando en sus páginas webs, denominados como “Técnicos en Primeros Auxilios, Salvamento y Socorrismo acuático” y a sus convalidaciones, ya que se tratan de cursos federativos relacionados con la práctica profesional de la actividad de socorrista acuático, que habilitan para ejercer esa actividad en piscinas de uso colectivo, playas o parques acuáticos y que en ningún caso son objeto de autorización por parte del Ministerio o laConsejería de Educación, Cultura y Deporte, ni reconocidos, ni respaldados, ni homologados por las mismas.

El espasmo de glotis en el ahogamiento, ¿realidad o mito? – Espasmo de glote no afogamento – realidade ou mito?

Publicado originalmente en : www. sobrasa.org

Autor: David Szpilman

Traducido, con permiso del autor, por Luis Miguel Pascual.

Es muy común en ahogamiento que oigamos hablar de “espasmo de glotis” pero, ¿cuántas veces ocurre en realidad?.

Para entender este concepto adecuadamente es importante que conozcamos un poco de fisiopatología, es decir, cuáles son los procesos fisiológicos cuando ocurre una patología de ahogamiento. En un proceso de ahogamiento, cuando no hay una alternativa para mantener las vías aéreas fuera del agua, la apnea voluntaria es la primera respuesta mientras se conserva la consciencia. El agua en la boca se ingiere o expulsa de forma activa. Cuando ocurre la primera aspiración involuntaria de agua, provoca tos a menudo (>98%) y muy raramente (<2%) laringoespasmo (espasmo de glotis). La alteración fisiopatológica más importante en el ahogamiento es la hipoxemia (bajo nivel de oxígeno en la sangre). En caso de ocurrir un espasmo de glotis, la hipoxemia generada provocará su relajamiento en algunos segundos o minutos. Por tanto, se aspirará más agua rápidamente hacia los pulmones, haciendo difícil o ineficaz obtener oxígeno, produciéndose disminución o pérdida de la consciencia, con una rápida progresión a la apnea involuntaria y, finalmente, a la parada cardíaca por asistolia.

El mito del espasmo de glotis fue creado en los años 40, cuando casi el 20% de los casos de personas encontradas muertas en el agua no mostraban agua en los pulmones. Lo que de hecho sucede y hoy conocemos bien es que la práctica totalidad de estas personas fallecen dentro de agua por otras causas (IAM –Infarto Agudo de Miocardio-; ACVA –Accidente Cardio-Vascular-; arritmias cardíacas u otras patologías) y no ahogadas.

Otra evidencia que nos lleva a a decir que esta hipótesis no es verdadera es el hecho indiscutible de que una gran mayoría de los ahogados refieren una gran dificultad para respirar después de una aspiración de agua, como “si algo les hubiera bloqueado la respiración”. El hecho de que no se hubiera encontrado evidencia de agua en los pulmones en aquella época, llevó a aceptar la hipótesis del espasmo de glotis.

En todos los casos de ahogamiento existe aspiración de agua. No existe, por tanto, ahogamiento sin la entrada de agua en las vías aéreas.

Esta aspiración de agua puede varias de pequeña a grande, según el grado de ahogamiento que encontremos. Si no hay aspiración de agua, estaremos solamente ante un caso de “rescate acuático”. La sensación de “espasmo de glotis”, como si algo tuviese bloqueadas las vías aéreas relatado por personas que se ahogan, es causada por la presión del agua que funciona como una obstrucción, que se deshace por el esfuerzo inspiratorio hacia el pulmón o al ser expelida por el reflejo de tos.

Para obtener más información, consulte la Bibliografía que se cita al pie.

Espasmo de glote no afogamento – realidade ou mito?

É muito comum no afogamento, ouvirmos falar em espasmo de glote, mas quanto desta ocorrência é real?.

Para entendermos este conceito adequadamente é importante conhecermos um pouco de fisiopatologia, ou seja, quais os processos fisiológicos ao ocorrer à patologia afogamento. No processo de afogamento, quando não há alternativa para manter as vias aéreas fora da água, a apnéia voluntária é a primeira resposta enquanto a consciência ainda está preservada. A água na boca é ativamente cuspida ou engolida. A primeira aspiração involuntária de água, quando ocorre, provoca tosse freqüentemente (> 98%) ou laringoespasmo (espasmo de glote) raramente (<2%), levando a hipóxia. A alteração fisiopatológica mais importante no afogamento é a hipoxemia (baixa de oxigênio no sangue). No caso de ocorrer o espasmo de glote, a hipoxemia gerada provocará seu relaxamento em alguns segundos ou minutos. Então, mais água será rapidamente aspirada para os pulmões, tornando difícil ou ineficaz a obtenção de oxigênio, instituindo-se torpor ou perda de consciência, com evolução rápida para a apnéia involuntária e, finalmente, a parada cardíaca por assistolia.

O mito do espasmo de glote foi criado a partir dos anos 40 quando quase 20% dos casos de pessoas encontradas mortas na água não tinham água em seus pulmões. O que acontece de fato e hoje sabemos bem, é que estas pessoas em quase sua totalidade morrem de outras causas (IAM, AVC, arritmias cardíacas, e outros) dentro da água e não afogadas. Outra evidencia que nos levou a esta hipótese não verdadeira é o fato incontestável de uma grande maioria de afogados relatarem uma grande dificuldade em respirar após a aspiração de água, como “se algo tivesse travado a respiração”. O fato de não termos encontrado evidencia de água nos pulmões naquela época nos fez ir para esta hipótese de espasmo de glote.

Em todos os casos de afogamento existe aspiração de água. Não existe, portanto afogamento sem a entrada de água em vias aéreas. Esta aspiração de água pode variar de pequena a grande, variando então o grau de afogamento encontrado. Se não houve aspiração de água é somente um caso de resgate aquático. A sensação de “espasmo de glote” como se algo tivesse fechado nas vias aéreas relatado por pessoas que se afogaram, são causadas pela coluna de água que funciona como uma obstrução, e que se desfaz pelo esforço inspiratório indo ao pulmão ou sendo expelido pela tosse.

Para mais informações sobre o assunto procure em biblioteca em Dr David Szpilman <david@szpilman.com>

Referencias bibliográficas

Szpilman D, Elmann J & Cruz-Filho FES; Dry-drowning – Fact or Myth?; World Congress on Drowning, Netherlands 2002, Book of Abstracts, ISBN:90-6788-280-01, Poster presentation, pg 176.
Szpilman D. “Recommended technique for transportation of drowning victim from water and positioning on a dry site varies according to level of consciousness” American Heart Association (AHA) e International Liaisson Comittee for resuscitation (ILCOR), Budapest, Setembro de 2004.
Szpilman D and Handley A; Positioning the Drowning Victim; section 6(6.6) Resucitation, in Hand Book on Drowning:Prevention, Rescue and Treatment, edited by Joost Bierens, Springer-Verlag, 2005, pg 336-341
Idris AH, Berg R, Bierens J, Bossaert L, Branche C, Gabrielli A, Graves SA, Handley J, Hoelle R, Morley P, Pappa L, Pepe P, Quan L, Szpilman D, Wigginton J, Modell JH: Recommended guidelines for uniform reporting of data from drowning: the “Utstein Style”. Circulation 2003; 108:2565-2574
Modell JH, Bellefleur M, Davis JH: Drowning without aspiration: is this an appropriate diagnosis? J Forensic Sci 1999:;44:1119-1123
Szpilman D, Orlowski JP, Bierens J. Drowning. In: Vincent JL, Abraham E, Moore AF, Kochanek P, Fink M(ed). Textbook of Critical Care, 6th edition – Chapter 71; Pg 498-503; Elsevier Science 2011.
Szpilman D, Handley AJ, Bierens JJLM, Quan L, Vasconcellos R. Drowning. In: John M. Field, ed. The Textbook of Emergency Cardiovascular Care and CPR. Lippincott Williams & Wilkins, 2009:477-89.
Van Beeck EF, Branche CM, Szpilman D, Modell JH, Bierens JJLM. A new definition of drowning: towards documentation and prevention of a global public health problem. Bull World Health Organization 2005;83(11):853-6.

 

Perder la vida intentando un rescate por amor. Would-be rescuers losing their lives

Imagen de http://www.mlive.com/news/grand-rapids/index.ssf/2009/08/swimmers_warned_to_stay_out_of.html

Fuente: http://www.stuff.co.nz/national/9574440/Would-be-rescuers-losing-their-lives
Traducción de Luis Miguel Pascual.

CALEB STARRENBURG, SEAN WILLIS/Fairfax NZ

Era el final de la tarde del 4 de Enero de 2009 cuando Sonny Fai, defensa de los New Zealand Warriors, se ahogó en la playa de Bethells mientras intentaba salvar a su hermano de 13 años. Su hermano consiguió llegar a la orilla, pero el cuerpo de Fai nunca se encontró. Tres años después, Peter Apappa, de 54 años, se ahogó mientras rescataba a su hijo y su sobrino, que se encontraban en peligro mientras recogían moluscos en la playa Te Puna de Tauranga. Los dos niños, ayudados por Apappa, llegaron ilesos a la playa.

El pasado 4 de Noviembre, durante la celebración de una boda en la playa de Iwitea y ante toda la familia, Sage Smith de 22 años y su sobrino Kustom Blandford de 7, murieron ahogados en un intento desesperado de salvar la vida de Ocean, la hermana de Kustom, quien sí sobrevivió.

En Nueva Zelanda, se están perdiendo vidas con una trágica frecuencia, al intentar rescatar a un ahogado, con frecuencia un familiar o un allegado. Entre 1980 y 2012, un total de 81 personas se ahogaron al intentar un rescate. El fenómeno está tan extendido que se conoce como Sindrome AVIR, (por las iniciales del inglés: “Aquatic Victim Instead of Rescuer”; Víctima Acuática en Lugar del Rescatador).

Sólo en 2012, seis neozelandeses perdieron la vida en un intento de rescate, incluyendo a Zebedee Pua, de 15 años, que perdió la vida al ayudar a una niña en la playa de O’Neills de la costa oeste de Auckland y Peter Lewis, de 59 años, que trataba de salvar a su perro en el lago de Auckland.

La situación es similar en Australia, dónde entre 1992 y 2010, se ahogaron 103 personas en circunstancias similares. En tres de cada cuatro casos, la persona que intentaban rescatar se salvó.

Que se puede hacer para prevenir que estos rescatadores casuales pierdan sus vidas es un gran dilema para los expertos. El reto es doble: además que desde niños se los guía para actuar de manera altruista en situaciones de vida o muerte, tenemos una tendencia a sobrestimar nuestras habilidades en el agua, mientras minusvaloramos el riesgo que representa un rescate. Igualmente desconcertante de entender es por qué la víctima a menudo sobrevive, y el rescatador fallece.

John Pearn, pediatra en el Royal Children’s Hospital de Brisbane, y Richard Franklin miembro investigador de la Royal Lifesaving Society en Australia, fueron los primeros en estudiar el síndrome AVIR y el autor de “El impulso de rescatar”. Explican que nuestros impulsos altruistas se aprenden primariamente cuando niños y se refuerzan en la vida adulta.

“Todas las sociedades alaban el altruismo y el coraje. En la Commonwealth, las naciones otorga su mayor distinción, la “Cruz Victoria” y la “Cruz George” a aquellos que intentan salvar la vida de otros encarando un riesgo de muerte”.

Este “Impulso de rescatar“, afirma, es particularmente fuerte cuando afecta a la familia. “En estos casos, la sangre es más fuerte que el agua”, explica la psicólogo Sara Chatwin, “cuando las emociones y los lazos familiares se unen con la necesidad de actuar, el impulso se hace mayor y más urgente.

Pearn y Franklin creen que debemos aceptar que es virtualmente imposible contener este reflejo de rescate. En su lugar, afirman, debemos enfocar nuestra energía en proporcionar a las personas las habilidades necesarias que se necesitan para hacer un rescate con seguridad.

“Es importante darse cuenta de que ningún Socorrista entrenado hará un rescate sin su material de rescate flotante”, dice Teresa Stanley, de WaterSafe Auckland. Una persona que se ahoga intentará agarrarse instintivamente para poder salir y respirar y si lo hace con el rescatador puede sumergirlo y ponerle en peligro.

Stanley cree firmemente que en las clases de natación, todos los niños y padres deben aprender habilidades básicas de seguridad en el medio acuático, incluyendo la capacidad de rescatar a otros sin poner sus vidas en peligro.

Es necesario promover rescates sin contacto con la víctima, ayudándose de elementos flotantes, afirma, lo que incluye intentar alcanzar a una persona desde un lugar seguro utilizando una rama o lanzando una cuerda o salvavidas o una ayuda flotante improvisada y, sólo como último recurso, intentar un rescate con una tabla de surf o una canoa. Esta técnica se conoce como: Alcanzar-Arrojar-Remar.

El Dr. Kevin Moran, Profesor de la Universidad de Auckland, lleva más de una década estudiando las conductas y actitudes de los neozelandeses en relación con el agua. Como co-autor de: “Disposición para Rescatar: La percepción de los testigos presenciales de su capacidad para responder en una emergencia por ahogamiento“, explica que las habilidades de natación y rescate se han venido incluyendo tradicionalmente como componentes del currículo formativo de la educación física en la escuela. Por el contrario, afirma, se ha hecho muy poco esfuerzo en evaluar si estos contenidos nos proporcionan la formación adecuada para intentar un rescate acuático.

Una encuesta de ámbito nacional entre los jóvenes de Nueva Zelanda, publicada en 2008, encontró que uno de cada tres consideraban que no tenían habilidades para intentar un rescate y más de la mitad expresaron dudas sobre su capacidad para hacer un rescate en el mar.

El pasado año, Moran encuestó a los participantes en el Festival Pasifika sobre cómo reaccionarían si vieran una persona en peligro en el agua. Los resultados, detallados en el artículo citado, son preocupantes. Sólo el 30% de los encuestados contestaron que intentarían alcanzar un objeto flotante a la víctima y casi la mitad afirmaron que entrarían en el agua para intentar un rescate, incluyendo más de la tercera parte de aquellos que respondieron que no eran capaces de nadar 100 metros.

“Esto sugiere que cuanto menos capaz sea una persona de realizar un rescate, estará en mayor riesgo de ahogarse por no saber reconocer sus limitaciones”.

Es alarmante, dice Moran, que la opción menos elegida por los encuestados, usar un recurso flotante, se considera que es la mejor actuación en la mayoría de los rescates en aguas abiertas.

Mientras el equipamiento público de rescate no está tan presente en Nueva Zelanda como en otros países, WaterSafe Auckland trabaja para instalar salvavidas en las áreas de mayor riesgo, explica Stanley. “En los últimos cinco años hemos llevado a cabo el proyecto “Angel Rings“, instalando salvavidas para incrementar la seguridad entre los pescadores que utilizan las zonas rocosas. Ya se han usado con éxito para salvar a pescadores que han caído de las rocas y también hemos instalado algunos en las zonas costeras de Auckland”.

Pero si proteger a los rescatadores del ahogamiento requiere entender realmente el comportamiento humano, además de mejor educación, incluyendo la difusión de las técnicas de rescate sin contacto con la víctima, ello no responde a la pregunta de por qué la primera víctima, es decir, la persona que necesita ayuda y precipita el rescate, a menudo sobrevive mientras que su rescatador no.

La teoría más comúnmente aceptada es que los rescatadores se agotan mientras intentan alcanzar y soportar a la víctima que se debate en el agua y que posiblemente sumerge al rescatador en un intento instintivo de mantenerse a flote.

Nuevas investigaciones sobre las corrientes de resaca, responsables de la mayoría de los incidentes en nuestras costas pueden también ofrecer algunas claves. Si fotografiamos una corriente de resaca, lo más probable es que veamos una larga lengua de agua, moviéndose hacia dentro del mar. Sin embargo, esta visión convencional se ha sacudido en los últimos años gracias a las investigaciones Jamie MacMahan, profesor de oceanografía de la Escuela de Postgrado Naval de California.

MacMahan colocó GPS flotantes en las corrientes y trazó sus trayectorias, descubriendo que se asemejan más a remolinos que circulan a través de las olas. Su investigación concluyó que si una persona atrapada en una corriente de resaca es capaz de mantenerse a flote en el agua, “hay un 90% de posibilidades de que sea devuelta a la orilla en aproximadamente tres minutos”. Su experimentos con GPS para trazar las corrientes se han repetido en Nueva Zelanda con resultados similares. Esto podría explicar por qué los rescatadores que se agotan mientras sujetan a una víctima agitada se ahogan, mientras que la víctima es devuelta a aguas someras con vida.

Por supuesto, no todos los rescates realizados por los testigos fortuitos acaban en tragedia. El 3 de Febrero de 2014, Brendon Pooley, de Pukeoke estaba en la playa de Kariotahi con su mujer y sus cuatro hijos, fue abordado por una adolescente aterrorizada porque dos de sus amigos estaban atrapados en una corriente de resaca. Su primera respuesta fue enviar a por ayuda, su mujer condujo hasta un lugar en dónde tener cobertura con el teléfono y contactó con el servicio de emergencias. Mientras tanto, Pooley entró en el agua con la tabla de bodyboard de uno de sus hijos y tras 20 minutos de búsqueda logró alcanzarlos. Uno consiguió llegar a la orilla por sí mismo mientras Pooley ayudó con su tabla al segundo, ya exhausto.

A la larga, asegurar que más rescatadores eventuales como Pooley sobreviven, significará que estamos enriqueciendo a los neozelandeses con el conocimiento y la capacidad de tomar decisiones correctas en situaciones críticas en el agua, afirma Stanley.

Caleb Starrenburg es un escritor freelance y pertenece de la patrulla de Socorrismo en la playa de Bethells de Ackland. @cstarrenburg

© Fairfax NZ News

http://www.stuff.co.nz/national/9574440/Would-be-rescuers-losing-their-lives

Luis Miguel Pascual y el Dr. John Pearn en el Memorial por los irlandeses fallecidos en la I Guerra Mundial. durante el Congreso de “The Lifesaving Foundation”, en 2012

Would-be rescuers losing their live

CALEB STARRENBURG, SEAN WILLIS/Fairfax NZ

In the late afternoon of January 4, 2009, New Zealand Warriors back-rower Sonny Fai drowned at Bethells Beach while saving his 13-year-old brother. Fai’s body was never found; his brother made it to shore safely. Three years later, 54-year-old Peter Apaapa drowned while rescuing his son and nephew, who got into trouble collecting pipi at Te Puna beach in Tauranga. The children, assisted by Apappa, made their way back to shallow water unharmed. On November 4 last year, as family members gathered in Hawke’s Bay to celebrate a wedding, Sage Smith, 22, and his nephew, 7-year-old Kustom Blandford, drowned during a desperate attempt to save Kustom’s sister, Ocean, from the surf at Iwitea beach. Ocean survived.

Rescuers are losing their lives while saving a drowning person – often a relative – with tragic frequency in New Zealand. Between 1980 and 2012, 81 people drowned while attempting a rescue. The phenomenon is so widespread it is referred to as aquatic victim-instead-of-rescuer, or AVIR, syndrome.

In 2012 alone, six New Zealanders drowned while performing a rescue – they include 15-year-old Zebedee Pua, who lost his life as he helped a young girl to shore at O’Neills Beach on Auckland’s west coast, and 59-year-old Peter Lewis who drowned while trying to save his dog from an Auckland lake.

The situation is similar in Australia, where between 1992 and 2010, 103 people drowned while attempting to save a life. In three-quarters of these cases, the person they had been attempting to rescue survived.

What can be done to prevent rescuers sacrificing their lives has proven a dilemma for water safety experts. The challenges are twofold – not only are we wired from a young age to act altruistically in these sorts of life-and-death situations, but we have a tendency to overestimate our ability in the water, while underestimating the danger it poses. Equally perplexingly to understand is why the person being rescued so often survives when their rescuer does not.

John Pearn, senior paediatrician at Royal Children’s Hospital in Brisbane, and Richard Franklin, senior research fellow at the Royal Lifesaving Society in Australia, pioneered study into AVIR syndrome and are authors of “The Impulse to Rescue”. They explain our altruistic impulses are learned primarily in childhood and further reinforced in adult life. “Every society lauds altruism and courage. In the British Commonwealth, nations bestow their highest accolades, the Victoria Cross and the George Cross, upon those who attempt to save the lives of others in the face of mortal risk.”

This “rescue impulse” is particularly strong, they say, when it comes to family. “It is a case of ‘blood being thicker than water’,” explains psychologist Sara Chatwin, who says when emotional and family connections are coupled with the need to act, the driving force becomes greater and more urgent. Pearn and Franklin believe we must accept it is virtually impossible to counter the reflex to rescue. Instead, they say, we should focus our energy on giving people the skills they need to perform a rescue safely.

“It’s important to recognise no trained lifeguard would ever perform a rescue without a flotation device,” says Teresa Stanley of WaterSafe Auckland. This is because a drowning person will instinctively clutch at and even push underwater their would-be saviour. Alongside swimming lessons, all children and parents should be learning basic water safety skills, including the ability to rescue others without putting themselves in danger, Stanley believes.

We need to be promoting non-contact rescues using buoyancy aids, she says. This can include trying to reach a person from a safe place on land using a tree branch, throwing a rope, life preserver or improvised buoyancy aid, and as a last resort attempting a rescue on a surfboard or paddle craft. This is often referred to as the Reach, Throw, Row approach.

Dr Kevin Moran, a principal lecturer at the University of Auckland, has spent more than a decade researching New Zealanders’ behaviour and attitudes around water. The co-author of “Readiness to Rescue: Bystander Perceptions of Their Capacity to Respond in a Drowning Emergency“, he explains rescue skills have traditionally been taught within the swimming and lifesaving component of schools’ physical education syllabus. However, he says little effort has been put into assessing whether this syllabus has properly equipped the public to engage in safe rescues. A nationwide water safety survey of New Zealand youth, published in 2008, found one third considered they had no rescue ability, and more than half expressed doubts about their ability to perform a surf rescue.

Moran recently surveyed people gathered at the annual Pasifika Festival, asking how they would react if they saw someone struggling in the water. The findings – detailed in Readiness to Rescue – are concerning. Only 30 per cent of those surveyed said they would try to get a flotation device to a victim, and almost half indicated they would jump in and attempt a rescue. This included more than one third who reported they could not swim 100 metres.

“This suggests the least-capable would-be rescuers may be at greater risk of drowning by failing to recognise their limitations”. Alarmingly, says Moran, the least frequently indicated response, using a flotation device, would be the best course of action in most open water situations.

While public rescue equipment is not as prevalent in New Zealand as in some other countries, WaterSafe Auckland has been working to install rescue buoyancy aids in high-risk areas, Stanley says. “For the last five years we have installed Angel Rings on Auckland’s West Coast to promote safety for rock fishers,” Stanley says. “These have already been used successfully to save fishers washed off the rocks. There are now some around the Auckland waterfront as well.”

But if preventing rescuers from drowning requires a realistic understanding of human behaviour, alongside better education, including the promotion of non-contact rescues skills, it doesn’t answer the question of why the primary victim – the person who needed saving – so often survives when their rescuer does not. The most commonly held theory is that people are exhausting themselves while attempting to reach and support struggling swimmers, who then push their rescuer underwater in an involuntary effort to stay afloat.

New research into rip currents, responsible for the majority of drowning incidents on our beaches, may also provide clues. Picture a rip current, and chances are you’ll envisage a long plume of water, rolling out to sea.

However, this conventional view of a rip has been shaken up in recent years by the work of oceanography professor Jamie MacMahan, from the Naval Postgraduate School in California.

By placing floating GPS units in rips and tracking their progress on a laptop, MacMahan discovered the currents more closely resemble whirlpools that circulate through the surf. His research concluded if you tread water “there’s a 90 per cent chance of being returned to shore within about three minutes”. His experiments with GPS trackers have since been repeated in New Zealand, with similar results. This may explain why rescuers who tire themselves supporting a struggling swimmer drown before the initial victim is circulated safely back to shallow water.

Of course, not all bystander rescues result in tragedy. On February 3 last year, Pukekohe father-of-four Brendon Pooley saved two men from the surf at Kariotahi beach. Pooley was preparing to leave the beach with his wife and children at around 7.30pm when he was approached by a panicked teenager. Two of the teen’s friends had been swept out to sea in a rip.

Pooley’s first response was to send for help. His wife drove to the top of a hill to find reception on her phone and contacted emergency services. Pooley meanwhile entered the water with one of his children’s bodyboards. After 20 minutes searching in the dark he was able to reach the missing men. One was able to make his own way back to shore, while Pooley assisted the second exhausted man using his bodyboard as flotation.

Ultimately, ensuring more rescuers such as Pooley survive means arming New Zealanders with the knowledge and critical thinking skills required to make correct decisions around water, Stanley says.

Caleb Starrenburg is a freelance writer and member of Bethells Beach Surf Life Saving Patrol in Auckland

© Fairfax NZ News

Cuatro palabras para evitar tragedias en el agua. Four words to avoid water tragedy

Fuente: The New Zealand Herald, 06/12/2013

Un gran número de personas se ahogan en nuestra aguas cada año y, trágicamente, alguno lo hacen cuando intentan rescatar a otros.

Se hubieran perdido muchas menos vidas si hubieran comprendido las cuatro “R” de un rescatador circunstancial: Reconocer, Responder, Rescatar y Revivir.

Entre 1980 y el año pasado, 81 personas murieron ahogadas en Nueva Zelanda tratando de rescatar a otros. De ellos, la mayoría fueron hombres (80%) y tanto los Maoríes (33%) como los Pasifika* (12%) están sobre representados. Todos los ahogamiento ocurrieron en aguas abiertas. Playas (54%) y ríos (22%) fueron los sitios más frecuentes de ahogamiento.

En Australia, Richard Franklin y John Pearn han analizado las pérdidas de vidas de personas que trataban de rescatar a sus hijos en su estudio “Ahogados por amor. La víctima acuática en lugar del síndrome del rescatador”. (“Drowning for Love. The Aquatic Victim Instead of Rescuer Syndrome.”).

El pasado mes un hombre y su sobrino se ahogaron en la costa de la Bahía Hawkes, mientras trataban de salvar a una joven que llegó por si misma a la orilla. Lo que se suponía iba a ser un fin de semana de celebración familiar se convirtió en una doble tragedia.

Y esto continuará ocurriendo mientras no aprendamos métodos más seguros para rescatar personas en situación de ahogamiento.

Mientras muchos intentos de rescate sigan siendo instintivos, el riesgo de ser uno más en la lista de los fallecidos por ahogamiento es enorme para todos aquellos que no tienen entrenamiento en Socorrismo y rescate acuático.

Un grupo de expertos en prevención de ahogamientos de Watersafe Auckland con dilatada experiencia en Socorrismo han preparado una guía sencilla para minimizar este riesgo.

Usando las cuatro “R”

Reconocer: Un rescatador circunstancial ha de evaluar el estado de la víctima, la urgencia y los peligros de un intento de rescate y, los más importante, buscar un elemento de flotación.

Responder: La prioridad es detener el proceso de ahogamiento proporcionando flotación a la víctima mientras se evalúan los peligros y la urgencia del rescate. Esto es especialmente importante si la víctima no puede ser extraída del agua inmediatamente. Es en este momento cuando el rescatador tiene que buscar o pedir ayuda.

Rescatar: Un rescate con apoyo en tierra o en el agua minimiza el riesgo para el rescatador, pero si es necesario un rescate con apoyo en el agua, el mejor método es no contactar con la víctima utilizando un elemento flotante.

Revivir: Esta fase cubre la posible necesidad de RCP y cualquier otra asistencia médica que sea necesaria.

Los neozelandeses se esfuerzan por comprender las áreas de Reconocer y Responder.

Una encuesta nacional sobre seguridad acuática entre los jóvenes de Nueva Zelanda encontró que el 35% consideran que no tienen ninguna habilidad para rescatar en el agua y que el 59% expresaron dudas sobre su capacidad para llevar a cabo un rescate en aguas profundas.

Un estudio recientemente publicado con 415 personas del último Pasifika* Festival de Auckland del pasado Marzo, sugiere muchas carencias sobre el conocimiento de la seguridad acuática. El estudio sugiere que muy pocas personas serían capaces de abordar las demandas de mantener y transportar una víctima agitada hasta un lugar seguro sin ponerse a sí mismos en peligro.

Los hombres tienen un mayor riesgo de ahogamiento debido a que su confianza en sus habilidades para hacer un rescate o sobreponerse a un problema en el agua sin ayuda es mayor que las habilidades que realmente tienen. Es significativo que muchos más hombres que mujeres (un 55% frente a un 40%) respondieran que intentarían un rescate en el agua. Globalmente, casi la mitad (47%) respondieron que entrarían en el agua para rescatar a una víctima.

La mujeres están más predispuestas que los hombres a buscar ayuda de los Socorristas (65% mujeres frente a 54% hombres) o llamar a los servicios de emergencia (47% mujeres; 44% hombres).

Sin embargo, la opción menos elegida (30%) proporcionar a la víctima un elemento de flotación, sería probablemente la respuesta más efectiva en la mayoría de las situaciones de rescate en aguas abierta.

Por otro lado, más de la tercera parte (37%) de aquellos que no son capaces de nadar100 metros sin detenerse,( y que son casi dos tercios de los que estarían dispuestos) indicaron que realizarían un rescate. Esto sugiere que estas personas con menores habilidades acuáticas estarán en un enorme riesgo de ahogarse al intentar un rescate, por no ser capaces de reconocer sus limitaciones.

Estos hallazgos proporcionan evidencias que ponen en cuestión la capacidad que tienen las personas que presencian una emergencia en el agua de responder como rescatadores. A pesar del deseo de responder realizando un rescate, muchas personas pueden carecer de la competencia física y del conocimiento necesarios que requiere una emergencia de ahogamiento.

Si bien es muy difícil de imaginar no seguir nuestros instintos más profundos y tratar de rescatar a alguien en peligro, especialmente un miembro de nuestra familia, los rescatadores espontáneos deben recordad las cuatro “R”: Reconocer, Responder, Rescatar y Revivir, si quieren intentar un rescate con seguridad.

El Dr. Kevin Moran es profesor titular en educación física y de la salud en la Universidad de Auckland. Ha sido Socorrista durante casi 50 años y todavía ejerce en la Playa Muriwai, cerca de Auckland.

* “Pasifika” y “pueblos Pasifika” son términos utilizados por el Ministerio de Educación para “describir a las personas que viven en Nueva Zelanda que han emigrado de las islas del Pacífico o que se identifican con las Islas del Pacífico, debido a la ascendencia o el patrimonio.

 

Four words to avoid water tragedy

A large number of people drown in our waters every year, and tragically, some drown while trying to rescue others.

Fewer people would be lost if they understood the Four Rs of bystander rescue – Recognise, Respond, Rescue and Revive.

Between 1980 and last year, 81 people drowned in New Zealand while trying to rescue others. Of these, most (80 per cent) were male, and Maori (33 per cent) and Pasifika (12 per cent) people were over-represented. All rescue fatalities occurred in open waters, with beaches (54 per cent) and rivers (22 per cent) being the most frequent sites of drowning.

In Australia, Richard Franklin and John Pearn have analysed the loss of life while trying to rescue children in their study, “Drowning for Love. The Aquatic Victim Instead of Rescuer Syndrome.”

Last month a man and his nephew drowned off the Hawkes Bay coast while trying to save a young girl who made her own way to shore. What was supposed to be a weekend of family celebrations became a double tragedy.

This will keep happening until we learn safer methods of rescuing people in distress.

While many rescue attempts appear instinctive, the risk of adding to the drowning fatality list is great for those not trained in lifesaving techniques.

A group of drowning prevention experts with extensive lifeguard experience from Watersafe Auckland have devised simple guidelines to minimise that risk.

Using the Four Rs:

Recognise – a would-be rescuer would assess victim distress, the urgency and the dangers in a rescue attempt and, importantly, look for a flotation device.

Respond – the first priority is to stop the drowning process by providing flotation to the victim while still assessing the dangers of a rescue and the urgency. This is especially true if the victim cannot be immediately removed from the water. It is at this stage that the bystander should send for help.

Rescue – a land- or craft-based rescue minimises risk for the rescuer but, if a water-based rescue is necessary, a non-contact rescue using flotation is the safest method.

Revive – this phase covers the possible need for CPR and other medical assistance as required.

New Zealanders struggle to understand the areas of Recognise and Respond.

A nationwide water safety survey of New Zealand youth found 35 per cent considered they had no rescue ability, and 59 per cent expressed doubts about their ability to perform a deep-water rescue.

A recently published Auckland study of 415 people at last March’s Pasifika Festival suggests many lack an understanding in water safety.

The results suggest few respondents would meet the demands of supporting and transporting a struggling victim to safety in the water without putting themselves at risk of drowning.

Men may be at greater risk of drowning because of their confidence (rather than competence) in being able to perform a rescue or get themselves out of trouble without assistance. Significantly more men than women (males 55 per cent, females 40 per cent) indicated they would jump in to save the victim. Overall, almost half (47 per cent) of respondents said they would dive in and rescue the victim.

Women were more likely than males to seek help from lifeguards (females 65 per cent, males 54 per cent) or call emergency services (females 47 per cent, males 44 per cent).

The least frequently chosen response, getting flotation to the victim, (30 per cent) would most likely be, in many open water rescue situations, the most effective immediate response.

More than one third (37 per cent) of those who could not swim 100m – almost two thirds of the would-be rescuers – said they would dive to rescue someone.

This suggests that the least capable would-be rescuers may be at greater risk of drowning by failing to recognise their limitations. The findings provide evidence of questionable readiness to respond in a rescue role as a bystander confronted with a drowning emergency. Despite a desire to respond in a rescuer role, many people may lack the physical competency and knowledge to safely attempt a rescue.

While it is hard to imagine not following your gut instincts and trying to rescue someone in need, especially a family member, would-be rescuers need to remember the four Rs of Recognise, Respond, Rescue and Revive if they are going to attempt a rescue safely.

• Dr Kevin Moran is a principal lecturer in health and physical education in the school of curriculum and pedagogy at the Auckland University faculty of education. He has been a surf lifeguard for almost 50 years and still patrols Muriwai Beach near Auckland.