2020 un año para … aprender.

Parece que el último día del año es el momento para mirar hacia atrás y hacer recuento, balance o algo similar, ver con cierta perspectiva lo que ha ocurrido y hacer un corolario que lo resuma.

Hay incontables comentarios que califican a 2020 como un año aciago y siniestro. No es para menos. Decenas de miles de muertos por COVID, millones de infectados, tan sólo es España y una situación sin un horizonte claro de resolución o siquiera de conseguir volver a una cierta «normalidad» (por cierto, que palabra tan repetida y tan mal usada) que es muy probable que nunca recuperemos del todo.

Creo que no hace falta comentar lo que este año ha supuesto para cada uno de nosotros. En el ámbito personal cada uno tendrá su historia, más o -esperemos- menos trágica y única. Y en otros ámbitos, económico, profesional, etc., todavía estamos muy lejos, no ya de poder hacer borrón y cuenta nueva, sino de poder evaluar las consecuencias reales que están suponiendo.

En el ámbito del Socorrismo, desde luego ha sido un año arduo, en el que el COVID ha puesto las cosas muy difíciles y no ha hecho sino resaltar todavía más la precariedad general en que nos movemos los Socorristas -o Guardavidas, como parece que se prefiere denominarnos de un tiempo a esta parte-. Mencionar tan sólo las adaptaciones que ha habido que hacer, deprisa y corriendo, sin apenas soporte de evidencia, en los protocolos de actuación y en la auto-protección de los Socorristas. Las repercusiones en las acciones de formación, que prácticamente se han anulado, y en la preparación de los profesionales que han trabajado durante este año en playas, piscinas e instalaciones acuáticas en condiciones muy complicadas y a menudo con la incomprensión y poca colaboración de los usuarios a los que protegen e incluso de los propios gestores de los servicios. Y sin olvidar que, por mucho que hayan quedado en un relatico segundo plano, otras tragedias y vicisitudes cotidianas han seguido produciéndose.

Muchos hay también que dicen que es un año para olvidar. Y aquí discrepo totalmente. 2020 es un año para aprender.

Si miramos al pasado tiene que ser necesariamente para aprender de lo que ha ocurrido, de como una situación excepcional para la que no estábamos en absoluto preparados -¿os suena de algo esto en Socorrismo?- ha habido que afrontarla con medios de fortuna, haciendo de tripas corazón, apelando a lo mejor de todos nosotros, la solidaridad y el trabajo ímprobo de miles de profesionales sanitarios y de muchos otros sectores para evitar la catástrofe.

Esto no puede volver a ocurrir. Si una lección hemos aprendido ya hace tiempo en Socorrismo es que las emergencias y las situaciones excepcionales ocurren y que cuando lo hacen la reacción no es «hacer lo mejor que se pueda«, sino «hacer lo que has entrenado para responder a esa situación». Siempre cito que para Neil Armstrong alunizar no fue difícil, pero es que ya se había estrellado y practicado cientos de veces antes, en el simulador, y su preparación hacía que las respuestas fueran automáticas y pudiera responder a prácticamente cualquier situación. Nuestro objetivo ha de ser incorporar toda la experiencia y las lecciones aprendidas para mejorar la preparación y respuesta de los profesionales del Socorrismo.

A los que buscan razones para denostar este año aciago, podemos añadir, al menos, 407 más, las de las personas que han fallecido por Ahogamiento en 2020 según las cifras provisionales de nuestro Proyecto de Investigación y Seguimiento del ahogamiento en España www.ahogamiento.com.

Y para los que buscamos razones para seguir adelante con optimismo y los pies bien plantados en el suelo, añadir al otro lado de la balanza unos cuantos miles de razones, las de todas las personas que no han sufrido o se han salvado de un Ahogamiento, gracias a la prevención y la intervención o el rescate de los servicios de Socorrismo.

Este año también se ha producido la puesta en marcha del GIAPS, Grupo Internacional de Actividades de Prevención y Socorrismo o el arranque definitivo de IDRA (International Drowning Researchers Alliance, la alianza internacional de investigadores en Socorrismo) en la puesta en marcha de proyectos de calado sobre ahogamiento, grupos a los que nos sentimos honrados de pertenecer y participar activamente.

Aprender es quizá una de las más poderosas razones que mueven al ser humano., la que nos hace avanzar y superar las dificultades. Enfrentemos 2021 con la convicción de somos capaces de hacerlo mejor..

Nuestros mejores deseos para todos.

COVID-19. Una situación sin precedentes.

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Imaginemos la siguiente situación: Los socorristas rescatan a una víctima inconsciente con síntomas claros de ahogamiento del agua y tras evaluarla comprueban que no respira y que tampoco tiene pulso. Avisan al 112 y empiezan a aplicar el protocolo de reanimación (RCP) que implica hacer respiración boca a boca y masaje cardíaco. Pero, ¿y si la víctima fuese un posible portador del COVID-19 y los Socorristas resultasen infectados?

Enfrentados a una situación sin precedentes

Estamos hablando de algo que está afectando a millones de personas en todo el planeta, con cientos de miles de fallecidos si atendemos a las estadísticas oficiales, que muy probablemente no reflejen la totalidad de las cifras, ni tampoco se ha superado todavía la fase más grave de esta pandemia. Y cada una de esas cifras es una persona como tú o como yo, con su propia historia, familia y circunstancias.
Estamos pasando por una situación sin precedentes y el barullo de información, confuso, lleno de bulos y falto de evidencias reales en el que nos movemos es exasperante y frustrante a la vez. Todos buscamos mensajes que alivien nuestras preocupaciones y nos proporcionen esperanza y, aunque los mensajes que esperamos recibir sean quizás diferentes para cada uno, lo que todos esperamos son directrices concretas y tranquilizadoras que aborden los problemas de y sus consecuencias de manera definitiva.
El hecho de que la información se mueva y cambie tan aprisa, está creando un paradigma que hace tan sólo unos meses nos habría parecido insólito. Decisiones como por ejemplo el tratamiento de la infección, que se tomaban en un ámbito temporal de meses o años y tras estudios y ensayos clínicos, ahora se toman en semanas, días u horas. Y casi nada más publicarse han de modificarse o actualizarse porque aparecen nuevas pruebas o evidencias y hay cambios a medida de que nuestra compresión del problema va progresando.
Hay que tener en cuenta, además, que las autoridades sanitarias que dirigen la lucha contra la pandemia y que combaten esos mismos problemas desde primera línea, no tienen a las playas e instalaciones acuáticas dentro de sus prioridades más urgentes. Estas son problemas que abordarán cuando otros mucho más acuciantes y con impacto inmediato en la salud pública o en la estructura económica, tan gravemente dañadas, estén más asentados.

Incertidumbres ante la apertura de playas y piscinas

Hay un amplio rango de instalaciones y entornos acuáticos sobre los que habría que intervenir, desde los servicios que cubren las playas públicas, pasando por los parques acuáticos, piscinas públicas o de establecimientos de ocio y hoteleros, aguas interiores, hasta las piscinas domésticas. Y cada uno de ellos requerirá de directrices lo más claras y definidas que sea posible. La situación española, con gran parte de las competencias normativas transferidas a las comunidades autónomas y con los ayuntamientos como responsables últimos de la gestión de las playas e instalaciones acuáticas municipales hace muy difícil, pero no imposible, que haya una armonización en esas directrices.
La situación puede ser todavía peor en las instalaciones de pequeños municipios y especialmente en aquellas de gestión privada, dónde las decisiones se tomarán principalmente atendiendo a criterios de negocio y rentabilidad y podremos encontrar que se abran o por el contrario permanezcan cerradas instalaciones, incluso en contraposición a las recomendaciones oficiales y es previsible que haya una atomización de iniciativas. Las evaluaciones de riesgos, planes y guías de implementación –si es que se realizan- dependerán en gran medida de que se disponga de “expertos» locales o internos o empresas auxiliares capaces de su estudio, preparación y puesta en marcha, algo impensable en localidades o empresas de pequeño tamaño o capacidad técnica.

Muchas lagunas normativas

A pesar de que en los últimos años se ha avanzado sustancialmente en la investigación y directrices de los riesgos acuáticos, hay enormes vacíos que siguen sin llenarse, tanto globalmente como en nuestro país. El primero de ellos es que la práctica totalidad de las distintas normas existentes están diseñadas con criterios higiénico-sanitarios y apenas contemplan los aspectos de seguridad y prevención del ahogamiento ni tampoco describen con claridad la responsabilidad y funciones del socorrista acuático profesional dentro de la organizción general de una instalación a la luz del conocimiento que ya hay desarrollado al respecto.
Tampoco se contempla lo que supone la implementación de las directrices marcadas por los protocolos internacionalmente aceptados (ERC, AHA) y la imperiosa necesidad de adaptar esos protocolos (y su implementación en la realidad) a las prácticas que mejor se adaptan a la realidad de cada instalación o entorno acuático. Sirva un ejemplo: las guías de actuación y requisitos de equipamiento no pueden ser las mismas para una playa con equipos de socorrismo completamente equipados y puesto de primeros auxilios con personal sanitario que para la piscina de un pequeño pueblo con un socorrista y en la que el tiempo de respuesta del SEM se puede medir perfectamente en tramos de media hora, dónde la respuesta y el equipamiento tiene que tener eso en cuenta. En otros sectores, sí que se produce esa adaptación y partiendo de las normas generales se exige un redimensionamiento de los requisitos a cumplir.
Es evidente que es indispensable que la regulación recoja la existencia de una figura experta (idealmente un director médico con formación en seguridad acuática o con asesoramiento de otros expertos sectoriales) que interprete estas adaptaciones teniendo en cuenta todos los aspectos claves (incluidas las posible repercusiones en el ámbito legal) en función del grupo de riesgo al que pertenezca cada instalación, y tenga capacidad y autoridad suficiente para implementar las adaptaciones para las circunstancias de cada instalación que aseguren una óptima gestión de los riesgos y su reducción al mínimo nivel posible. La seguridad del personal de la instalación y la de sus usuarios -en ese orden- han de ser siempre las prioridades y no deben caer presas de la tensión entre la seguridad y la sanidad públicas y los criterios políticos, de negocio o de rentabilidad.

Implicaciones para las instalaciones

Hay todavía muchísimas dudas acerca de cómo tendrán que afrontar las instalaciones –piscinas, parques acuático, playas- la reapertura o puesta en marcha de sus actividades. Hay empresas que ya están preparando sus propios planes y estableciendo cómo los implementarán, lo cual es muy loable pero como apuntaba y por muy acertados que sean esos planes, esta es una respuesta que no hace sino dispersar los esfuerzos y muy probablemente se repetirán y amplificarán los errores. La Administración Central del Estado debe ser la responsable de elaborar un informe y definir los criterios mínimos esenciales para que se puedan iniciar las actividades acuáticas y definir con especificaciones y criterios objetivos y claramente mensurables los requisitos a cumplir para que cada instalación pueda actuar en consecuencia. Y en este caso la coordinación y consenso con las administraciones autonómicas tiene que estar por encima de cualquier interés político o económico y tener como prioridad situar a nuestro país, al completo, en el liderazgo de la seguridad acuática, de la misma manera que estamos a la cabeza del turismo mundial.
Como ya se está poniendo de relieve en otros sectores, las consecuencias e implicaciones serán importantes y un buen número de empresas, sobre todo las pequeñas y los concesionarios temporales, probablemente no podrán afrontarlas ni económica ni organizativamente. Además de ser ocasión para que los grandes saquen tajada del río revuelto, está todavía por ver si esto va a suponer un impulso en la dirección correcta o, por el contrario, un empobrecimiento de las condiciones generales del sector, incluyendo también las referentes a la seguridad. Las dudas surgen por doquier y muchos gestores de empresas de socorrismo están comprensiblemente preocupados por las implicaciones, incluso en el ámbito legal y penal, que puedan tener y sus posibles consecuencias.

Las carencias en la figura del Socorrista Profesional

Es en esta situación en donde las carencias que rodean a la figura del Socorrista Profesional se están poniendo aún más de manifiesto. Como se ha mencionado, la regulación de la formación del Socorrista está dispersa, es muy dispar, está desfasada y ha nacido sujeta al albur de las veleidades de los vientos políticos que soplaban en el momento en que se publicaron, o por el contrario, simplemente no existe como ocurre en muchas comunidades autónomas. No quiero profundizar más en esta parte (que ya se ha tratado en otras ocasiones y que en cualquier caso, merece de un comentario mucho más amplio), pero la realidad prácticamente unánime en el sector es que ninguna de las líneas formativas vigentes ahora mismo en España proporciona la preparación adecuada que deberían tener según apunta la literatura y las necesidades reales del desempeño laboral. Y este vacío es aún mayor en cuanto a la definición de sus cometidos dentro de la seguridad de una instalación acuática.
Se espera de nosotros una respuesta asimilable a la de un profesional sanitario, pero ni lo somos, ni estamos contemplados como tales en ninguna regulación que yo conozca. Es hora de que la situación se normalice, de una vez y para todos, y con la implicación y aportación de quienes verdaderamente son parte integrante de la profesión del Socorrista Acuático, su desempeño laboral y el sector empresarial y hagamos definitivamente a un lado aquellos, como las entidades deportivas, que no lo son.

Protocolos en evolución.

En Socorrismo Profesional, nunca ha habido una receta que fuera “la solución para todo”. Como comentamos, los protocolos que periódicamente emiten las entidades de referencia cubren un amplio espectro, pero tras su amplio consenso dejan siempre algunas lagunas y dudas razonables que se siguen estudiando y revisando. Lamentablemente con la perspectiva del COVID-19, no es posible pretender hoy tener una solución que enfrente satisfactoriamente todos los problemas que nos estamos viendo forzado a afrontar en el ámbito sanitario ni tampoco en el socorrismo actuático. Hay todavía muchas cosas en el aire respecto a cómo se ha de adaptar la actuación el rescate acuático al COVID-19 y que los detalles sean unos u otros influirá en gran medida en la manera en que tendremos que gestionar los sistemas de trabajo y protocolos internos de las instalaciones y respecto a los servicios de Socorrismo, porque pueden implicar la necesidad de más equipamiento, personal, recursos y formación específica. Todavía están en el aire muchas preguntas que necesitan responderse.

¿Cuáles son los EPIs más adecuados?. ¿Es mejor tener un equipo de rescate y otro equipo preparado para la RCP?. ¿Qué va a ocurrir cuando si protocolo indica que no se practique la respiración boca-a-boca a una víctima de ahogamiento, porque hay posibilidad de que puede contagiarse con COVID-19?. ¿Qué margen de flexibilidad o interpretación tiene el Socorrista o los responsables de las instalaciones ante una situación de este tipo?. ¿Podrá tener un caso así repercusiones legales sobre el propio Socorrista y sobre la instalación o empresa en la que trabaja?. ¿Cuáles serán las consecuencias psicológicas que tendrán en el Socorrista?.

Varios grupos de trabajo han emitido ya revisiones de los protocolos de RCP adaptados al COVID-19 -y se espera en breve su adaptación a las víctimas de ahogamiento-, en los que se recogen modificaciones sustanciales en las guías de actuación que probablemente tendrán repercusiones en el pronóstico de las víctimas a las que se les aplican y también en la exposición de los intervinientes al riesgo de infección y por ende, con amenaza para su integridad física y salud. Todavía no hay evidencias concluyentes al respecto y mientras las organizaciones de referencia publican protocolos revisados y los actualizan con las nuevas evidencias, deberemos estar muy atentos a las últimas novedades e incorporarlas de inmediato a nuestros sistemas de trabajo y acciones de formación.


Acortando distancias en la formación.

Otra de las revoluciones que ha provocado el COVID-19 ha sido la puesta en cuestión, cuando menos temporal, de toda actividad que implique contacto personal, como es el caso de la formación en Socorrismo Acuático, que implica realizar actividades y prácticas en aula y en el agua con contacto personal muy estrecho y la potenciación de la formación a distancia y “on-line”, además de las precauciones de prevención de contagio que se han de tener en cuenta durante dichas prácticas.

¿Cómo ajustamos esa “distancia” a la formación en Socorrismo?.
Implementar plataformas de enseñanza on-line es algo habitual hoy en día, pero supone un coste adicional y no sólo por la parte tecnológica. También los contenidos tienen que revisarse y prepararse específicamente los que sean susceptibles para esta nueva modalidad y los profesores formarse y adaptarse para impartir a distancia sus clases o tutorías y definir y establecer cuáles deben ser las mejores vías para la evaluación de los alumnos. Y como no todos los contenidos se pueden impartir a distancia, habrá que reducir el número de alumnos por sesión, proporcionar los EPIs adecuados para la actividad presencial que se realice, etc.
Y ello también influye en el material que se utiliza. Un maniquí de RCP, por ejemplo, cuando se utilice para practicar el boca a boca producirá aerosoles potencialmente contaminantes si el alumno es portador y tendrá que desinfectarse de manera exhaustiva o desechar y reponer las partes sensibles después de que cada alumno lo utilice. Los equipos de protección personal, de prácticas o materiales de rescate igualmente habrán de revisarse y renovarse. El tiempo y el coste necesario para ello o la alternativa de incrementar sustancialmente el número de dispositivos para minimizar las pausas o disponer de uno por alumno, supondrán un coste tan elevado que pueden llegar a ser inasumibles o elevar el precio de la formación para los alumnos a niveles no asequibles.
Pero, ojo, no todo vale en la formación a distancia. No puede permitirse que se anuncien y, lo que es ciertamente inadmisible, que se acepten en los registros oficiales cursos impartidos 100% on-line. Aquí aparece nuevamente la responsabilidad de las distintas Administraciones en la regulación y la vigilancia de la formación en socorrismo profesional. No ha de caber ninguna duda de cómo debe impartirse y comprobar y hacer cumplir fehacientemente que las directrices se cumplen.
¿Y qué va a ocurrir con las normativas que establecen renovaciones periódicas de la inscripción en los registros, como Madrid o Cataluña, cuando los Socorristas no puedan acreditar haber realizado la formación periódica que tienen que acreditar porque no ha habido ninguna convocatoria para hacerla?. ¿Se van a prorrogar la validez de las acreditaciones, con el riesgo de no tener profesionales con su formación debidamente actualizada?. ¿Se arriesgarán las empresas a contratar a estos Socorristas?. A estas alturas, sólo tenemos conocimiento de que la Generalitat de Cataluña haya ampliado la moratoria de la inscripción en el ROPEC de los socorristas en Cataluña como medida excepcional.

Un dilema ético

Si analizamos las cifras de formación de los últimos 10 años, comprobamos fácilmente que el Socorrismo profesional es una ocupación que está en declive. Algunas de las posibles razones se pueden deducir de todo lo anterior, además de la precarización laboral, la bajada de las remuneraciones, la creciente minusvaloración en la opinión pública y los responsables públicos de la figura del socorrista. Muchos somos los que hace años coincidimos en el análisis y el diagnóstico de la enfermedad, pero hasta ahora no hemos acertado a coincidir en el remedio.
Tengo la sensación de que el COVID-19 nos ha puesto frente al espejo de nuestras propias miserias y que lo que vemos -aunque ya fuéramos conscientes de ello-, no solo no nos gusta, sino que quizá por primera vez nos ha revuelto esa conciencia que hace tiempo parecía que teníamos adormilada. Ahora no podemos pecar por omisión ni tampoco por tibieza. Personalmente lo percibo tanto como un dilema ético que hay que resolver, como una necesidad personal de impulsar lo que durante toda mi trayectoria en el Socorrismo he considerado una obligación moral. Si sigo en este mundo es porque creo firmemente que mi -nuestra- obligación es preparar a los mejores profesionales y seguir luchando por todo ello.
Es el momento de que la extensa red de contactos personales que se ha ido poco a poco expandiendo en los últimos años a través de amistades personales, colaboraciones desinteresadas, congresos y reuniones técnicas y que une a muchas personas del mundo del Socorrismo Profesional (investigadores, profesores, socorristas, gestores, empresarios, responsables públicos, sindicalistas, legisladores, etc) y que compartimos ese profundo convencimiento de la necesidad de un cambio profundo y quizá revolucionario, hable con una única voz y ponga sobre la mesa las prioridades que esta crisis ha hecho aflorar tan descarnadamente. Tenemos que ser capaces de dejar a un lado cualquier interés circunstancial, centrarnos en los aspectos esenciales y conseguir que nuestras propuestas se oigan y, por fin, se lleven a cabo.

COVID-19. An unprecedented situation.

Lee la versión en español. Read the Spanish version

Imagine the following situation: The rescuers rescue an unconscious victim with clear symptoms of drowning in the water and after its evaluation, they found that is not breathing and has no pulse either. They call EMS and start applying the resuscitation protocol (CPR) which involves mouth-to-mouth and compressions. But what if the victim were a possible COVID-19 carrier and the Lifeguards were infected?

Facing an unprecedented situation

We are talking about something that is affecting millions of people around the planet, with hundreds of thousands of deaths if we take into account official statistics, which most likely do not reflect the entire figures, nor has the most serious phase of this pandemic yet been overcome. And each of those figures is a person like you or me, with their own history, family and circumstances.

We are going through an unprecedented situation and the hubbub of information, confusing, full of hoaxes and lacking real evidence in which we move is both exasperating and frustrating. We all look for messages that alleviate our concerns and give us hope, and although the messages we hope to receive may be different for each of us, what we all hope for are concrete and reassuring guidelines that definitively address the problems and help us cope with their consequences.

The fact that information moves and changes so quickly is creating a paradigm that just a few months ago would have seemed unusual to us. Decisions such as treatment of the infection, which were made over months or years and after studies and clinical trials, are now made in weeks, days or hours. And almost nothing else to publish have to be modified or updated because new tests or pieces of evidence appear and there are changes as our understanding of the problem progresses.

It must also be borne in mind that the health authorities that direct the fight against the pandemic and struggle with these same problems at the front line, do not have beaches and water facilities among their most urgent priorities. These are problems that will be addressed when others, much more pressing and with an immediate impact on public health or the economic structure, so severely damaged, are more established

Uncertainties opening the beaches and swimming pools

There is a wide range of facilities and aquatic environments that should be intervened, from services that cover public beaches, through water parks, public pools or leisure and hotel establishments, inland waters, to domestic pools. And each of them will require guidelines as clear and defined as possible. The Spanish situation, with a large part of the regulatory powers transferred to the autonomous communities and with the municipalities as the ultimate responsibility for the management of beaches and water facilities, makes it very difficult, but not impossible, for there to be harmonization in these guidelines.

The situation may be even worse in the facilities of small municipalities and especially in those of private management, where decisions will be made mainly based on business and profitability criteria and we may find that facilities are opened or, on the contrary, remain closed, even in opposition to the official recommendations and it is foreseeable that there will be atomization within those initiatives. The risk evaluations, plans and implementation guides –if they are carried out- will depend to a great extent on the availability of local or internal “experts” or auxiliary companies capable of their study, preparation and start-up, something unthinkable in localities or companies of small size or technical capacity.

Many regulatory gaps

Even though in recent years there has been substantial progress in research and guidelines on aquatic risks, there are huge gaps that remain unfilled, both globally and in our country. The first of them is that practically all of the different existing regulations in Spain are designed with hygienic or sanitary criteria and hardly contemplate the aspects of safety and prevention of drowning, nor do they clearly describe the responsibility and functions of the professional aquatic lifeguard within the general organization of an installation in light of the knowledge that has already been developed in this matter.

Nor does it contemplate what implies the implementation of the guidelines established by the internationally accepted protocols (ERC, AHA) and the urgent need to adapt these protocols to the practices that best adapt to the reality of each installation or aquatic environment.

Nor does it contemplate what the implementation of the guidelines established by the internationally accepted protocols (ERC, AHA) entails and the urgent need to adapt these protocols (and their implementation in reality) to the practices that best adapt to the reality of each installation or aquatic environment. Take an example: the performance guidelines and equipment requirements cannot be the same for a beach with fully equipped lifeguards and a first-aid post with nurse staff, as for a small town pool with a single lifeguard and in which the EMS response time can be measured in half-hour stretches, where the grade of the response and the equipment needed have to take that into account. In other sectors, this adaptation does occur and, based on the general rules, a re-dimensioning of the requirements to be met is required.

The regulation urgently needs to include the existence of an expert figure (ideally a medical director with training in aquatic safety or with the advice of other sectoral experts) who interprets these adaptations taking into account all the key aspects (including the possible repercussions on the legal scope) according to the risk group to which each installation belongs, and has sufficient capacity and authority to implement individual adaptations that ensure its optimal risk management and its reduction to the minimum possible level. The safety of the installation’s personnel and that of its users – in that order – must always be priorities and must not fall prey to the tension between public safety and health and political, business or profitability criteria.

Implications for aquatic facilities

There are still many doubts about how the facilities – swimming pools, water parks, beaches – will have to face the reopening or start-up of their activities. Some companies are already preparing plans and establishing how they will implement them, which is very commendable but as I pointed out and however successful those plans maybe, this is a response that does nothing but disperses efforts and most likely will be repeated and amplified the mistakes. The Spanish Central Administration should be responsible for preparing a report and defining the minimum essential criteria for starting aquatic activities and defining with specifications and objective and measurable criteria the requirements to be met so that each facility can act accordingly. And in this case, coordination and consensus with the autonomous regional governments must be above any political or economic interest and have as a priority to place our country in the leadership of aquatic security, in the same way that we become the head of world tourism.

As is already being highlighted in other sectors, the consequences and implications will be significant and a good number of companies, especially small ones and temporary dealers, will probably not be able to face them economically or organizationally. In addition to being an occasion for the greats to take a slice of the troubled water, it remains to be seen whether this will suppose an impulse in the right direction or, on the contrary, an impoverishment of the overall conditions of the sector, including also those referring to the aquatic safety. Doubts arise everywhere and many managers of lifesaving companies are understandably concerned about the implications, including in the legal and criminal field, that they may have and their possible consequences.

The deficiencies in the figure of the Professional Lifeguard

It is in this situation where the deficiencies that surround the figure of the Professional Lifeguard are becoming even more evident. As mentioned, the regulation of the Lifeguard training is scattered, is very uneven, is out of date and has been born subject to the veil of the fickleness of the political winds that were blowing at the time they were published, or conversely, simply it does not exist as it happens in many Spanish regional regulations. I do not want to go deeper into this part (which has already been discussed on other occasions and which in any case deserves a much broader comment), but the practically unanimous reality in the sector is that none of the training lines currently in force in Spain provides the adequate preparation that they should have according to the literature and the real needs of job performance. And this gap is even greater in terms of defining their tasks within the safety of an aquatic facility.

A response that is assimilable to that of a health professional is expected of us, but we are not, nor are we considered as such in any regulation that I know of. It is time for the situation to normalize, once and for all, and with the involvement and contribution of those who are truly an integral part of the Aquatic Lifeguard profession, their job performance and the business sector and we definitely put those aside. like sports entities, which are not.

Evolving protocols.

At aquatic lifesaving, there has never been a recipe that was «the solution to everything.» As we commented, the protocols that the reference entities periodically issue cover a wide spectrum, but after their broad consensus, they always leave some gaps and reasonable doubts that are still being studied and revised. Unfortunately, with the perspective of COVID-19, it is not possible to claim today to have a solution that satisfactorily addresses all the problems that we are being forced to face, nor at lifeguarding. There are still many things to define regarding how to adapt the response of the aquatic teams to the COVID-19 and as the details were chosen are one or other will greatly influence how we will have to manage the work systems and internal protocols at the facilities and the lifeguard services, because they may imply the need for more equipment, personnel, resources and specific training. Many questions are still in the air and need to be answered.

What is the most suitable PPE? Is it better to have a rescue team and another team ready for CPR? What will happen when the protocol indicates that mouth-to-mouth breathing is not practised on a drowning victim, because there is a possibility that they can get COVID-19? What margin of flexibility or interpretation does the Lifeguard or those responsible for the facilities have in a situation of this type? Could such a case have legal repercussions on the Lifeguard himself and on the facility or company where he works? What will be the psychological consequences for Lifeguards?

Several working groups have already issued reviews of the CPR protocols adapted to COVID-19 -and their adaptation to victims of drowning is expected shortly- which include substantial modifications in the guidelines that are likely to have repercussions on the outcome of the victims to whom they are applied and also in the exposure of the participants to the risk of infection and, therefore, a threat to their physical integrity and health. There is still no conclusive evidence in this and while the reference organizations publish revised protocols and update them with the new evidence, we must be very attentive to the latest developments and immediately incorporate them into our work systems and training actions.

Shortening distances in the training

Another of the revolutions that COVID-19 has brought about has been the questioning, at least temporarily, of any activity that involves personal contact, such as training in Aquatic Lifeguard, which implies activities and practices at the classroom and into the water with very close personal contact and the empowerment of remote and online training, in addition to the increasing precautions of prevention of contagion that must be taken during such practices.

How do we adjust that «distance» to the first aid and rescue training?. Implementing online teaching platforms is common today, but it comes at an additional cost and not just on the technological side. The contents must also be specifically reviewed and prepared for those that are susceptible to this new modality, and the teachers must be trained and adapted to teach their classes or tutoring remotely, and also define and establish which should be the best routes for the evaluation of the students. And since not all content can be taught remotely, it will be necessary to reduce the number of students per session, provide the appropriate PPE for face-to-face activities, etc.

And this also influences the training materials. A CPR dummy, for example, when used for mouth-of-mouth practice will produce potentially contaminating sprays if the student is a carrier and will need to be thoroughly disinfected or dispose of and replace sensitive parts after each student uses it. Personal protective equipment, practices or rescue materials must also be reviewed and renewed. The time and cost necessary for this or the alternative of substantially increasing the number of devices to minimize breaks or have one per student will entail such a high cost that they can become unaffordable or raise the price of training for students at unaffordable levels.

But beware, not everything goes for remote training. We must not allow advertising and, which is certainly inadmissible, to accept an official acceptance for courses taught 100% online. Here again, appears the responsibility of the different Administrations in the regulation and monitoring of training in professional lifeguarding. There should be no doubt as to how it should be reliably taught and verified and enforced that the guidelines are thoroughly followed.

And what is going to happen with the regulations that establish periodic deadlines for compulsory refreshing courses, when the Lifeguards cannot prove that they have carried out their periodic training because there has been no call to do so? Will the validity of the accreditations be extended, with the risk of not having professionals with their training duly updated? Will companies risk hiring them? At this point, only out of 18 Spanish regional governments have extended that deadline.

An ethical dilemma

If we look at the training figures for the past 10 years, we easily see that professional first aid is a declining occupation. Some of the possible reasons can be deduced from all of the above, in addition to job insecurity, lower wages, increasing undervaluation in public opinion and public officials of the lifeguard figure. Many of us agree for years on the analysis and diagnosis of the disease, but until now we have not been able to agree on the remedy.

I have the feeling that COVID-19 has put us in front of the mirror of our miseries and that what we see -although we were already aware of it- not only do we not like it, but perhaps for the first time we have been stirred by that consciousness that long ago seemed to have been drowsy. Now we cannot sin by omission nor by lukewarmness. I perceive it as both an ethical dilemma to be solved, and a personal need to promote what I have considered a moral obligation throughout my career as a lifesaver trainer. If I keep being it is because I firmly believe that my -our- obligation is to produce the best professionals and keep struggling for all of this.

It is time for the extensive Spanish and international network of personal contacts that have been gradually expanding in recent years through personal friendships, selfless collaborations, conferences and technical meetings and that gather many people (researchers, teachers, first responders, managers, businessmen, public officials, trade unionists, legislators, etc.) who share that deep conviction of the need for a profound and perhaps revolutionary change, speak with as a single voice and black over white the priorities that this crisis has brought out so starkly. We have to be able to put aside any circumstantial interest, focus on the essentials, and make our proposals heard and finally carried out.

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Ya está abierto el plazo de Pre-inscripción para los Cursos de Socorrismo, con los que obtendrás la certificación que te permitirá trabajar como “Socorrista en Piscinas e Instalaciones Acuáticas”.

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CURSO CON PRE-INSCRIPCIÓN ABIERTA:

SEGOVIA, Mayo-2021 – CURSO «EN CUARENTENA» debido a las restricciones por Covid-19

 Abierta Pre-inscripción PROVISIONAL hasta 30/04/2021.

– Matrícula definitiva PROVISIONAL: 03 al 08 de Mayo

Fecha de inicio PROVISIONAL: 14 de Mayo 2021

Lugar (por confirmar):
– Clases teóricas en Aula: Centro Cívico de San José.
– Prácticas en la Piscina de La Granja de San Ildefonso.
Importe: 395,00 €

Calendario provisional de clases (se confirmará):

– Viernes tarde de 19h a 20h
– Sábados: Mañana 9h a 14h y tarde de 16h a 20h
– Domingo: Mañana de 11h a 14h. Tardes de 16.30h a 20.30h

Puedes consultar los horarios de transporte público Segovia-La Granja en éste enlace.

PRE-INSCRIPCIÓN Y RESERVA DE PLAZA (abierta hasta plano de MAtricula definitiva)

Los interesados pueden efectuar Pre-inscripción a través del FORMULARIO DE MATRÍCULA (al pie de esta entrada) hasta la fecha indicada o enviando rellena la Hoja de Matrícula al correo electrónico: secretaria@sossegovia.com .

Todas las Pre-inscripciones se confirmarán por correo electrónico.

Desde el día 03 de Mayo, podrás realizar la MATRICULA DEFINITIVA, realizando el pago de la inscripción, confirmaremos la fecha de inicio y horario a partir de ese día.

 MATRICULA DEFINITIVA

El grupo mínimo para la celebración del curso es de 15 alumnos. Anima a tus amigos y amigas a inscribirse y participar en una experiencia única que te abrirá y ampliará las puertas del mercado laboral.
A todos los interesados que hayan efectuado Pre-inscripción, se les comunicará oportunamente el horario y fechas definitivas del Curso. Una vez confirmada la realización del Curso y el horario definitivo, deberán hacer la Matrícula Definitiva en las fechas que se informarán, realizando el pago de la Cuota de Matrícula y presentando la documentación que abajo se relaciona.

Recogida de Pre-Inscripciones y Entrega de Documentación de Matrícula: A través del correo electrónico: secretaria@sossegovia.com o personalmente en el Área de Deportes de la Diputación Provincial de Segovia, C/ La Plata, 32 – Segovia. Tel. 921.42.87.78 ( de 8.30 a 14.30 horas).

Importe: 395,00 €

PROMOCIÓN ESPECIAL: Si el grupo supera las 15 personas, el precio del curso tendrá una bonificación de 20€.

Forma de Pago: Mediante transferencia o ingreso bancario en BBVA en el IBAN: ES5001823921660201588614.

Información general de los cursos (requisitos, etc)

Requisitos de Edad:

– Preferencia a mayores de 18 años. Si no se cubre el número máximo de 25 plazas, se admitirán alumnos con 16 años cumplidos antes del inicio del curso, siempre que acrediten los requisitos académicos (ESO) y aporten autorización paterna por escrito para la realización del curso.

Requisitos Académicos:

– Haber superado la Enseñanza Secundaria Obligatoria (E.S.O.), titulación académica equivalente o superior, antes de la fecha de finalización del curso, con justificación documental.

DOCUMENTACIÓN EN PAPEL a aportar para la Matrícula definitiva, a partir de las fechas indicadas para cada curso:

Hoja de matrícula correctamente cumplimentada y firmada.

– 2 Fotocopias del D.N.I. por ambas caras.

– 2 Fotocopias de la titulación académica.

– 1 fotografía tamaño carnet, con el nombre en el dorso.

– Copia del resguardo bancario con el ingreso.

– Documento de aceptación de las Normas del Curso que incluye la Declaración Jurada de estado de Salud (Para más información y descarga de impresos de matrícula consulta: Información y Documentos. o recoger a la entrega de la documentación, y entregar antes del comienzo de las clases prácticas).

– Autorización paterna para los menores de 18 años (con la entrega de la Documentación o al inicio del Curso, y entregar antes del comienzo del curso).

Lugar para realizar el pago de la matrícula:

Mediante transferencia o ingreso bancario en BBVA en el IBAN: ES5001823921660201588614. citando siempre el nombre del alumno. (Si el curso no se llevase a cabo se devolverá el importe de la matrícula)

Asistencia:

Se ha de asistir obligatoriamente al 90% de las horas totales del curso y a su vez al 90% de las horas lectivas de cada asignatura. Determinadas clases teóricas y/o prácticas son de asistencia obligatoria, por lo que rogamos que antes de inscribirse en el curso comprueben la disponibilidad para cumplir los requisitos de asistencia.

INFORMACION IMPORTANTE:

  • La certificación de la formación en Socorrismo Profesional impartida por la Escuela Segoviana de Socorrismo es «formación no reglada y con carácter no oficial», al igual que el resto de las acciones de formación en Socorrismo no adscritas a formación de carácter no académica que imparten empresas, entidades privadas y las federaciones deportivas de socorrismo.
  • Todas las certificaciones de «formación no reglada» tienen la misma validez en el ámbito laboral, no habiendo ninguna certificación que tenga «una mayor validez ni oficialidad», aparte del prestigio o consideración que cada entidad pueda tener en el mercado laboral.
  • Esta certificación cumple los requisitos para ejercer profesionalmente como Socorrista Acuático en Piscinas e Instalaciones Acuáticas en Castilla y León.
  • Con esta formación, los Socorristas pueden acceder a los trámites de homologación e inscripción en el registro profesional de Socorristas de la Comunidad de Madrid.
  • Es válida para trabajar en las comunidades autónomas en las que se admite la formación no reglada para el ejercicio profesional del Socorrismo y es computable en aquellas comunidades con procesos de acreditación propios (Galicia, Cataluña, etc.), así como para los procesos de obtención del Certificado de Profesionalidad en Socorrismo Acuático.

FORMULARIO DE PRE-MATRICULA PARA CURSOS DE SOCORRISMO 

Algunos mitos sobre el Ahogamiento.

Mario Vittone, experto en rescate acuático, escribió en 2006 un artículo: «El que se ahoga no parece ahogarse» en su blog personal que se ha convertido en uno de los artículos sobre ahogamiento más leídos y reproducidos en innumerables medios, páginas y blogs. Hace poco se volvió a publicar en Soundings, lo mencionó el Washington Post y en apenas una semana superó 700.000 menciones en Facebook.

Hace unos días publicó una interesante reflexión que, por su interés, hemos traducido y adaptado. 

Mario Vittone

Es como si un grupo completamente nuevo de personas aprendiera algo que no sabían. Se había reventado un mito (y uno peligroso, además) y tenían que contárselo a sus amigos. En las respuestas a la publicación «El que se ahoga no parece ahogarse«, mezcladas con «pues no lo sabía» o «hay que leerlo«, había otras dos ideas erróneas acerca del ahogamiento que todos deberíamos saber, así que si no has leído el artículo anterior, te recomiendo que lo hagas primero y luego vuelvas aquí para aprender otras dos cosas importantes.

Mito 1: El «Ahogamiento Seco» (Dry Drowning): Respuesta: NO EXISTE

Casi todas las semanas y más cuando se aproxima el verano, recibo un mensaje, un correo electrónico o un comentario en una publicación donde que me piden que analice el «Ahogamiento Seco» («Dry Drowning» en inglés). Este mensaje se propaga en las redes sociales, principalmente porque es -comprensiblemente- aterrador para los padres. La idea de que su hijo pueda ir a nadar, tragar o ahogarse con un poco de agua, y luego ir a su casa y morirse mientras duerme es aterrador. Pero no es cierto.

Una muerte por las posibles complicaciones de un incidente acuático no ocurre de esa manera. Y cuando sucede es extremadamente rara, presenta síntomas persistentes durante horas, antes de que el peligro sea real, y no es en realidad un ahogamiento. «Ahogamiento seco» y «ahogamiento secundario» no son términos médicos y no son peligros reales sobre los que merezca la pena preocuparse. El líquido en los pulmones es algo malo, puede causar neumonitis, una inflamación no infecciosa del tejido pulmonar, provocada por los efectos irritantes de algo extraño en los pulmones, pero esto puede ocurrir al aspirar agua sucia mientras nadamos (cuando damos un «tragón» siempre hay una pequeña aspiración de líquido) o si te atragantas con la leche del desayuno porque te estás riendo, por ejemplo, (¿esto sería un «ahogamiento de leche«?. Absurdo, ¿no?).

Qué hay que buscar?. Si su hijo, o cualquier otra persona, sale del agua y tiene cualquier síntoma más allá de lo que se puede experimentar después de que algo «vaya por el camino equivocado» (tos momentánea y alguna molestia leve que desaparece a los pocos minutos), entonces debe estar alerta. Si hay una tos fuerte y persistente que no se detiene después de unos minutos, debe revisarlo un médico. Normalmente, estos pacientes se dejan en observación de cuatro a seis horas por precaución y son enviados a casa sin más problemas. Si tu hijo o cualquier otro tose durante unos minutos después de salir de la piscina y luego se comporta de manera normal y al rato te pide la merienda, significa que está bien. No tienes que llamar al 112, ni preocuparte por nada más.

Si quieres aprender más sobre este tema, te recomiendo que leas éste artículo científico.

Mito 2: Si alguien se ahoga: Háblale, Avisa, Alcanza, Tira, Rema, No intentes un Rescate a menos que estés entrenado. Respuesta: Quizás sí, o quizás no.

«Una persona que se está ahogando se subirá encima de ti para respirar y te ahogará si te acercas a ella«, afirma alguien cada vez que se plantea la cuestión del rescate de una persona que se está ahogando. Podría ser algo así, pero en realidad no lo es.

Una persona no entrenada que realiza un rescate puede fallecer en el intento, pero aunque no estoy descartando ese peligro, es absurdo tratar a todos los que no son Socorristas como alguien que morirá en el intento de rescatar a un niño de 4 años. Todas las personas con problemas en el agua o que luchan por no ahogarse, están buscando lo mismo: mantener sus vías aéreas (boca y nariz) sobre el agua sin esfuerzo; quieren estar de pie en el fondo o apoyados por algún tipo de flotación para poder respirar. Una vez que tienen ese apoyo, ya no representan ningún peligro si pueden mantenerse de esa manera. Lo que los Socorristas están capacitados y entrenados para hacer es entrar al agua y ayudar a las víctimas que se ahogan para que puedan respirar fácilmente y han de ser lo suficientemente fuertes físicamente como para hacer el rescate y llevarles a un lugar seguro.

Alcanzar con la mano o mediante un palo u otro objeto alargado a alguien que se está ahogando desde una posición segura es mejor que tirarle algo flotante para que se agarre. Y arrojarle algo flotante para que se agarre es mejor que emplear tiempo remando en una embarcación para alcanzarle y hacerlo. Pero aquí está la dura verdad: si alcanzar, arrojar o remar no es una opción y alguien no va a buscarlo, se ahogará. Si se llama al 112 y no se hace nada más, lo que estamos haciendo en realidad es pedir que recuperen un cadáver. Y dado que la mayoría de nosotros no podremos estar parados viendo esta situación sin hacer nada, la manera en que se puede «ir» de manera segura, aunque no estés entrenado, es llevando consigo un elemento flotante y proporcionar flotación a la víctima para que pueda respirar, y a ti mismo para manteneros a flote.

He visto a una persona en una piscina pública saltar a la parte más profunda con el cojín de una tumbona y salvar a una víctima. (el cojín tenía aproximadamente 40Lb de flotación, un chaleco salvavidas estándar tiene 17Lb), y mantuvo a ambos a flote hasta que llegó el Socorrista (que estaba con el móvil y no vio nada). En una playa de Florida, una madre salvó a su hijo nadando con una botella grande y poniéndola entre ambos a modo de flotador mientras se impulsaban con los pies hasta la orilla.

Si no hay nadie más cerca y no eres Socorrista, pero tienes un chaleco salvavidas, puedes agarrar al otro con suficiente flotación para que tanto tu como la víctima podáis respirar y así detener el proceso de ahogamiento. Siempre que seas un buen nadador y estés en buena forma, puedes ir a ayudar teniendo conciencia del riesgo que corres. Y no te olvides de que tu u otra persona debe alertar inmediatamente al 112 o a los servicios de Socorrismo, para que ambos podáis recibir ayuda para salir del agua.

Hay demasiados «qué pasaría si...» para decir cómo hay que manejar cada posible escenario de ahogamiento, pero no debemos sentirnos completamente indefensos simplemente porque no seamos un profesional del rescate. Por supuesto, existe un importante riesgo en el hecho de intentar un rescate (lo hay para el Socorrista, así que todavía más para el no entrenado), y lo primero debe ser siempre la propia vida, pero permanecer de pie en la playa, en el bote o en el borde de la piscina durante un ahogamiento y esperar que alguien llegue a tiempo no es una estrategia.

Versión española y adaptación por Luis Miguel Pascual del artículo original de Mario Vittone en Soundings

Foro de Debate: Plan Nacional de Prevención de Ahogamientos y Socorrismo Profesional – Segovia, 25/26 Noviembre 2017

Fechas de celebración: Segovia, 25 y 26 de Noviembre de 2107

Descarga el programa definitivo

Formulario para inscripciones

 

Encuestas previas para los grupos de trabajo

Participa en las encuestas previas aportando tus experiencias, necesidades y opiniones, para que sean recogidas por los grupos de trabajo e incluidas en los debates.

Tu opinión es importante para conocer las necesidades y realidades.

Encuesta de Gestión de Servicios Socorrismo en Playas

Presentación.

El ahogamiento en España es un importante problema de salud pública. Y no es sólo porque cause casi medio centenar de fallecimientos al año, sino porque se sigue produciendo una cifra de fallecidos de tamaña magnitud, a pesar de todos los esfuerzos de los operativos de Socorrismo. Los equipos de Socorrismo de las playas españolas realizan anualmente entre 6.000 y 10.000 intervenciones, asistencias y rescates en situaciones de ahogamiento real o potencial, y eso sin contar un número igual o superior de acciones preventivas que evitan que esas situaciones se produzcan. Todo esto supone que otras tantas víctimas potenciales se salvan de engrosar las cifras de una estadística que, no existe en España de manera oficial.

Lamentablemente, no hay una estrategia de ámbito nacional, ni siquiera autonómico, que implemente acciones eficaces de prevención y de intervención ante el Ahogamiento, salvo que tengamos en cuenta los tibios mensajes de aviso que repiten rutinariamente cada verano los organismos oficiales.Sin duda el ocio acuático ha experimentado un significativo incremento, tanto por la asistencia a playas y zonas de baño naturales, como por la proliferación de instalaciones, piscinas y parques acuáticos. Hoy es ya común que pueblos, urbanizaciones y establecimientos hoteleros dispongan de una instalación acuática de mayor o menor entidad y que haya presencia de servicios de Socorrismo en la mayoría de las playas más turísticas. En un país como España con más de 68 millones de visitantes en 2015, el que un importante porcentaje de los implicados en un Ahogamiento sean extranjeros no nos deja en buen lugar. Y mucho menos si consideramos que estando situada en el primer lugar del mundo en el turismo, y particularmente en el de sol y playa, España debería ser también la número uno mundial en cuanto a la calidad y eficacia de los operativos de Socorrismo y la referencia a seguir en este aspecto para todo el mundo. Por desgracia, nada más alejado de la realidad.

Las empresas que gestionan servicios de Socorrismo nacen como respuesta a una doble necesidad: la tendencia a la privatización de la gestión de determinadas áreas que antes se gestionaban desde las distintas administraciones públicas y la demanda de esos mismos servicios especializados por parte de particulares, colectivos o empresas que integran instalaciones acuáticas como parte de su oferta de negocio. Como una respuesta a estas demandas, muchas empresas nacieron desde propio sector iniciadas por Socorristas interesados en convertir la gestión del Socorrismo en una actividad empresarial más allá de la propia profesión y ofreciendo, además, formación adaptada a las demandas laborales o las carencias que detectaban. Y también se incorporan empresas de otros sectores que encuentran en la gestión de servicios de Socorrismo una oportunidad más de ampliar su espectro de negocio. Sin embargo, ni la regulación administrativa, ni la formación de los Socorristas han ido paralelas a esta evolución, así como tampoco las facetas empresariales, laborales o de gestión.

Los altibajos de la actividad económica, la diversidad, cuando no disparidad, de la normativa, la incertidumbre empresarial y el recorte generalizado de los presupuestos privados y públicos de todas las administraciones, pero especialmente en las locales, que son quienes mayoritariamente exteriorizan determinados servicios, han creado una situación cada vez más caótica en dónde las empresas tienen que luchar cada día por mantenerse a flote y, lo que es peor, a veces con métodos discutibles o poco éticos.

La perspectiva del propio Socorrista Profesional como trabajador tampoco es halagüeña. Sometido a normativas ambiguas, cambiantes o demasiado estrictas; costes y requisitos de formación crecientes; forzado a aceptar una creciente precariedad laboral; empleado en trabajos nada estimulantes en piscinas de urbanizaciones; en situaciones estresantes en playas abarrotadas; enfrentado a la incomprensión o incluso animadversión de los usuarios; realizando rescates con bandera roja y con sueldos menguantes, el interés por formarse o seguir siendo Socorrista está en clara caída libre desde hace 10 años.


Este Foro pretende abrir un debate en torno a todos estos problemas que hoy tiene el sector, iniciando un espacio de intercambio y diálogo entre todas las partes implicadas que permita que desde el Sector se debatan, propongan e inicien las vías de solución, e intervenir activamente en los procesos de regulación que están en marcha o se avecinan. El programa contempla, por tanto, espacios abiertos a tratar los diferentes aspectos, orientados desde la presentación de los temas sobre los que iniciar un debate y hallar conclusiones.

A quién está dirigido

Este Seminario tiene interés para un amplio espectro de profesionales, empresas, administraciones y personas:

– Socorristas y Técnicos en Salvamento Acuático Profesional.
– Empresas de gestión de servicios de socorrismo en instalaciones acuáticas, clubes deportivos, playas y parques acuáticos.
– Organizaciones empresariales y Sindicatos de trabajadores.
– Legisladores, Representantes Políticos, Técnicos y Responsables de Administraciones Públicas en temas de Turismo, Playas, Seguridad Ciudadana, Protección Civil y Sanidad en instalaciones acuáticas y zonas naturales de ocio acuático.
– Docentes, Formadores, Investigadores, Profesionales y Técnicos de Socorrismo Profesional.
– Profesionales Sanitarios y de Emergencia.
– Diseñadores y Fabricantes de Productos de Seguridad y Rescate Acuático.

Horario Provisional
– Sábado 25 de Noviembre: de 9.30 a 14 y de 16 a 20.30 horas
– Domingo 26 de Noviembre de 9.00 a 14.00 horas

Inscripciones
– A través del formulario Web
– Las plazas son limitadas, se respetará el orden de inscripción.

Cuota del Seminario
– Asistencia individual: 25 Euros
– Bono Empresas de Socorrismo Profesional: (2 asistentes) 40 Euros, cada asistente adicional: 15 Euros)
Incluye: Asistencia, documentación y coffee breaks.

Forma de Pago
– Transferencia Bancaria, indicando el nombre del asistente o del grupo: Bankia: IBAN: ES88 2038 7597 5960 0032 2560.

Alojamiento*
Cada asistente debe gestionar su alojamiento y manutención.
Información sobre alojamientos en Segovia: Tel: 921466721
http://www.turismodesegovia.com/es/central-de-reservas

Comidas*
– Habrá menús concertados para los asistentes para comida y cena del sábado y comida del Domingo*.
*Imprescindible confirmar antes del lunes 20 de Noviembre.